Munilla: El barrio en que los delincuentes tomaron de rehenes a sus vecinos
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Son innumerables las crónicas policiales que tienen como protagonista al barrio que en la actualidad quedó enclavado en el corazón de la ciudad. Homicidios, robos, peleas, corridas, drogas, armas, son algunas de las postales que a diario sufren los vecinos que tratan de llevar una vida normal. Otros prefirieron escapar para vivir en paz.Siempre fue un barrio marginado, de familias muy humildes que se asentaron a un costado de las vías, sobre el arroyo que volcaba sus efluentes en el río Gualeguaychú. Levantaron sus viviendas con lo que se tenía a mano y con el paso del tiempo fueron mejorándolas.Sus calles eran de tierra, no había cloaca, ni luminarias, y el sombrío panorama se agigantaba con la presencia de la mole de ladrillos que contenía, y todavía contiene, a muchos de los delincuentes más peligrosos de Entre Ríos, la Unidad Penal 2.El tiempo pasó y la ciudad creció, dejando al barrio Munilla en una zona que debería estar bien cotizada. Los gobiernos municipales fueron llevando servicios a esos vecinos. Pasó la cloaca, se asfaltaron las calles, se dispuso de luminaria callejera y por último llegó el gas natural, pero a pesar de todos estos servicios el valor del metro cuadrado en esa zona está muy por debajo a lo que su posición geográfica indicaría.Junto a estas obras, que trajeron mejoras en la calidad de vida de los vecinos, mucha gente se sumó al barrio pensando que en algún momento, las familias que generalmente eran noticia por cuestiones policiales se mudarían, pero nada de esto sucedió y hoy todavía permanecen allí, conviviendo todos juntos, los buenos y los malos vecinos.Para refrescar la memoriaElDía ha publicado una gran cantidad de hechos que tienen al barrio Munilla como escenario, como el ocurrido la semana pasada, cuando se desató una tremenda batalla campal entre unas 50 personas en la esquina de Mitre y Goldaracena, o como el homicidio de Gonzalo Acevedo, hace un año en la esquina de Tala y Chalup.Sobre este asesinato se realizó un juicio en octubre que tuvo como imputados a cinco miembros de una familia y a una mujer, todos vecinos de la zona. Nunca se pudo determinar quién había sido el autor de las puñaladas mortales sobre el cuerpo de Acevedo y ningún vecino se animó a aportar datos durante la investigación. Todos afirmaron no haber visto nada.Aunque parezca irrisorio, este crimen se pagó condenando a tres de los seis imputados a un año de cárcel por ocasionarle lesiones graves a la víctima fatal. Leyó bien, no fueron condenados por ocasionarle la muerte, sino por originarle lesiones graves. Eso determinó la Justicia.Otro hecho violento fue el acontecido en la Navidad de 2012, cuando intentaron matar a Osvaldo Torcuato Gutiérrez, clavándole el pico de una botella en el abdomen durante una pelea callejera que involucró a varios miembros de una familia.Por este hecho fue condenado a 7 años de prisión Francisco Daniel Ríos, alias "El Bolita", y hace menos de un mes la pena fue confirmada en Casación. Aunque parezca increíble, Ríos todavía está libre y camina por las calles del Munilla como cualquier otro vecino. Se espera que en estos días llegue el expediente para que comience a cumplir la condena. Pero, mientras tanto disfruta con total impunidad sus últimos días en el barrio que lo ampara.Un dato importante, a tener en cuenta es que cada vez que ElDía publicó una nota de opinión sobre la delincuencia a la luz del día en el barrio Munilla y la situación de la que son rehenes los vecinos, los protagonistas de los hechos policiales trataron por todos los medios de saber quién había hablado con la prensa y contado lo que pasaba, y como nunca pudieron confirmarlo, las amenazas fueron para todos, sin distinciones.VIVIR INSEGUROMás allá de los hechos policiales que son de público conocimiento, ¿cómo es vivir en el Munilla? Para dar respuesta a esa interrogante, ElDía dialogó con tres vecinos del lugar. Por razones de seguridad, los nombres que se publican no son los reales. Al Munilla lo arruinaron"Yo me fui con mi señora para poder formar una familia, porque no existe forma de vivir o progresar en un lugar donde la cocaína y los cuchillazos son cotidianos. Han llegado a un estado de locura que ya el robo es a gente que de chicos los vio crecer. Son degenerados, asesinos fríos a la hora de apretar una viejita de 80 años y despojarla de lo poco que lleva. Eso es vivir en el Munilla. Todos están presos del miedo y solo les interesa no meterse con nadie sin importar si afuera hay un pibe que tiene un cuchillo en la garganta y pide ayuda a los gritos porque lo están robando". Estas fueron las palabras de Sergio, un hombre que decidió dejar el barrio donde creció y al cual aseguró que llegó a odiar."Esta gente arruinó mi vida. Jamás pude traer amigos y amigas a mi casa. Jamás pude saber lo que era un cumpleaños, una fiesta, porque si lo hacía amenazaban o les