Néstor Kirchner está dispuesto a todo: ¿quién le pondrá freno?
Por Jorge Barroetaveña
Primero fue el adelantamiento de las elecciones, con el pretexto de la crisis internacional, después su propia candidatura y ahora la de los gobernadores e intendentes. Si el barco se hunde, no quiere a nadie afuera.
Néstor Kirchner ha construido su carrera política sin un pelo de tonto. Debilitado y ofuscado por sus índice de impopularidad, no para de pergeñar estrategias para escaparle al chirlo electoral que avizora. Sabe que el doble discurso en política es moneda corriente y, desconfiado como es, no quiere que lo engañen. Sólo así se explica la increíble idea de atar a su suerte a todos los gobernadores e intendentes del Gran Buenos Aires. Kirchner no quiere compromisos de palabra ni doble juego, busca que la derrota, si viene, sea colectiva y todos paguen por igual.
El lunes, con las últimas encuestas en la mano, terminó de cerrar la idea. En el Gran Buenos Aires su intención de voto no puede perforar el techo del 35% y el crecimiento de De Narvaez y Stolbizer en el interior, sigue sin detenerse. La radical, hoy Coalición Cívica, se ha visto favorecida por el efecto Alfonsín, y su prédica cae bien en los sectores medios y rurales del interior bonaerense. De Narváez es otra cosa para Kirchner. El empresario colombiano, como lo llamó Aníbal Fernández, se atreve a dar batalla y pelea por un sector del electorado que monopolizada la era K. Con los restos del duhaldismo, aprovechando el mal humor social con la pareja presidencial, y el impulso que le da el PRO, en el primer cordón del Gran Buenos Aires, se encamina a hacer una muy buena elección. Quizás no le alcance para ganar, pero sí para asestarle un golpe mortal a la mayoría kirchnerista en el Parlamento y dejar sin chances de victoria nacional al oficialismo.
El oficialismo necesita repetir la misma elección que en el 2.007, casi un 45% para compensar eventuales derrotas en el resto del país. Córdoba ya declaró su independencia con la elección de Eduardo Mondino (confesó que votó a Pino Solanas en el 2.007) como candidato por el Justicialismo, lejos del Frente para la Victoria. En Santa Fe los operadores oficialistas alumbran alguna esperanza aunque su suerte está atada a lo que decida Carlos Reutemann. “Nos vamos a tener que bajar los pantalones y aceptar lo que pida. Sino esto es un desastre”, dijo al borde del sincericidio uno de los pocos que aún tienen diálogo directo con el ex corredor de Fórmula 1. En Capital el kirchnerismo parece un pantalón deshilachado y busca desesperadamente un candidato que les permite hacer una elección decorosa. El panorama no es menos sombrío en Mendoza donde Cobos ya anunció su acuerdo con la UCR y habrá candidatos en conjunto y en el resto del país, no son pocos los gobernadores que empiezan a mirar para otro lado.
Especial enojo provocó en Néstor Kirchner verificar que muchos intendentes del Conurbano estaban ‘acomodando’ gente propia en las listas de De Narváez. ¿Cómo es eso? Los ‘caciques’ no quieren perder la mayoría que tienen en los Concejos Deliberantes y si para eso es necesario ‘coquetear’ con el empresario colombiano no les importa. Al cabo, Kirchner sufre en carne propia lo que padeció Duhalde después del 2003. Son los mismos que antes fueron menemistas furiosos, después se hicieron duhaldistas acérrimos y acabaron por ser kirchneristas de la ‘primera hora’. Es la lealtad que el sureño supo aprovechar pero ahora se le vuelve en contra.
Con este panorama el razonamiento fue lineal. Si juegan a dos puntas, la única forma de evitarlo es comprometiéndolos personalmente. Que ellos también pongan en juego su poder. Así nació la iniciativa de impulsar a los principales dirigentes y pedirles que formen parte de las listas. El primero en aceptar fue Daniel Scioli, a sabiendas que, después de la elección, seguirá siendo gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Ante la estrategia, casi todos los gobernadores pusieron el grito en el cielo. Es que en la mayoría de los distritos las listas están casi cerradas. En Entre Ríos parece tragicómico el asunto. Un matutino porteño afirmó el viernes que Busti y Urribarri acordaron la candidatura del primero y que era imposible dar marcha atrás. Rápido, el concordiense, que quiere preservarse de la contienda, hizo aclarar a través de un diputado que la noticia era errónea, y no había decisión alguna sobre su candidatura.
Lo cierto es que el panorama, a menos de tres meses de las elecciones, luce complicado para los candidatos oficialistas y Kirchner no trepidará en buscar alternativas que favorezcan sus posibilidades. Pero con este intento, parece haber ido demasiado lejos. La metodología de presentarse para un cargo, conseguirlo, y después buscar otro es tan vieja como la política. Ni radicales, ni socialistas ni peronistas están exentos de haberla utilizado alguna vez. Es común entre los legisladores que no terminen sus mandatos porque se presentan para otros cargos o piden licencia para acceder a algún puesto ejecutivo. Lo que nunca se había dado hasta ahora es el reconocimiento público de esa estrategia y admitir sin dobleces que son ‘candidaturas testimoniales’. ¿Qué votará la gente entonces? ¿A candidatos que no son candidatos porqué nunca asumirán y volverán a su puesto original? En cualquier caso llevar adelante esta idea es malversar intencionalmente la voluntad del electorado y estafar a la democracia. No hay dobles lecturas. Lo haga quien lo haga. Quizás Kirchner ha tenido la ausencia de pudor de admitir la idea, pero eso no lo hace menos responsable. Ganar o perder forma parte del sistema, no es la muerte de nadie. Lo que no se puede hacer es violar las normas en nombre de la ‘gobernabilidad’. Ante el fantasma de la derrota Kirchner luce dispuesto a todo. ¿Quién le pondrá freno?
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