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Mujeres que dejaron huella y camino en Gualeguaychú

Alicia Moreau de JustoImportantes mujeres marcaron con su impronta, inteligencia y trabajo, el pasado de la ciudad y aunque poco difundido, de gran trascendencia para la actualidad. Todas ellas fueron homenajeadas con calles que guardan sus historias.


Por Mónica Farabello

 

Entre convicciones, visión de futuro y una vida dedicada a la educación, Camila Nievas de Capdevilla, fue una de las docentes más destacadas de Gualeguaychú.

Nació en 1878 y murió en 1941. Los historiadores locales la describen como una mujer de gran capacidad organizativa, por lo que llegó a ser directora de la escuela Nº 2 Domingo Matheu.

Aseguran que fue la mano e ideas de Camila, quienes llevaron a esta institución a ser una escuela modelo para el país.

Así, logró una importante revolución, un cambio sustancial en el campo de la educación que se intentó “frenar por funcionarios burocráticos”, por lo que tomó la decisión de renunciar y cumplir tareas en el colegio nacional Luis Clavarino.

Con una mirada innovadora para su época, donde la mujer se insertaba lentamente al mundo laboral, Camila Nievas fue propulsora y presidenta de la “Sociedad por la Patria y el Hogar”, donde llamaba a las integrantes a formar parte y ser partícipes de actos patrios.

Estudiosos de su vida relatan que Camila pedía que “pongan todo el eficaz y patriótico empeño (…) permitiéndose recordarles que el sólo hecho de pertenecer a la "Sociedad por la Patria y el Hogar" las impele moralmente a cumplir tan grato y patriótico deber”.

La sociedad de mujeres "Por la Patria y el Hogar", fundada por Camila Nievas es actualmente el Instituto Magnasco, una trascendente casa para la cultura y educación de la ciudad, cuyas instalaciones cuentan con biblioteca, museo, conservatorio de música y escuela de idiomas.

Camila Nievas falleció en Buenos Aires, pero sus restos fueron traídos y descansan en Gualeguaychú. Anteriormente, la calle que lleva su nombre se llamó “Perú”.

Acordes de piano en la ciudad

El 8 de junio de 1869 nació la llamada “niña prodigio de Gualeguaychú”. Victoria María Luisa Guerra era hija de Francisco Guerra y Barbara Cortinez y desde la temprana infancia demostró condiciones indiscutidas para el piano.

Acompañada por sus tíos, María Luisa con apenas 6 años se radicó en Rosario donde comenzó con sus estudios de piano con el profesor Narciso Fontanals.

En 1878, los tíos deciden llevarla a Europa para que continúe con sus estudios, por lo que en 1879, a sus 10 años, brindó un concierto en el Club Recreo Argentino para despedirse de su ciudad natal.

En la ciudad realizó dos conciertos a beneficio, con el objetivo de financiar la estatua de Luis N. Palma hecha íntegramente en mármol por el escultor nacional Lucio Correa Morales.

Finalmente María Luisa Guerra viajó a Europa, donde transcurrió gran parte de su vida en España, y donde los acordes de piano de Gualeguaychú alegraron los oídos europeos.

La ‘seño’ de la Estación

El barrio de la Estación de Gualeguaychú, tuvo una maestra que es recordada como “incansable”. María Antonia Piccini fue una de las mujeres que dejó su huella en la ciudad y que hoy abrió caminos a otras que vinieron detrás.

La maestra Piccini promovió en 1938 la creación de la “Comisión de Maestros Particulares” para luchar por la justicia en sus remuneraciones y por una Ley que asegurara su jubilación, lo que consiguió mediante Ley en 1942.

Por el camino de la fe y la solidaridad

La Congregación de las Hermanas Mercedarias se fundó en Córdoba en el año 1887 por el Padre León Torres. Desde sus inicios, la misión fue ejercer la caridad con el prójimo, educando; iniciando a los jóvenes en los trabajos; y recibiendo y ayudando a niños y mujeres desamparados.

Las Hermanas Mercedarias llevaron adelante esta tarea, bajo la afirmación: “el que recibe y ayuda al más débil, a mí me ayuda”.