robaban. Ellos tienen nombre y apellido, incluso han sido enjuiciados y condenados en varias causas penales, pero pareciera que nada los toca", expresó con indignación y recordó fiestas en la que "se mofaban porque no caían presos" o "cuando falleció el policía de un infarto en el barrio, ellos festejaban", señaló."Hoy todo está peor. Contrarrestan a la Policía con piedras, a tal punto que tipos entrenados quedan en ridículo. Las mujeres alzan a sus bebés y los ponen frente a los policías, usándolos de escudo para proteger a esta manga de degenerados", describió el entrevistado que vio esta escena en reiteradas oportunidades."Ya no importa que hagan a partir de acá, ellos ganaron: hicieron ir a la mitad del barrio y la gente que quedaron tienen miedo o viven como un preso, encerrados entre candados y rejas. Pasar por el barrio es solo ver carteles de casas en venta, al Munilla lo inundaron de injusticia, lo arruinaron", lamentó."Todo el mundo sabe quiénes son. La Policía y la Justicia más que nadie. Yo los conozco a todos los chicos, que hoy son hombres, desde muy chiquitos. Yo los vi crecer, jugar en la puerta de mi casa. Hoy, me tengo que cuidar de ellos mismos, porque ya me han robado y lo van a volver a hacer si tienen la oportunidad""Todo el mundo sabe quiénes son"María tiene 55 años y hace más de cuarenta que vive en el Munilla. Dice conocer a todas las familias del barrio y ha sido víctima, en más de una oportunidad, de la delincuencia que, por estos tiempos, es moneda corriente para los vecinos del lugar. Hace unos años debió poner rejas "en cada una de las aberturas de la casa", ya que "se te entran por donde sea y a cualquier hora"."Cuando nosotros llegamos, hace más de 40 años, la realidad era otra. Podías salir tranquilo de tu casa, dejar las cosas en la puerta, y no pasaba nada. Ahora tenemos que vivir adentro, con todo cerrado y rogando que no pase nada, porque acá en cualquier momento se arma una pelea en la calle y vuelan piedras para cualquier lado, es un peligro", relató.Sin embargo, lejos de poner a todos los vecinos en una misma bolsa, María rescató a "la gran mayoría", que trabaja y no genera problemas, y apuntó a "dos o tres familias muy conflictivas"."Todo el mundo sabe quiénes son. La Policía y la Justicia más que nadie. Yo los conozco a todos los chicos, que hoy son hombres, desde muy chiquitos. Yo los vi crecer, jugar en la puerta de mi casa. Hoy, me tengo que cuidar de ellos mismos, porque ya me han robado y lo van a volver a hacer si tienen la oportunidad", agregó.Por otro lado, y en coincidencia con el resto de los relatos recogidos por ElDía, la vecina apuntó al narcotráfico y a los kioscos de droga existentes a pocos metros de su casa. En este sentido, criticó el accionar de la Justicia y la "convivencia" que tienen los delincuentes para poder llevar a cabo el negocio."Después de tanto tiempo, ya sabemos de memoria cómo funciona. Acá te pueden romper todos los vidrios de tu casa, quemártela inclusiva, como ya pasó, o te pueden meter un tiro en la cabeza, como también ya pasó, entonces ¿qué pasa?", se preguntó. "Pasa que llega la Policía, tira algunos balazos de goma al aire, les destrozan los patrulleros, se van y acá no pasó nada. Y si se llevan algún detenido, a los dos días está devuelta acá en el barrio generando problemas, y la Justicia, bien gracias".Esto puede terminar en más tragediasLa historia de Julia y Marcos es ilustrativa de lo que han tenido que pasar otras tantas familias que vivieron en el barrio. Ellos están construyendo su vivienda en otra zona de la ciudad, pero hace poco más de dos años que vivían en el Munilla. Días atrás, cuando la "barrita" de la esquina de Mitre y Goldaracena volvió a ponerle un arma blanca a su marido en el cuello para sacarle plata, Julia tomó la decisión: "nos vamos del barrio"."No se puede vivir más así. Ya nos había pasado hace unos años. Cuando mi marido salía a trabajar, le pusieron una navaja en el cuello para sacarle plata, hace unos días volvió a pasar lo mismo y decidimos irnos", relató."Yo trabajaba y tuve que dejar de hacerlo. No podía salir en la bicicleta porque te paran a pedirte 'peaje', y si no les das puede pasar cualquier cosa. No tenemos hijos nosotros y aun así nos tuvimos que ir, imagínate las familias que tienen nenes", agregó.Por otro lado, apuntó a una dura realidad de la que el barrio no escapa: las drogas. En este sentido, eligió contar la imagen más dura que le tocó vivir el tiempo que vivió allí: "Salía de mi casa y una mamá, jovencita, llevaba en los brazos, inconsciente, a su hijito de 7 u 8 años, estaba totalmente drogado, me partió el corazón".Por último, la mujer remarcó el miedo que sienten los vecinos "que no se pueden ir del barrio", que "no hablan por temor a represalias"."Esto puede terminar en más tragedias. Es difícil imaginar que alguien haga algo acá. Pasa el tiempo y en vez de mejorar como otros lugares, acá cada vez peor", cerró.
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