DE ARGENTINA A DINAMARCA
Matías Schimpf, un gualeguaychuense descubriendo el mundo
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Hace casi cuatro años que vive en Copenhague, Dinamarca. Desde entonces, el joven viajero ha tenido la experiencia de conocer los más diversos lugares. Sus vivencias y miradas a 12.000 kilómetros de su casa, en Gualeguaychú.
Hay casi un consenso general de que los argentinos están en todas partes (o bien, de que no pasan desapercibidos). En tiempos en los que es cada vez más común –y en parte más fácil– salir al mundo en busca de oportunidades de trabajo y experiencias de vida, muchos jóvenes de nuestra ciudad se han animado a hacer su camino en otras latitudes. Es el caso de Matías Schimpf, un gualeguaychuense de 26 años que transita su cuarto año viviendo en Copenhague, Dinamarca. Lo interesante de su historia no sólo está en el destino poco frecuente en el que se estableció (al menos por el momento), sino también en cómo descubrió su espíritu viajero y la acumulación de experiencias que ya tiene de cada rincón del Viejo Continente y más allá.
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“Quería ir a Australia o Nueva Zelanda, ya estaba decidido. Estaba ahorrando para ese viaje y llegó la pandemia y pateó el tablero: se sabía que estos países iban a estar cerrados por lo menos durante un año y medio o dos. Ya tenía todo bastante armado, la decisión ya tomada y la plata para el viaje, así que dije ‘me quiero ir igual, no quiero seguir esperando’; la otra opción era irme a Europa”, contó Matías recordando los inicios de lo que sería su nueva forma de vida.
Y continuó: “En ese momento una de las primeras opciones fue España, por el idioma y la facilidad que creía que podría haber. Después tuve como opción a Suiza, estudié alemán un mes para irme a trabajar ahí; y cuando ya estaba con esa ‘decisión’ entre comillas, porque no estaba muy convencido, recordé que tenía un amigo en Copenhague, Dinamarca. Hicimos una videollamada y le dije que si él me convencía con lo que le preguntaba, y dependiendo de cómo viera esa opción, me iba para Copenhague; así arrancaba en un lugar donde tenía a un conocido, por lo menos”.
La vida en Dinamarca
En el Norte de Europa, Matías encontró una cultura, idioma y estilo de vida distintos. “La vida acá se podría decir que es tranquila, por momentos parece fácil porque es muy cómodo todo. Para ser una capital es una ciudad bastante chica, no tiene grandes distancias; es bastante silenciosa; moderna y antigua a la vez, por su arquitectura. La forma de vestir de la gente cuando uno recién llega también quizás llama un poco la atención”, describió. Además, explicó que allá se habla danés, el idioma nacional: una lengua nórdica con similitudes al inglés y el alemán. “Todos los (idiomas) nórdicos suenan parecidos y, sinceramente, es complicado: tiene como nueve vocales, su manera de pronunciar las letras y los sonidos es diferente a la nuestra, es raro. Pero bueno, también todos hablan inglés así que, quizás, con algunos conocimientos te podés manejar tranquilo. Me vine acá con un nivel de inglés muy bajo, pero de a poco lo he ido mejorando”.
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Más allá de la barrera idiomática y los desafíos personales que naturalmente tuvo que enfrentar al exponerse a nuevas experiencias, Matías consideró que no lo costó adaptarse. “Llegué acá con mis objetivos y mis lindas expectativas, pero a la vez resultaron muy superadas. Sinceramente cuesta imaginarse a lo que uno viene, a lo que uno se va a enfrentar y le va a tocar pasar”, reflexionó.
Ese sentido de lo inesperado y de los nuevos desafíos se puede ver en lo que ha sido su vida laboral en el extranjero. “Uno cuando se va de viaje hace muchas cosas y actividades a la vez, creo, o por lo menos esa es mi experiencia. La temporada pasada trabajé de jardinero en una empresa acá, con otro argentino. Y toda la temporada, desde que arrancó el verano hasta más o menos octubre, trabajé de jardinero en algunas casas y en complejos. La verdad que fue un lindo trabajo, lo disfruté mucho. A veces también trabajo para una empresa de instalación de aberturas de puertas, ventanas y marcos, y como extra también hago delivery en una moto eléctrica”, contó. Y agregó: “Ese tipo de trabajo está bueno por la flexibilidad que tiene, porque vos te manejas a través de una aplicación y en esa aplicación vos decidís cuándo trabajar y cuánto tiempo, en qué hora del día te conectás y te desconectás”.
Conociendo el mundo, de un país a la vez
La flexibilidad de sus trabajos y el poder adquisitivo de los salarios daneses le ha permitido a Matías viajar por todas partes. “Cuando miro para atrás hasta me sorprendo un poco, creo que nunca pensé viajar tanto”, manifestó. “Uno de los viajes que más me voló la cabeza, de los viajes más disfrutados e importantes que hice fue Islandia. Fue el primero que hice en una camper van, junto a ocho amigos. Estábamos los nueve en dos campers distintas, en un país y en un lugar muy raro, una isla en el medio de la nada. Hay muchos volcanes, lava seca por todos lados, no hay plantas, no hay árboles. Estuvimos caminando por arriba de un volcán activo que el año pasado volvió a erupcionar. También vimos auroras boreales, que fue lo mejor que he visto en mi vida hasta ahora; es algo increíble”, contó, mencionando también los enormes geyseres y glaciares islandeses que lo maravillaron. “Después de Islandia nos fuimos en ferry a las Islas Feroe y ahí estuvimos 4 o 5 días. También es un lugar muy particular”, agregó.
