Miguel Saredi: El campo lleva adelante una batalla cultural
- ¿Qué es Pampa Sur?
- Pampa Sur es un grupo que creamos allá por el año 2004 con María del Carmen Alarcón. La idea era unir dos sectores que a veces parecen tan distantes, por un lado el de los productores agropecuarios y por otro el sector de la política. En esa época, pedimos la presidencia de la Comisión de Agricultura para María del Carmen Alarcón. Percibíamos la existencia de dos mundos que no se tocaban. Veíamos que los productores no participaban en la vida política, y a veces tampoco en la vida pública de nuestros propios pueblos. Y en la clase política, por su lado, había una falta de entendimiento específico sobre lo que significaba el campo en la vida social y económica de los argentinos. Pampa Sur, entonces básicamente, surgió como intento para unir estos dos mundos. Es una agrupación de gente que tiene vinculación con la militancia política, y que por sus orígenes familiares y su carácter productivo está ligada al campo.
- ¿Qué militancia política tenían ustedes?
- Proveníamos fundamentalmente del peronismo, del justicialismo. En general muchos de nosotros habíamos sido concejales, diputados.
- ¿Se habían hecho kirchneristas?
- No. En nuestro caso específico veníamos, reitero, del justicialismo, en un momento especial de la Argentina, allá por 2002-2003. María del Carmen Alarcón trabajaba al lado de Carlos Reutemann, en Santa Fe, y nosotros desde Buenos Aires estábamos cerca del entonces presidente Eduardo Duhalde. Intentamos en esa época, por todos los medios posibles, que Reutemann fuera el candidato a presidente. Pero eso no fue posible. Reutemann aparecía como un candidato de unidad, y de hecho nos acompañaban algunos entrerrianos. Era un candidato importante para la Argentina en ese momento. Yo mismo estuve personalmente en la gobernación de Santa Fe y hablé muchas veces con él. Él planteaba un problema económico muy serio y quizás definitivo con respecto a la deuda con el Fondo Monetario. Pero ahí se equivocó. No vio quizás el alza del precio de los commodities y lo que iba a pasar con el sector agroalimentario mundial. Probablemente, quizá comprendió también que su perfil conservador desentonaba con el sesgo progresista que había tomado la sociedad argentina.
- ¿Cómo juzgan ustedes, ahora, la retirada de Reutemann de las filas kirchneristas?
- Nosotros estamos muy heridos. Tenemos que ser muy realistas. Jugamos muy fuerte por él en 2003 para que sea presidente. Después María del Carmen asumió la presidencia de la Comisión de Agricultura, en 2004. En el 2005 ya fue difícil mantener ese puesto, porque los enfrentamientos del gobierno con el campo eran cada vez más visibles. Intentábamos permanecer en el justicialismo, pero la prohibición de la venta de carnes de Argentina al exterior, apuró la eclosión. Entonces razonábamos: cuando todo el mundo se mata por exportar, nosotros prohibimos la exportación de carne. Fue entonces que María del Carmen, como correspondía, salió muy fuerte a enfrentar al gobierno como presidente de la Comisión de Agricultura. Ese día Reutemann negoció con Kirchner. Y a esto lo denunciamos. Está en la página 3 de Clarín, donde un dibujo de Sabat lo muestra a Reutemann bajándose los pantalones frente a Kirchner. Fue un golpe humano muy duro para María del Carmen, que había trabajado por años con él. También fue muy duro para nosotros. Es decir, con Reutemann somos subjetivos y lo reconocemos. Estamos particularmente dolidos. Volviendo a la pregunta, la cosa es clara: el muchacho se va ante el 75 % de imagen negativa que cosecha el matrimonio presidencial en Santa Fe. Nosotros al menos, mientras Reutemann votaba al gobierno, permanecimos firmes en nuestras convicciones todo este tiempo, explicando en soledad los daños que la política kirchnerista infligía al campo, cuyos efectos están a la vista.
- Entonces Reutemann sigue acostumbrado, buscando el mejor motor, a cambiar de escudería...
