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Mario Méndez: "La escuela  tomó la bandera de la lectura que la familia y la sociedad dejaron caer"

Mario Méndez se ha desempeñado como maestro de grado y actualmente es profesor de la carrera de Edición en la Universidad de Buenos Aires, tiene su propia editorial –"Amauta"– y es un reconocido autor de literatura infantil y juvenil de nuestro país.

El pasado jueves 30 de mayo realizó una visita al Instituto “Malvina Seguí de Clavarino” con motivo de brindar una charla para los estudiantes de segundo y tercer año de la Educación Secundaria, que leyeron dos de sus obras, y una capacitación para docentes y estudiantes de profesorados sobre la literatura para jóvenes.

- ¿Qué significa tener contacto directo con sus lectores y poder realizar un intercambio?

Mario Méndez:- Muy bien. En general los encuentros con los lectores son muy gratos y, además, me gustan cuando son con chicos más grandes, ya que con los más chiquitos, aunque me llevo bien, las entrevistas suelen ser más acotadas porque no aguantan tanto rato y también son muchísimo menos profundas, como es lógico.

- ¿Cómo llegó a ser escritor?

- Y... es un largo camino que empieza y se mantiene en la lectura. Nadie escribe sin ser lector. Al principio yo escribía para adultos. Era un muchacho de veintipico de años que escribía para mis amigos, gente de la misma edad. Pero soy maestro de grado y empecé a ejercer esa profesión, que me dio la posibilidad de conocer al posible público lector. Fue ahí cuando tuve contacto con los chicos, que antes no tenía y, además, aún no tenía hijos. Y bueno... escribí una novela que me pareció que podía ser publicable y la llevé a la editorial El Quirquincho, así empezó todo, hace ya más de veinte años.

- Una cuestión para destacar es que usted participa en las tres instancias de producción de una obra: en primer lugar, se desempeña como escritor; en segundo lugar, también conoce el mundo de la edición donde se analiza la viabilidad en la publicación; y por último, su rol de educador lo ha acercado al ámbito en el que se leen sus obras... ¿Todo esto actúa como un condicionante al momento de escribir?

- No, para nada. Considero que estar de los “tres lados del mostrador” me favorece. El ser docente (antes ejercí como maestro de grado muchos años y ahora soy profesor en la facultad) más el ser editor de una pequeña editorial me permite conocer más o menos el mercado. El ser escritor es lo que más me gusta hacer; así que, en definitiva, las tres cosas me ayudan en el proceso.

- A partir de su experiencia como escritor de obras destinadas a distintas edades, ¿qué diferencias encuentra entre escribir para un público adulto y uno infantil o juvenil? ¿Le resulta más difícil el proceso de escritura para alguno de los dos públicos en particular?

- Hoy me resulta más difícil escribir para adultos, pero no creo que en general sea una tarea más difícil. Sé de autores exitosos que escriben para un público adulto y te dicen que no pretenden escribir para chicos porque les resulta sumamente dificultoso; otros lo intentan porque el libro para niños “sale”, se vende... pero algunos de ellos fracasan porque escribir para chicos no es poner diminutivos ni achicar las cosas.... Yo llevo veinte años escribiendo para niños y hoy me cuesta escribir para adultos por una cuestión de costumbre.

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- ¿Qué lugar cree que ocupa la educación literaria en la escuela actual?

- El lugar que ocupa es importantísimo. Debería ser mayor, pero ha crecido mucho desde que yo estudié en el magisterio, donde la literatura ocupaba un lugar pequeño y la literatura infantil un espacio aún más pequeño, hasta hoy que los profesorados cuentan con un área específica para la literatura infantil y juvenil en la formación. Creo que la escuela tomó la bandera de la lectura que la familia y la sociedad en general dejaron caer... Me parece que es acá, en la escuela, donde resiste la lectura.

- ¿Qué consejo le daría al docente en tanto “mediador” de la lectura en el aula?

- Dentro de un rato, cuando dé la charla, voy a empezar diciendo una cosa que debería considerarse una obviedad, que es que el de docentes es un oficio de lectores. Yo creo que se puede ser docente sin ser aficionado a la lectura... La verdad es que no voy a ser tan fundamentalista. Se puede dar clases sin ser lector, pero no estoy seguro de que se puedan dar muy buenas clases.

- ¿Cuál es la finalidad de la literatura infantil? ¿Debe dejar un mensaje o enseñanza?

- No, la enseñanza y la moraleja están perdidas. Si los chicos o los docentes encuentran algo que tenga sabor a enseñanza o moraleja yo no lo voy a quitar del medio, pero me parece que no es eso. Es el placer de leer, es la posibilidad de abrirse a nuevas lecturas futuras, es la discusión, el intercambio... Terminamos obligando a los chicos a creer que siempre la literatura tiene que dejar una enseñanza y ellos quedan completamente imbuidos en eso y después me preguntan “¿Usted qué quiso decir? ¿Qué enseñanza nos quiere dejar?” y no se trata de eso.