La presencia de las Hermanas Mercedarias en Gualeguaychú data del año 1923, cuando se hicieron cargo del hogar de niñas. Esta misión fue su objetivo principal hasta el año 1996, cuando se retiraron con la alegría de la tarea cumplida.

Cuando se retiraron, el hogar de niñas se había convertido en una institución moderna, con un importante personal laico, donde se brindaba una enseñanza completa.

La calle que lleva su nombre está ubicada a la altura del 2300 de Urquiza al Oeste.

Con la pobreza bordada a mano

Luciana Ríos de Dargains nació en 1882 y murió en 1970. La recuerdan como una de las más importantes benefactoras de la ciudad. Fue descendiente de indígenas del litoral donde desarrolló un gran trabajo ligado a lo social y espiritual.

Según relatan los historiadores locales, Luciana Ríos transcurrió toda su vida en la pobreza, y sin embargo se encargó de darle trabajo a unas 300 mujeres a quienes les enseñó a bordar a mano.

De esta manera, le agregaban valor a cualquier prenda de vestir por lo que se le otorgaba una nueva opción de ingreso a muchas amas de casa y jóvenes que no tenían acceso a otro tipo de trabajos.

Cuentan que en la casa de Luciana Ríos, había una imagen india de la virgen del Rosario. Alrededor de la misma las bordadoras, a la vez que trabajaban, rezaban por las más diversas peticiones.

Ella se casó muy joven y tuvo una hija. A los pocos mese enviudó y se dedicó junto a su hermana a brindar ayuda a niños huérfanos para quienes fue una suerte de madre protectora.

También se dedicó a ayudar a familias con enfermos y mucha gente canalizaba a través de ella su ayuda: le donaban ropa, muebles y demás materiales que ella misma se encargaba de repartir entre la gente más necesitada.

A Luciana Ríos se la recuerda como la “representante local más destacada de la vieja raza americana, con sus rasgos de espiritualidad, diligencia, solidaridad y valor”.  Murió el 28 de julio de 1970, pero su obra, como todas las que trascienden a las personas, continúa congregando a gente de todas las edades.

Por la igualdad ganada desde el trabajo
Una calle en Gualeguaychú, lleva el nombre de una mujer que trabajó, estudió y luchó por la igualdad de derechos. Aunque no nació en Gualeguaychú, sus ideas fueron trascendentes para la vida social de todas las mujeres argentinas.

Alicia Moreau de Justo nació en 1885 y falleció en 986. Alicia dedicó su vida a la medicina, la política y además, fue escritora.

En Argentina, Alicia Moreau de Justo fue la segunda médica del país y estuvo casada con Juan B. Justo, quien fue un notable médico y político.

Relatan los historiadores que la “contribución de Alicia Moreau a la civilización argentina abarca desde la ciencia médica hasta la lucha por la igualdad de derechos para la mujer”.

Con una impronta de modernidad, Alicia fundó el Comité Femenino de Higiene Social para combatir la prostitución y fue partícipe en la fundación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, cumpliendo una gran tarea durante la última dictadura militar, apoyando y difundiendo la lucha de las Madres de Plaza de Mayo.

En Gualeguaychú y en el mundo

La figura de Eva Perón ha pasado a ser parte de la historia no sólo de Argentina, sino también del mundo. Nació en 1919 y falleció en 1952. Como mujer de Juan Domingo Perón, se dedicó a intentar cambiar la sociedad argentina promocionando los sectores populares, que hasta ese momento no eran tenidos en cuenta.

Creó planes habitacionales, patrocinó campeonatos deportivos y llevó adelante planes de salud. Obtuvo la sanción de los derechos de la Mujer, incluido el de la patria potestad compartida, y también los decálogos de derechos de la Niñez y de la Ancianidad.

Falleció en el año 1952, a los 33 años de edad. Aunque su período de acción política fue muy corto, consiguió impulsar una serie de transformaciones sociales de larga influencia en la Argentina, entre las que se destaca la consagración del voto femenino.

La avenida Eva Perón fue parte de la calle Pellegrini. A pedido de los vecinos se impuso su nombre al tramo en avenida que une la ciudad con el antiguo barrio obrero de Pueblo Nuevo.

Fuente consultada

Ordenanzas Concejo Deliberante de Gualeguaychú.

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