- Se ha acostumbrado a ser muy frío y calculador. Aunque no termina de ganar es un gran probador, un gran testeador de encuestas. Se habrá impresionado ante lo que le pasó a (Agustín) Rossi en Santa Fe. Quizá se imaginó lo que podría ocurrirle a él, alguien que tiene un afecto muy especial por su terreno. Habrá intuido que su carrera política en Santa Fe no tenía futuro. La perspectiva de no poder salir a la calle en esa provincia, lo habrá hecho pensar mucho. Por eso se va del kirchnerismo. Nos parece bárbaro, pero hay que recordar qué hizo Reutemann estos últimos años. Lo mismo Felipe Solá en Buenos Aires. Resulta que ahora afloran, aquí y allá, los nuevos conversos. Tenemos muchos conversos, después de 6 años de kirchnerismo. Es gente que cuando tenía que hablar no lo hizo, participó del poder. Hubiera sido más leal decirle al gobierno, allá en el 2005, que su política nos conduciría al desastre de la cadena productiva. Yo tuve una reunión de muchas horas con Alberto Fernández, antes de la expulsión de María del Carmen Alarcón, en la cual intentamos hacerle entender por todos los medios que estaban equivocados en su política agropecuaria. Le decíamos que esto terminaba mal para la Argentina.
Freno al poder K y
prejuicio ideológico
- Como sea, no se entiende este conflicto entre el gobierno y el campo, tratándose de la Argentina. Se nos ocurre que no hay una razón puramente económica. ¿Usted qué piensa?
- Creo que la ciudadanía ve en el campo y en su movimiento al único sector de oposición serio en la Argentina a un poder político desbordante Esto se vio sobre todo en el conflicto por la Resolución 125, en la ciudad de Buenos Aires, en el conurbano, o en algunas poblaciones muy importantes. En los actos masivos de Rosario y Palermo, convocados por el campo, se vio a muchos ciudadanos que no tienen que ver con él. Es decir vio en el campo al único sector que puede parar a estos tipos. Lo digo a esto brutalmente para que se entienda. Y para que los partidos de la oposición tomen nota de la fragilidad del sistema político. ¿Cómo es que un sector, siempre tan poco participativo, se convirtió en un opositor real de este gobierno?. Seamos sinceros: el kirchnerismo, antes del conflicto, tenía un poder enorme. Esto obliga a replantearse muchas cosas en Argentina. Por otro lado, en el interior la gente empezó a entender cuál era la importancia de esta pelea. O mejor dicho, comprendió la importancia de los ingresos que generan los pueblos y cómo ese dinero se lo apropia el poder central. Quedó patente la vieja pelea por los recursos entre el Estado nacional y las Provincias. Salió a la luz la necesidad de autonomía de las provincias y los municipios.
- ¿El conflicto no revela la existencia de prejuicios ideológicos contra el campo?
- En la discusión que mantuvimos, en 2005, con Alberto Fernández, este nos dijo: nosotros somos industrialistas. Pero este es un concepto viejo. Este concepto de productores de materias primas o de bienes primarios contra industrialistas, es una cosa del pasado. Aquí hay ideologismo, claramente. Este gobierno no entiende el concepto de cadena de valor. No entiende cómo el campo se une a la cadena agro-industrial, y ésta se integra a la economía nacional. Ya en el mundo no se emplea más la distinción de productores de bienes primarios contra productores manufactureros. Quizá esta distinción se justificaba en la década del ‘40 y del ‘50, con el peronismo. Pero la realidad económica, con los saltos tecnológicos, ha cambiado. Después existen los reparos ideológicos y culturales hacia el campo, propios de los economistas urbanos, que nutren de ideas a los partidos políticos en Argentina. Según los análisis de estos economistas, sólo aporta el 6% del PBI. Pero esto va contra cualquier mirada empírica de la realidad. Porque no se computa toda la actividad conexa al campo. Estos economistas urbanos le han hecho mucho mal a la Argentina. En el microcentro porteño hay escuelas económicas que no han entendido que el campo mueve al interior, y que sin las economías regionales la Argentina está en problema.
Otro campo
- ¿Qué cambios ha experimentado el campo desde el punto de vista sociológico? ¿Qué factores contribuyeron a ello?
