Mucho río, ningún puerto
De los puertos entrerrianos de ultramar, ninguno funciona. Uno está destruido. A los otros dos es imposible acceder por falta de dragado. Esto le crea serios problemas al trabajo y la producción.Por Mario Alarcón MuñizEl buque Vil Atlantic, de bandera liberiana, tenía fecha de amarre en el puerto de Concepción del Uruguay el pasado viernes para cargar 10.000 toneladas de arroz. El día anterior el ente portuario local le notificó que la operación sería imposible: no hay profundidad suficiente.Puerto cerrado. Lo confirmó el titular del ente, Leonardo Cabrera, quien atribuyó el problema por un lado a la bajante y por otro al cese del dragado. "Sólo resta esperar que se reinicie el trabajo", apuntó el funcionario, revelando con sinceridad algo que muchos desconocíamos: no se draga, al menos por ahora.La noticia tuvo escasa divulgación, al contrario de los anuncios de dragado formulados por el gobernador hace un año, el 16 de mayo de 2011. En esa oportunidad y con gran despliegue informativo, Urribarri anunció en Concepción del Uruguay que el gobierno nacional había depositado 7 millones de pesos y entregado 200.000 litros de combustible para dragar el acceso a 19 pies de calado, mientras se aguardaba la obra definitiva de 25 pies entre el puerto y la desembocadura del río Uruguay.Entusiasmado y en precampaña electoral, el primer mandatario anticipó que al mes siguiente ("en junio", dijo, aunque en verdad no mencionó de qué año) se iniciaría el trabajo mayor, tan esperado.El dragado provisorio de 19 pies en pasos comprometidos quedó inconcluso, según se lo sufre ahora, después de los aplausos del año pasado. La obra mayor aún está en veremos. Puerto no hayAlgunos funcionarios y cierto periodismo mienten. Otros no saben. Recién el 13 de marzo pasado, diez meses después del anuncio de Urribarri, la prensa oficialista informó que la CARU (Comisión Administradora del Río Uruguay) iniciaba la obra de dragado, "un hito histórico", se dijo pomposamente. No se inició nada. Lo que sucedió ese día fue la apertura de sobres de la licitación de proyecto de obra.Se presentaron cuatro ofertas para estudiar el dragado y balizamiento del río desde Punta Gorda (kilómetro 0) hasta el puerto de Concepción del Uruguay (kilómetro 187) a 25 pies de profundidad y 23 de calado, además de los accesos a esa estación fluvial y la de Paysandú. Se estima que el proyecto no terminará antes de seis meses, pues los estudios comprenden batimetrías, impacto ambiental y elaboración de pliegos. Recién entonces se licitará la obra. Luego se la adjudicará y pasará más tiempo -¡vaya a saber cuánto!- hasta su conclusión.Mientras tanto puerto no hay o está muy limitado. ¿Quién pierde?En Diamante la situación no es muy diferente. Ese puerto de ultramar de tres muelles muy cómodos y 30 pies de calado, que hasta hace unos años era el preferido de los agricultores por razones de costos, el acceso de 2.000 metros de longitud y 120 de ancho está obstruido por falta de dragado. Sólo operan barcazas.Hace un año y medio la Dirección de Puertos y Vías Navegables de la Nación y el gobierno provincial se tiraban el puerto. Mejor dicho discutían a quien le correspondía suministrar el combustible. Parece que cierta vez se pusieron de acuerdo y algo se dragó. Por lo que ahora se observa, ha sido insuficiente. O amarrete, que para el caso es lo mismo.Un reciente estudio de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos demuestra que en la última década el movimiento de Diamante cayó un 60 por ciento. En 2001 las cargas de trigo, maíz y soja sumaron un millón de toneladas; en 2010 alcanzaron 400.000 toneladas. Y el descenso continúa, pese a crecer el volumen de cosechas.Las dificultades operativas obligan a derivar la mayor cantidad de cargas a Rosario. El estudio de la Bolsa de Cereales toma como ejemplo una carga procedente de Viale. A Diamante cuesta 66 pesos por tonelada; a Rosario 134.En esta situación ¿quién pierde? Desde ya el productor, pero también los trabajadores portuarios. Una larga esperaLo del puerto de Ibicuy el 17 de julio del año pasado, no fue una tragedia por casualidad. Era domingo. Una veintena de trabajadores había renunciado al descanso porque la empresa Vale do Río Doce cargaba minerales procedentes del sur de Brasil. De pronto el muelle de 150 metros de longitud se derrumbó. Afortunadamente los operarios alcanzaron a ponerse a salvo. Una carga de 100.000 toneladas de hierro, un camión cisterna con 34.000 litros de combustible, vehículos y máquinas fueron a parar al fondo del río Paraná."En 3 ó 4 meses se rehabilitará el puerto", fue entonces el pronóstico oficial. En verdad, diez meses después seguimos igual: sin el puerto de 29 pies de calado natural. "Estará operativo antes de noviembre", estimó el 25 de abril último el titular del Ente Portuario Provincial, Carlos Scelzi.Mientras tanto, el puerto de Ibicuy está cerrado. ¿Alguien calculó a qué monto ha llegado la pérdida para la producción nacional? ¿Y la de los 250 trabajadores portuarios que todavía esperan allí?Poco de todo esto tiene explicación. Menos aún la contradicción (o el desperdicio o el desatino) que presenta una provincia rodeada de agua, sin puertos. ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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