Meditemos antes
Próximamente nos veremos enfrentados todos los argentinos a un nuevo desafío electoral de renovación de autoridades nacionales, provinciales y municipales a nivel de todo el país y que nos dará la oportunidad de expresar nuestra voluntad, ese enorme poder que por medio del sufragio universal nos brinda la democracia.Por Jorge Pedro Jurado (*) Estaremos en condiciones de decidir nuevamente quiénes, por los períodos constitucionalmente vigentes en cada jurisdicción, regirán nuestros destinos sea como mandatarios para la administración de cada gobierno y como representantes en las cámaras legislativas, para la elaboración de las normas a las que todos sin excepción deberemos ajustarnos si es que pretendemos vivir en un Estado de Derecho que se precie de tal.Una lista de conciudadanos producto de elecciones internas o nominaciones predeterminadas, conformarán esas listas y nosotros sin vacilación debiéramos darles ese día el voto, el voto de confianza, que les permita siendo mayoría cumplir el mandato que les otorguemos de gobernar y gobernarnos y siendo minoría el mismo mandato para controlar los actos de gobierno.Unos y otros deberían estar asidos por las mismas normas, los mismos principios y reglas, incluso los mismos postulados y sólo diferenciarse de aquellos planes y propuestas que en sus plataformas preelectorales sostengan como banderas para concretar si por ventura del resultado eleccionario, son llevados a ser urgidos como electos el día del sufragio.Claro pero esto que sostengo, es algo impensado en la Argentina de hoy. Algo difícil de obtener tan pristinamente en nuestros días. Es así que en ciernes del cierre de la proclamación de candidatos, advertimos silencios, esperas, dichos y rumores de parte del oficialismo nacional y maniobras de parte de los opositores para poder lograr congraciarse en distritos aparentemente claves. Frente a tantas urgencias, esperar cuatro años para esto es realmente desesperante.En tanto, la clase política vierte sus días en tratar de lograr el mejor posicionamiento o quizá tal vez la menor exposición a quedar salpicados por tal o cual hecho. Nosotros los verdaderos detentadores del poder de la democracia, nos vemos asolados por hechos que ya nos hacen casi perder la capacidad de asombrarnos y nuestros gobernantes, adiós gracias.En lugar de ver cómo construir políticas claras y planes concretos para eliminar la pobreza, reducir la inseguridad, crear confianza para atraer inversiones que multipliquen las fuentes de trabajo, que fortalezcan las instituciones, que se afiance el Estado de Derecho, que tengamos una justicia independiente, etc., advertimos a diario el aumento de los casos de corrupción de ribetes y límites agraviantes cuyos entramados son como bofetadas hacia los contribuyentes que sostienen con sus impuestos el gasto del estado y el desmanejo de esos fondos.Asistimos con un caradurismo tal al uso de la pobreza para crear esclavos electorales; a la fuga del país de empresas centenarias, a instituciones y entes de control que no cumplen sus cometidos, a jueces federales designados por sorteos que nadie cree, a organizaciones no gubernamentales dedicadas a hacer lo que no saben, lo que no les corresponde y que nadie controla.Pensemos seriamente que tenemos y elegimos los gobernantes que nos merecemos. Es esta la oportunidad que la democracia nos brinda para hacer algo, para cambiar, dentro de la pobre oferta electoral que nos presentan los partidos políticos y las alianzas actuales. No despotriquemos luego, decidamos ahora. Argentinos: este es el momento. (*) Jorge Pedro Jurado es abogado, nacido en Gualeguaychú y actualmente reside en Buenos Aires. Autor de varios libros, el más reciente lleva como título "Don Pedro" y es un relato biográfico de don Pedro Jurado, que fuera Presidente Municipal en el período 1935/39.
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