- Primero cambió tecnológicamente. Si bien le costó, el productor se ha tecnificado y esto modificó su perfil. El fenómeno de APRESID (Acción de Productores de Siembra Directa) es el mejor ejemplo. Algo que está siendo estudiado en las escuelas sociológicas de otros países. Es un fenómeno de asociativismo en el campo netamente argentino. Lo mismo ACREA, que en 2004 hizo un congreso por primera vez en Mar del Plata diciéndole a sus asociados: ‘empecemos a participar en lo público’. Es decir, el productor ha cambiado. Empezó a sembrar en los otros campos. Se asocia con comerciantes, con ingenieros agrónomos, con jóvenes profesionales. Son ellos los que siembran las mayores hectáreas del país. Y se diferencian de los grandes productores como Grobocopatel. Es decir, son pequeños pooles en los que se juntan comerciantes, agrónomos, dueños de campos y contratistas. Esto no es intrínsicamente perverso como algunos sectores intentan decir. Estos minipooles, como les decimos nosotros, siembran la mitad de las hectáreas en la Argentina. Esta gente es la que salió a la ruta el año pasado. Es una generación joven, innovadora, que apuesta a la producción, aprovechando los buenos precios internacionales. Este sector no tiene nada que ver con la oligarquía de la que habla el gobierno. Nosotros queremos modificar esta imagen distorsionada del campo. Tenemos que hacer docencia en los centros de estudiantes, en los sindicatos, en los partidos políticos, en los medios de comunicación, etc.
- ¿Qué pasa si se sacan las retenciones mañana? ¿Volverá el productor a su campo?
- Soy director de una carrera en ciencias políticas, donde intentamos formar dirigentes para que sigan con la tarea. Es cierto, no vaya a ser cosa que se saquen las retenciones, y que todos vuelvan a la retaguardia a ganar plata. Esto es una batalla cultural, una batalla de ideas, más allá de las elecciones y cambios en el poder político. Si nosotros no trabajamos en esa vía, las victorias pueden ser efímeras y la Argentina está harta de victorias efímeras. Lo que está en juego es que triunfe la conciencia productiva del país.
- ¿Por qué se ha extendido el monocultivo de la soja?
- Es una cuestión de rentabilidad. Es algo que le ocurre a cualquiera que emprende una actividad. La gente siembra soja porque es lo más rentable y quizás lo único que conserva un nicho de rentabilidad. Cuando producir vacas y hacer tambos no fue rentable, muchos se pasaron a la soja. De ahí que el campo estalla con el aumento de la retención a este grano el año pasado. El desafío, es hacer otros cultivos (maíz y trigo) y otras actividades, lo suficientemente rentables para que los productores diversifiquen su producción. Para lo cual necesitamos una política agropecuaria en serio, que hoy no tenemos.
La autocrítica campera
- El campo debiera hacerse una autocrítica. Ha estado largamente fuera del debate público...
Miguel Seredi:- Por eso la creación de Pampa Sur. Vemos que la política no se acercaba a la problemática de la cadena agroalimentaria y agro-industrial del país. Y nuestros padres y abuelos, más allá de alguna que otra representación política, eran indiferentes a la cosa pública. Muchos eran remisos a participar, incluso, de las entidades rurales. Y estaban alejados de la vida de los pueblos. Recuerdo que mi viejo decía: ‘Hijo yo tengo tantos años y no me podría ir al pueblo a perder el tiempo porque tengo que trabajar’. Es decir, las tranqueras quedaban cerradas.
- Es decir, el sector cayó en la endogamia sin darse cuenta que su suerte se jugaba en la ciudad.
- Totalmente. Esto pasó permanentemente. Por eso incentivamos tanto a que los productores participen en las cooperativas, en las entidades rurales, en la vida de los pueblos.
- En Entre Ríos, por ejemplo, existe el estereotipo de que el hombre de campo, sobre todo el ganadero, reinvierte poco sus ganancias en el desarrollo de otros emprendimientos en la ciudad...
- Hay provincias, como Santa Fe, donde la colonización ha traído progreso en muchas áreas. En Buenos Aires, hay sectores más conservadores parecidos, entonces, a Entre Ríos. La zona ganadera ha sido una zona más conservadora en lo que hace a encarar otros emprendimientos. No se ha entendido la necesidad de agregar valor al trabajo primario. Y esto repercute en el desarrollo económico de los pueblos.
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