Messi no es más grande que Pelé
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La Selección no pudo conquistar el Campeonato Mundial, ese que no gana hace 28 años, y el gran culpable que encontraron muchos tiene nombre y apellido, se llama Lionel Messi.Luciano Peralta Iba a pasar. Periodistas deportivos y comunicadores lo anunciaban antes de que ocurra, como alertándonos sobre la injusta vara que tenemos los argentinos para medir las derrotas. La Selección no pudo conquistar el Campeonato Mundial, ese que no gana hace 28 años, y el gran culpable que encontraron muchos tiene nombre y apellido, se llama Lionel Messi.Aunque en este país la inmensa mayoría esté agradecida y orgullosa por el papel de los de Sabella en Brasil, y aunque lo haya demostrado en las calles con ese apoyo masivo que solo consiguen las grandes causas populares, solo hizo falta un grupo de 200 imbéciles para arruinar lo que era una fiesta en el Obelisco y una catarata de críticas mal intencionadas desde algunas de las grandes usinas comunicacionales para evidenciar las consecuencias de, otra vez, no ser los mejores.Como pasa con cualquier aspecto de la vida, siempre es más fácil destruir que construir. Es más simple criticar y señalar hasta el hartazgo que explicar y argumentar las razones del desacuerdo. Pasa en el fútbol -al menos en el fútbol argentino-, pasa en los medios de comunicación, pasa en la política criolla.Messi es el señalado, es el culpable de la gran tragedia de no ser los mejores. No solo porque el sí es el mejor, mejor que cualquiera. Sino porque algunos no le perdonan que no sea como Maradona, que no lo alcance, que no lo iguale, que no lo supere. No le perdonan que no se vaya de boca y que no cante el Himno. No entienden por qué no tiene los huevos del Diego y, lo más grave de todo, por qué no ganó un Mundial como ellos esperaban, para por fin sí ser los mejores.Es que Messi es de oro en Europa, pero lo tenía que ser en Argentina, porque él es el mejor y es argentino aunque no sea como Maradona. El Mundial de Brasil era la posibilidad que hace cuatro años esperaban para verlo brillar, como el Diego en el '86. Porque en Sudáfrica era chico y porque le faltaba madurar; porque ya no le queda nada por ganar y porque la fecha elegida por la gran prensa de este lado del mundo era julio de 2014.Pero Messi no pudo. Y no es que no quiso eh... es que no entendió. No entendió a ese país que, aunque se sepa menos que el resto, porque "somos un país de mierda" o porque "estas cosas solo pasan en Argentina", a él, con la pelotita, le reclama estar a la altura de la historia, como si fuera un mandato del destino. Una historia que empezó a escribir Diego Armando Maradona hace algún tiempo y que él debe continuar.No alcanza con que sea el mejor de estos tiempos, también debe competir con el pasado y contra el pasado. No importa cuanto haya conseguido, debe ser campeón del mundo y volver a ponernos a los argentinos en ese sitio del que alguna vez nos caímos y, vaya a saber por qué, no hemos podido regresar, pero nos pertenece, como la corona a la reina o la verdad al autoritario: somos los mejores y Messi tenía que volver a poner las cosas en orden.Pero Messi no entendió. Quizá porque no es tan argentino. El pibe tuvo que irse a vivir a Europa a los 13 años para seguir jugando al fútbol, y desde entonces vive allí. Quizá por eso no entendió que tiene que ser el mejor con la celeste y blanca y devolvernos a ese sitio de donde nunca debimos salir.Pero él, a pesar de que ganó partidos solo, no pudo ser como el Diego. Debe ser que no quiere y no puede ser como el Diego, porque nadie puede ser como un ídolo. Messi es Messi y es el mejor, demasiado tiene con eso para tener que competir con deidades del pasado. No quiere, no le importa. ¿Tan difícil es de entenderlo? Messi es Messi, no es Maradona, ni es más grande que Pelé. Y hay una explicación que quizá buena parte de los argentinos no entienda, porque nacieron y se criaron aquí, porque es lo que les enseñaron.Ese pibe que nació en Rosario, que de chiquito se fue a Barcelona y construyó la ilusión de vestir la camiseta argentina durante muchos años, no es Maradona, ni es más grande que Pelé. La razón es una sola: no quiere serlo, no le importa.
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