Navidad sin magia
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Hay magos que fascinan a los niños y otros lo hacen con los adultos. Pero sabemos que conejos y palomas no habitan en galeras, y que ninguno, por más cruel que parezca, atraviesa con sables a su asistente.Por Jorge Eduardo Lozano* En torno a las celebraciones navideñas, varias publicidades apelan a nuestra capacidad de soñar, acaso una de las necesidades que todos tenemos. Pero corremos el riesgo de centrar la atención en paraísos imaginarios que solamente existen en una pantalla grande o pequeña de TV, tablet o celular, o en afiches callejeros.Imaginar que estamos bien no es suficiente para estarlo. Cierto es que a veces puede ser un buen comienzo. Pero sin no damos pasos para concretar los ideales estamos paralizados.En estos días estuve releyendo algunos pasajes del profeta Isaías, escritos varios siglos antes de Jesús. Usa expresiones muy fuertes y elocuentes. "Como la mujer embarazada que está por dar a luz (...), hemos concebido, nos hemos retorcido y no dimos a luz más que viento" (Is 26, 17). Y también: "Como el hambriento sueña que come, y se despierta con el estómago vacío; como el sediento sueña que bebe y se despierta exhausto, con la garganta seca" (Is 29, 8).Cuántas veces el hartazgo consumista nos lleva a esas experiencias. Gastamos dinero, compramos "promesas de felicidad" y la alegría no aparece. Más bien se profundiza el vacío existencial. Algunas experiencias son como fuegos artificiales, caras, bonitas y fugaces.Navidad no es magia, no es paisaje naïf o bucólico. No es emoción sin carne, sin Niño.Navidad es alegría para todo el pueblo porque Dios se hace cercano en la fragilidad y pequeñez de un Niño. Se hizo pobre. Si queremos encontrarlo busquémoslo entre los pobres, los que duermen en la calle, los enfermos, los presos, los adictos, los excluidos. Jesús nació en las periferias de una pequeña ciudad alejada del centro del Imperio. Predicó también entre los que eran mal vistos por autoridades políticas y religiosas de su tiempo. Si queremos encontrarlo ya sabemos adónde ir.En las misas de Navidades solemos besar una imagen bonita del Niño Jesús como gesto de ternura y devoción. Atrevámonos a completar el rito besando a los pobres, los excluidos y marginados, los que están atravesados por el dolor.Podemos elegir la Navidad de las apariencias y los trineos cargados, o la de Belén. Navidad es Jesús. No lo escondamos. *El autor es obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentinsa
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