“Me desperté ahogada en mi propia sangre”
Jésica es una víctima más de la violencia de género. Fue brutalmente golpeada por su ex novio que se resistía a ser dejado. Estuvo inconciente a causa de los golpes. Ayer por la mañana recibió el alta médica del Hospital. Carlos Riera Lo que Jésica tiene para contar no difiere mucho de lo que han pasado otras mujeres que han sido víctimas de violencia de género. Los relatos son siempre muy parecidos y la descripción de la personalidad de los agresores es idéntica en casi todos los casos.En esta historia la víctima tiene 28 años y es madre de un chico de 11 y una nena de 8, que inocentemente fueron testigos de las reiteradas situaciones de violencia que se originaron en su casa del barrio Obrero con el novio de su mamá.Durante un año y medio Jésica fue pareja de un joven de su misma edad, pero aclaró que la relación que mantenían era de noviazgo, ella en su casa y él con sus padres, "más allá de que alguna vez se haya quedado a dormir".En todo ese tiempo, la relación siempre rozó la violencia física, pero siempre estuvieron presentes los tormentos psicológicos a los que era sometida Jésica. Los motivos, por lo general, siempre eran los mismos: ella se había dado cuenta que así no podían seguir y cuando planteaba el alejamiento, su novio estallaba."Las discusiones cada vez eran más fuertes. Yo decidí ponerle un punto final a la relación, pero cada vez que tocaba el tema, él se ponía peor, con empujones y sacudones", contó Jésica como preludio al terrible episodio que vivió el martes por la noche. Una historia violentaJésica tiene su trabajo en un complejo ubicado a la altura de la Parada 10 de Urquiza al oeste y, como todos los días, utiliza su moto para trasladarse. Su novio conocía cada uno de sus movimientos y los caminos que recorría, y utilizaba esa información para amedrentarla."Él ya no venía más a mi casa, pero estaba continuamente mandándome mensajes de texto, era uno tras otro, me decía: 'te estoy viendo que estás saliendo de trabajar; te paso por arriba con la camioneta; ahora te paso a buscar a la salida de la escuela y te voy a hacer quilombo porque yo sé que a vos no te gusta; te voy a matar, no te voy a dejar tranquila, no te voy a dejar viva', todas esas amenazas. Pero después, cuando yo no le contestaba, me decía que se iba a quitar la vida, pasaba a hacerse la víctima, que si se mataba su familia se iba a enterar que era por mi culpa y que iba a quedarme un remordimiento", describió Jésica. Un relato calcado al de tantas otras víctimas.Esta madre de dos hijos por más que aparente ser una mujer fuerte reconoce que le tenía mucho miedo. "Su cara se transformaba, era otra persona cuando se ponía así, era miedo lo que yo le agarré, porque cuando se ponía así yo estaba sola. Él me decía que nadie se iba a preocupar por mí, que si se metía alguien él tenia a su gente para lastimar a los míos". Mirando Tinelli"El martes se apareció a la salida de mi trabajo. Me esperó en una calle de tierra por la que cruzo obligadamente. Me dio miedo porque a esa hora no había nadie y estaba todo oscuro. Traté de calmarlo, le dije que íbamos a hablar bien, que tratara de tranquilizarse, y quedamos en encontrarnos en mi casa. Llegó llorando, suplicándome que le diera una oportunidad, que iba a cambiar, que estaba arruinado por mi culpa", comentó Jésica. Pero la situación fue subiendo de tono, "él solo se daba rosca y todo lo que yo pudiera decir era peor". Ella estaba dentro de su casa y él en la vereda, hablando a través de la ventana de la puerta, pero Jésica presintió que si seguían así todo iba a empeorar, que incluso podía llegar a romper la abertura y por eso lo dejó entrar."Ahí se calmó. Yo cociné, hice pizza. Él no quiso cenar. Hablamos lo más bien, él entendió, me decía que se iba a hacer a un lado y después fuimos a la pieza a mirar Tinelli. Yo me senté en la cama y él se sentó al lado. Ninguno de los dos hablábamos, él se prendió un cigarrillo y a partir de ahí no me acuerdo de más nada", contó."De la nada empezó a pegarme. Yo me desmayé y en un momento lo veo a él arriba mío apretándome muy fuerte la cabeza contra la cama y ahí de nuevo se me apagaron las luces", continuó."Me desperté, no tengo ni idea a los cuántos minutos reaccioné, ahogándome con la sangre que tenía dentro de la boca, escupía sangre. Él ya no estaba", narró la mujer, aunque informó que se había llevado su teléfono celular con todas las amenazas. Sus hijos estaban en la otra habitación y "por suerte" no escucharon nada. Llamó a su hijo y le pidió que llamara a su abuela que vive en el mismo terreno, sobre el frente de la casa. Derrotero Con su madre y su hermano fueron hasta la Comisaría Sexta, pero no le tomaron la denuncia porque -según informó- en ese momento no había personal policial para tomarle la declaración porque estaban ocupados en un allanamiento que se estaba realizando en el barrio Zuppichini, donde se detuvo a dos hermanos por robo.El funcionario que los atendió les dijo que fueran a la Comisaría del Menor y la Mujer, donde finalmente se realizó la denuncia. Luego, su familia la llevó hasta el Hospital Centenario, quedando internada en Sala 2 hasta su alta ayer por la mañana.Jésica no busca revancha. No pretende judicializar lo ocurrido, más allá de que existe una causa penal, solo quiere vivir tranquila y que este hombre desaparezca de su vida. Ella sabe bien que por una denuncia de este tipo nada va a ocurrir con el victimario y que con el correr de los días será un caso más de los tantos que ocurren en la ciudad.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios


