Murió el escritor gualeguaychuense Miguel Silvestrini
El escritor falleció ayer a los 87 años. Fue reconocido por su trayectoria y su trabajo dedicado a las letras. Fue maestro normal, dio clases en la escuela Nocturna Libertad. También fue preceptor en el Colegio Nacional y dirigió carrozas estudiantiles, entre otras muchas actividades artísticas. En su paso como carrocero ganó los primeros premios, destacándose por su sensibilidad por el arte. Fue autor de obras literarias: desde sonetos, cuentos infantiles, relatos y obras de teatro.Silvestrini fue creador en 1971 del certamen provincial de teatro estudiantil que se realizó varios años en el salón de la escuela Gervasio Méndez y donde participaron elencos estudiantiles de toda la provincia. UN HACEDORTal como lo recuerda uno de sus discípulos, Daniel Hernández, Gualeguaychú despide a un hijo dilecto, a un gran escritor y a una mejor persona."Fue de los primeros, de los adelantados en los años 70's en llevar el arte a los barrios y en un escenario rodante (un acoplado prestado) hizo teatro popular en los barrios, gratis, claro"."Cuando los años le empezaron a restar vitalidad al cuerpo, se dedico a seguir escribiendo y ganando premios en cuantos juegos florales participaba. Pero también le daba gran parte de su tiempo a los teatros de títeres; de hecho, el frente de su casa era un homenaje al transhumante que llevaba adentro", recordó Hernández.Su teatro, La Rueda, "fue un cincel que marcó la piedra teatral en la ciudad y en toda la zona, y sus obras llegaron a muchos escenarios. Cientos de jóvenes, en su mayoría estudiantes participaron de esas representaciones que iban, desde el acoplado callejero hasta el teatro 3 de Febrero de Paraná", contó."Una vez, actuando en ese Teatro durante la 6° Muestra de Teatro Independiente presentó una obra de su autoría y uno de sus actores causó sensación y arrancó -por su realismo- los aplausos de pie de toda la platea", comentó Hernández."Era un pintor, que encaramado en su escalera, filosofaba sobre la vida en un parlamento que intercalaba con temblores y resbalones haciendo verdadero equilibrio", describió su discípulo. "Era tan realista, que el público aplaudía entusiasmado sin saber si los resbalones habían sido reales, ni que quienes trabajábamos tras bambalinas temblábamos hasta que finalizó el cuadro", recordó."Cerró el telón otro gran maestro", dijo finalmente Hernández para despedir a su amigo.
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