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Marta Lescano: "Gracias a Gilda tengo mi casa y un techo para mis dos hijas"

Se cumplieron 25 años de aquel trágico 7 de septiembre de 1996 en que Miriam "Gilda" Bianchi perdió su vida junto a su hija de 15 años, su madre, tres músicos y el chofer del micro. El mito alrededor suyo fue creciendo a pasos agigantados, al punto de atribuirle milagros y ayudas sobrenaturales. Sus fans la recuerdan cada día.

Por Mónica Farabello

La fe es tan inmensa como inexplicable; lo cierto es que muchas veces ordena y da sentido a la vida cotidiana; y hasta nos sirve como un bálsamo para salir adelante en momentos difíciles.

Marta Lescano es una de las fans más reconocidas de Gilda en todo Entre Ríos. Conoció a la cantante tropical dos meses antes de su fallecimiento, y su vida nunca más fue igual.

El pasado 7 de septiembre se cumplieron 25 años de la muerte de Gilda, quien perdió su vida en un terrible accidente en el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12. Ella junto a su hija, su madre, su marido y sus músicos, viajaban rumbo a Chajarí, pero lamentablemente, nunca llegaron.

Gilda, o Miriam Bianchi como se llama en realidad tenía 34 años, era oriunda de Villa Devoto y era maestra jardinera; pero la música y el arte siempre fueron parte de su vida.

Su popularidad masiva llegó tras su fallecimiento, y a la par, comenzó a construirse un mito: el de la Santa Gilda.

ElDía conversó con Marta Lescano, quien vive en Paraná y aseguró que todos los años viaja hasta el santuario de su ídola para rendirle homenaje y agradecerle el milagro que realizó en su vida.

Marta vivía con sus dos hijas de 13 y 5 años. Su situación económica era realmente apremiante; las deudas crecían y el contrato de alquiler estaba a punto de vencer.

Desahuciada y con mucha fe, Marta le rezó a Gilda y le pidió con todas sus fuerzas que le envíe un techo, “aunque sea un rancho, pero un lugar donde poder vivir y criar a mis hijas”.

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Los deseos de Marta eran concretos y sin demasiadas ambiciones. No quería lujos ni nada del otro mundo: sólo un lugar donde vivir dignamente.

Pasaron 15 días y la mujer recibió una notificación inesperada: una tía fallecida le heredaba una importante suma de dinero, que obviamente, iría destinada a la compra de una nueva vivienda.

Para Marta, todo fue obra de Gilda, su magnética cantante, esa por la que todos se daban vuelta apenas subía al escenario, la de la mirada más linda, y la de la voz más dulce.

La fe y el amor no se explican, como tantas otras cosas. Marta recuerda ese hito en su vida y resalta que “son muchas las personas que cuentan estas historias. Hasta conocí a personas que estuvieron en terapia intensiva, luchando por su vida y cuando empezaron a escuchar la música de Gilda con auriculares comenzar a salir adelante, hasta sanarse”.

Un santuario incomparable

A unos metros del lugar del accidente, los fans de la cantante de música tropical realizaron un santuario. El lugar está colmado de fotos, estampitas, guirnaldas, y hasta obsequios como pulseras, rosarios, banderas, vestidos de novia y muchas, pero muchas flores de colores.

Cada 7 de septiembre, los fans se reúnen en el lugar para recordar a su ídola. Se realizan fogones, y hasta se suman los Bomberos de Ceibas con un toque se sirenas.

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Una de las historias más populares de los “milagros de Gilda”, fue la que se reflejó en la película protagonizada por la actriz y cantante Natalia Oreiro, donde muestran que dos años antes de la tragedia, entre el público que la escuchaba durante un show había una nena llorando. Gilda la buscó, se acercó y la niña le contó que su mamá había estado al borde de la muerte, y que se había salvado por escuchar sus canciones.

Las historias son infinitas y se seguirán sumando con el paso de los años, mientras el mito se agiganta y los santos populares van tomando más y más espacio en la vida de sus seguidores.

“No es mi despedida”, cantó Gilda… y ¡Cuánta razón tenía!

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