- En una de las charlas que usted dio a la mañana, una estudiante le preguntó por qué intercala distintas historias en los capítulos de su libro y usted le respondió que era porque la literatura infantil y juvenil era la puerta de acceso al resto de la literatura, ¿podría ampliar esa idea?

- Exacto, especialmente la juvenil. La literatura infantil los construye como lectores y la juvenil los inicia en lecturas que son cada vez más complejas. Entonces, me parece que es válido que uno no les dé un relato totalmente lineal y sin complicaciones, sino que les pueda dar la posibilidad de leer algo más complejo que los ayude para abordar otro tipo de historias a futuro.

- Respecto a su rol como editor, ¿es lector de las obras literarias que llegan a la editorial? ¿Cuáles son los criterios que entran en juego al momento de la selección de lo que se va a publicar?

- Hoy, desgraciadamente, publicamos muy poco debido a la crisis económica. El año pasado publicamos un solo libro y hasta ahora ha sido el último. La editorial es solo de dos personas, mía y de Jorge Grubissich, y no contamos con otras personas que puedan hacer trabajos de corrección o informes de lectura, todo lo hacemos nosotros.

El criterio es, por un lado, el gusto: si me gusta a mí y si yo creo que le puede llegar a gustar a los adolescentes y niños, lectores que conozco, apuesto a que puede funcionar. Por supuesto que a veces me equivoco y otras veces acierto, es un asunto difícil saber cuándo un libro va a funcionar o no. En las editoriales grandes la mayoría de los libros funciona porque tienen la posibilidad de realizar un enorme trabajo de promoción.

- ¿Qué opina acerca de la afirmación de que los jóvenes leen cada vez menos?

- Eso es mentira... en todo caso los que leen cada vez menos son los adultos y no los jóvenes. Me parece que no hay por qué salir a competir con la play, con internet o con el celular. Hoy los jóvenes leen de otra manera, tienen otros intereses y una capacidad múltiple de estar conectados con varias cosas. A los grandes nos cuesta entender esto, pero hay que acomodarse porque es otra modalidad. Realmente una de las pruebas de que los jóvenes leen más que los adultos está en la Feria del Libro. Ahí vos ves que el fenómeno de lectura está mucho más extendido en los jóvenes, con todo el auge de los booktubersy escritores que publican digitalmente.

- ¿Considera que el avance masivo del mundo digital causará la desaparición del libro en formato físico?

- Sí, pero eso no es un problema porque va a seguir siendo un libro. Considero que si la lectura digital nos resulta más cómoda va a terminar triunfando. Hoy vos cuando estudiás no vas a buscar información en libracos, te metés en google y encontrás desde la definición de una palabra hasta lo que antes te lo contaba un atlas o un diccionario específico. En este tipo de libros ya triunfó el libro digital y no hay vuelta atrás... ¿Por qué vas a tomar un libro que pesa un montón y que generalmente está desactualizado si podés encontrar la información en un instante desde la computadora?

En cambio, la literatura ha resistido y aún más la literatura infantil, ya que los chicos siguen comprando el libro. Pero la verdad es que, en definitiva, el soporte de la lectura no importa, lo que tiene que perdurar es la lectura.

- ¿Por qué recomienda leer literatura? ¿Qué palabras utilizaría para convencer a alguien que no lee?

- Yo iría por lado más sencillo y es que leer está buenísimo. Le diría a un adolescente que no lee: “leer es como comer un helado o ir a la playa... es muy interesante, date la oportunidad. Hay algo que te está esperando”. No le diría “leyendo vas a aprender un montón de cosas” o “vas a mejorar tu ortografía” que sí es algo que va a pasar, porque estoy convencido de que a través de la lectura uno puede aprender un montón, pero no creo que sea un argumento convincente para ellos. Y creo, además, que la función del docente es contagiar. El gusto por la lectura se contagia. Los chicos imitan en la casa y en el colegio muchas de las conductas de los grandes. Entonces, en una casa donde se les ha leído desde chiquitos, donde hay libros y ven a los padres leyendo es muy probable, pero no infalible, que el chico lea. En el caso de la escuela, los estudiantes distinguen a aquellos docentes que proponen horas de lectura y que demuestran entusiasmo y emoción en la lectura. Es una actitud que ellos perciben y les llega de una forma distinta a la de otros profesores que, en cambio, no logran transmitir interés por lo que se lee o eligen obras que desconocen y ponen horas de lectura porque “queda bien”.

- Para concluir ¿qué palabras podría dedicar a los docentes?

- A los docentes lo primero que les digo siempre, quizás porque yo también lo soy, es gracias. Si hay una razón fuerte para que yo pueda vivir de la literatura y, además, para que la literatura infantil y juvenil sea fuerte, resista las crisis y crezca es por el trabajo de los docentes, que son, entre otras cuestiones, muy criticados. Pero, en definitiva, es por la escuela que la literatura infantil sigue siendo fuerte.

*La presente entrevista fue realizada por María Agostina Aguilar, trabajo hecho en el marco de la materia Literatura Infantil y Juvenil, a cargo de la profesora Rocío Sánchez, que se dicta en el Profesorado de Educación Secundaria en Lengua y Literatura del Instituto “Sedes Sapientiae”.

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