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Matías también valoró mucho la gran experiencia de viaje que pudo compartir junto a sus padres y hermana, que viajaron de Gualeguaychú a España para visitarlo: “Fueron a Barcelona, nos encontramos ahí, alquilamos una camper van en Málaga y fuimos subiendo todo por la costa: hicimos Málaga, Valencia, Barcelona, Alicante, después pasamos por la costa Brava, entramos por la costa de Francia, Marbella. Después estuvimos en Italia, Roma, Florencia, y nos fuimos a la Puglia. En Italia nos sentimos muy a gusto, son muy parecidos a nosotros, o nosotros somos muy parecidos a ellos”.
Y siguió: “Después seguimos subiendo hasta Venecia. De Venecia hicimos el viaje hasta Viena, Austria, y ahí dejamos la camper van. Yendo hacia Viena pasamos por el principio de los Alpes y es una ruta increíble, sinceramente la mejor ruta que he manejado en mi vida: los pueblitos que uno va pasando, las montañas gigantes, todo muy verde; la verdad que fue un viaje increíble. Y después de Viena nos vinimos a Copenhague. Estuvimos cinco o seis días conociendo ellos la ciudad, compartiendo un asado con mis amigos de acá, la verdad que eso fue increíble”.
Pero eso no es todo. Entre los diversos destinos por los que anduvo el joven gualeguaychuense se encuentran: la isla de Chipre, en el mediterráneo; Suecia; Holanda; Portugal; Alemania; Hungría; Inglaterra y Qatar. Estos últimos dos, ligados al fútbol.
La pasión argentina, donde sea
Fanático del fútbol y de Boca Juniors, Matías ha sabido mantener viva esa parte suya aún estado lejos de casa. “A veces cuesta mucho quedarse a mirar los partidos de Boca porque normalmente arrancan a las 1 o 2 de la mañana, pero normalmente hago el esfuerzo de quedarme despierto y levantado hasta esa hora para ver el partido. Lo lindo también es que viviendo acá me pude permitir el gran placer de ver a la Selección por primera vez. Fue cuando fui a Londres a ver a Argentina contra Italia, después de salir campeones de América, y bueno, al año siguiente también me di el lujo de ir al Mundial y cumplir un gran sueño que tenía. Fui a ver el último partido de fase de grupos que fue contra Polonia y el partido de octavos de final que fue contra Australia; los dos unos partidazos”, recordó.
También participó durante un tiempo de una peña de Boca en Copenhague. “Se arrancó de a poco a juntar gente, para ver los partidos. Nos juntábamos a comer a veces también, en fecha patria; hemos hecho locro y a veces asado”, comentó. Viviendo en la capital danesa también aprovechó para conocer cómo se vive el fútbol allá: “Una de las cosas que más me llamó la atención al ir a la cancha es que afuera del estadio hay miles y miles de bicicletas; o sea, la gente va a la cancha en bicicleta. Acá en Copenhague es normal, es común porque todo el mundo anda en bicicleta y se mueve en ese medio de transporte; pero no sé, en Argentina -que siempre fui a la cancha- ves siempre colectivos, tráfico y autos. Cuando lo vi acá por primera vez fue muy loco”, contó.
Pero por encima del fútbol, la unión con la familia y los amigos es parte constitutiva del ADN argentino y entrerriano, y es algo que Matías tiene muy presente. “Una de las cosas que más extraño de Argentina es el encuentro y los momentos con la familia. Más que nada, son de las cosas más irreemplazables. También extraño a algunos amigos e ir a la cancha de Boca, es otra de las cosas que no tiene reemplazo acá. A veces pienso que también es diferente la cultura de acá, la gente… una cuestión de idioma también. Uno está un poco limitado, por así decirlo, con algunas cosas”, consideró. Y comentó: “A Argentina volví una sola vez, el verano pasado fui tres meses, post mundial. Pasé las fiestas y mi cumpleaños, después viajé un poco por el país con amigos y con mi familia. Estuvo muy linda esa vuelta”.
Este fin de semana, Matías se encuentra viajando a un nuevo destino: esta vez, Croacia. “Me voy de viaje como para acortar un poco el invierno y recargarme de energía para todo lo que viene. Este va a ser el primer viaje que voy a hacer solo. Lo tenía pendiente y hace rato que tengo ganas de hacer un viaje solo, así que esta va a ser la oportunidad”, adelantó, detallando que va “a hacer base” en la ciudad de Split y probablemente también vaya a Dubrovnik, la ciudad amurallada famosa por ser una de las principales locaciones donde se rodó la serie Game Of Thrones.
Por último, en su charla con este medio, el joven gualeguaychuense compartió un mensaje de motivación a quienes tienen pendiente un viaje o les gustaría vivir una experiencia similar: “Yo creo que no lo tienen que dudar más, que tendrían que tomar esa decisión firme, proponerse esa meta, ese objetivo, y hacer lo posible para lograrlo. Y animarse, dar el salto. Creo que por más de todos esos miedos que uno pueda tener, uno no pierde nada yéndose un tiempo de Argentina o del lugar en donde estés. Total, uno sabe que siempre están las puertas abiertas de casa para volver y que con un vuelo de avión estás en menos de un día del otro lado del mundo”.

