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Matías Márquez: "No es posible que el insumo sea más caro que el producto"

El cabañero ovino de Irazusta trabaja la raza Hampshire Down en una superficie de apenas 8 hectáreas. Levantó con sus propias manos una cabaña que el año pasado vendió ejemplares a Brasil. En los últimos dos años obtuvo una serie de premios en la Rural de Palermo.

Fabián Miró

A pocos metros de la entrada al pueblo rural de Irazusta se encuentra la Cabaña “Don Alberto” de la familia Márquez que se dedica a la cría de la raza Hampshire Down. Matías- su propietario- nos recibió junto a su esposa Erika Covello y sus dos pequeños hijos.

El cabañero y productor hizo un alto para hablar con ElDía sobre cómo es trabajar en una pequeña explotación, participar en las principales exposiciones del país y vender genética a Brasil. También de los costos que demanda una cabaña, el valor de los insumos y lo que percibe en cada venta.

Señaló que el 2019 fue un año positivo y que “si bien en la exposición de Palermo no obtuve la misma cantidad de premios que en la edición 2018, pero la venta de genética a Brasil y a cabañas importantes del país y el inicio de una serie de proyectos que seguramente consolidaremos en este año, nos lleva a decir que el año pasado fue el mejor de los últimos tiempos”.

La Cabaña

Márquez resaltó que todo lo que “hace es a fuerza de brazo y corazón, empezando por las ocho hectáreas que son naturales, un sistema silvo pastoril, pasando en limpio sin mejoras, porque siempre está cargado con animales. Y si achico un potrero para hacer una pastura, tengo que suplementar y esto significa mayores costos que no estoy en condiciones de afrontar”. Agregó que con el “correr de los años encontré la manera de desarrollar un manejo eficaz”.

Recordó que se inició en la actividad- año 1999- con unas “pocas ovejas y la ilusión de llegar a Palermo y otras exposiciones, logros que alcanzamos con mi familia, luego de atravesar el 2001, la devaluación, un quebranto económico que me obligó a trabajar fuera de mi casa, sin descuidar la cabaña, hasta el año 2007. Durante todo ese tiempo mantuve el emprendimiento con mucho esfuerzo”.

La Cabaña sufrió un duro golpe en el 2018. “Un ataque de perros cimarrones terminó con 30 ovejas, razón por la que el año pasado dejamos 16 borregas para reponer lo que perdimos por el mencionado ataque. Dejar 16 animales sin vender es un número importante para nuestra economía, pero lo pudimos aguantar y seguir adelante”.

La idea para este 2020, es la de “dejar algunas borregas más y conformar el plantel que supimos tener y dos padres que trabajan con 30 hembras cada uno”.

En materia de mejoras, señaló que con un crédito de la ley ovina está renovando las instalaciones de la cabaña y los corrales. El mismo productor se encarga de las tareas. “Todos los alambres perimetrales, postes, el galpón y las nuevas mangas las levante con mis propias manos y la ayuda que me puede brindar la familia”. Contó que adquirió un volcador para trabajar más aliviado con los animales que “tiempos de exposición llegan a pesar 100 kilos y maniobrarlos a fuerza de brazo se hace difícil”. Agregó que trata de “simplificar la tarea con pasillos y mangas para un mejor manejo de los ejemplares”.

Sobre la carga animal, señaló que está por “debajo de las diez madres por hectáreas, cuando en tiempos de exposiciones he llegado a tener 130 animales en la suma de la borregada que se vende a partir de los diez meses y los corderos que nacen en junio y julio, pasando en limpio dos tandas de hijos”.

Una de las características de la cabaña es la “rusticidad de sus ejemplares que viven a campo natural todo el año, y la gente que compra un borrego se lleve un animal a campo y no uno alimentado a corral”.

Expresó que es difícil trabajar en un país con poca previsibilidad y que en su caso tiene que vivir de lo que “vendo en los meses de exposiciones y algunos negocios que se pueden dar hasta el año siguiente”. Acotó que Argentina es una nación extraña, un país donde “la economía no se termina de entender. No es posible que el insumo sea más caro que el producto y es inconcebible que haya gente que viva del lomo del que produce y arriesga. Dejo el cuerpo trabajando todos los días, volcando animales, usando la pala, el pisón, todo a fuerza de brazo y voluntad, soportando los rigores del clima y los números no terminan de cerrar”.

Cerro diciendo que sigue en la producción ovina porque es “algo que me apasiona, y porque quiero legarle a mis hijos la cultura del trabajo, que lo que ganaste-poco o mucho- ha sido por tu esfuerzo y no porque te lo regalaron o te lo dieron a cambio de algo”.

Custodios

En la cabaña, mimetizados con la majada, se encuentran dos perros de Maremma, raza que “viven con las ovejas y custodian a las mismas, evitando que perros cimarrones ataquen a los animales. El macho- Raptor- es más territorial y recorre el perímetro del establecimiento, mientras que la hembra- Jana- cuida la majada. Viven con las ovejas y muchas veces es difícil divisar los canes porque tienen un pelaje blanco”, detalló Erika Covello, esposa de Matías y encargada de adiestrar a los animales.

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