“Ni shopping, ni plancha” para Marina
Madre de dos hijos, doctora en psicología, profesora, esposa y lejos de ser una ama de casa. Una alumna destacada que asegura haber heredado de su padre la ideología política.GALERÍA FOTOGRÁFICA
{mp3}marinasimon051011{/mp3}Por Mónica Farabello El día comienza temprano para la única candidata mujer a la intendencia de Gualeguaychú, Marina Simón. "A las siete suena el despertador y diez minutos después ya estamos todos desayunando", explica antes de acordar el horario del encuentro.Su compañero de la vida pero también de fórmula política, Gustavo Faigenbaum, ayuda a su hija mayor, Lola de 7 años a preparar su desayuno, mientras Marina comienza a cebar los primeros mates.Leche, mate, facturas y mamadera para León, el menor de sus hijos de apenas un año y dos meses, se desparraman sobre la mesa de la cocina del matrimonio Simón Faigenbaum.Desde temprano, el padre de Marina llega a su casa, como todos los lunes y viernes, para llevar a su nieta al Colegio "Las Victorias". "Lola es una nena muy inteligente en las relaciones sociales, pero en el fondo es chica normal con sus caprichos", sostiene Faigenbaum.Sobre León, los dos coinciden en que "hasta el momento lo único que lo motiva es la comida; es un gordo tranquilo".Una rápida lectura a los principales titulares de los diarios y comienza el día laboral: organizar las actividades de la mañana y algunas anotaciones, mientras Gustavo se dispone a comenzar su trabajo de empresario, siempre cerca de la computadora.Marina demuestra ser una mujer muy independiente, tanto en lo laboral como en lo personal. Nombra a su marido por el apellido y se refiere a él en reiterados momentos de su día. "Faigenbaum sabe que jamás me va a encontrar en la cocina con una plancha, pero por suerte está muy bien educado: mi suegra es una genia", relata."Qué fantástica esta fiesta"El matrimonio coincide en ideología política y en su modo de llevar adelante la familia. Recuerdan el día de su casamiento como uno de los más divertidos de su relación."Nos conocimos en la UBA: él era profesor y ahí lo ví por primera vez. Tuvimos buena onda y después de cuatro años empezamos a salir", comienza a relatar su historia de amor."Siempre les digo a mis amigas que en la variedad está el gusto. Tuve muchos novios, incontables. Probé y me quedé con el mejor", cuenta con una gran sonrisa en la cara, mientras maneja para llegar a un negocio donde conocerá a una persona que le escribió para sumarse a su movimiento político.Gustavo y Marina se casaron en 2002. Argentina atravesaba una de las peores crisis políticas y económicas de su historia. En ese contexto, llegaron desde Estados Unidos, donde trabajaban y estudiaban y decidieron casarse en Gualeguaychú."Nos impactó ver cómo estaba el país. Veíamos que nuestra familia y amigos, estaban pasando un momento difícil". Según recuerdan "la fiesta de casamiento fue una inyección de alegría. Tenían sed de fiesta".El enlace fue celebrado en Buenos Aires y en Gualeguaychú. "Festejamos con todo, a tal punto que un amigo en plena fiesta me dijo: la estoy pasando demasiado bien para mi gusto" relata Gustavo mientras se ríe. "A los chiquitos nos cuesta más"La llegada a los medios de comunicación para dar a conocer sus ideas y sus propuestas, parece ser el objetivo de Marina que repite una y otra vez que "a los chiquitos nos cuesta más"."Los candidatos con otro tipo de estructura y aparato tienen una llegada más fácil, pero nosotros tenemos que caminar y golpear muchas puertas", explica. La mañana de Marina Simón fue destinada a realizar una recorrida por distintos medios de comunicación, donde se encargó de pautar publicidades, notas y hablar de su campaña."La estamos peleando. En la costanera y el centro ya nos conocen, pero nos falta un poco en los barrios", reflexiona. Su canción partidaria irrumpió unas diez veces en la mañana, es que lo tiene como ringstone en su celular.Deja las fotocopias para sus alumnos de la UADER, donde dicta clases de psicología y mira la hora.Hablar hasta con las manosHace 18 años que trabaja con la Asociación de sordos de Gualeguaychú. Su nombre en lengua de señas es "teatro" porque al comienzo "hacía más pantomima que otra cosa porque sabía muy pocas señas", confiesa Marina.De adolescente leyó un aviso en el diario sobre un curso de lenguaje gestual. "Fui y lo hice de metida que soy, y como en ese momento la lengua de señas estaba prohibida desde lo institucional, muchos de los que lo hicieron se apartaron", recuerda.Desde ese momento conoció "una cultura casi subterránea", relata. A partir de allí, su vida quedó ligada directamente con los integrantes de la asociación de sordos que la reciben con mucha alegría por ser una de las fundadoras y principales promotoras para que este espacio funcione en la ciudad.Sonriente y de buen humor participa del encuentro con más de veinte personas que padecen esta discapacidad. Se comunica de manera fluida con ellos y su verborragia se convierte en un lenguaje corporal natural."Mi tesis fue sobre las emociones en los sordos. Cuando uno no puede decir lo que le pasa, lo corporal es muy fuerte, por eso los enojos de los sordos son explosivos", cuenta.El lenguaje de señas estuvo prohibido durante muchos años, por lo que Marina resalta los 120 años de lucha que han atravesado para que su modo de expresión sea aceptado."De adolescente formaba parte del grupo de teatro Tablas, y fue ahí donde fundé el primer grupo de teatro para sordos de la provincia", relata. Ya con el grupo constituido comienzan los viajes para realizar diferentes presentaciones.Recuerda que fue "en los viajes donde se empezó a hablar más de la asociación" y también fue cuando aprendió "mucho más sobre la lengua de señas".A estudiar en rondaMultifacética, de risa fácil pero muy estricta, Marina saluda con un beso a sus alumnos de primer año de la carrera de profesorado de teatro de la UADER. Llega puntual, fuma un cigarrillo y comienza la clase: "todos en ronda para poder mirarse y escucharse", la primera orden de la hora.Desestructurada, se sienta sobre una mesa y conversa con sus alumnos de igual a igual. Ellos la llaman por su nombre de pila y la candidata invita a cada uno a presentarse para poder conocerse mejor."Le dejo mi propuesta"Las tardes de la única candidata mujer a ser intendente de la ciudad, se dividen entre el consultorio y las caminatas por los barrios de la ciudad. "Si gano las elecciones tendré que derivar algunos paciente, otros ya estarán dados de alta (...) pero lo que más me preocupa es la organización con mis hijos", cuenta Marina Simón.Junto a un grupo de militantes y candidatos a concejales recorren puerta a puerta varios puntos de la ciudad. "Si están las ventanas cerradas, tiramos la propuesta por debajo de la puerta y sino golpeamos" da la orden."Le dejo mi propuesta para las elecciones de octubre. Cualquier cosa vamos a andar dando vueltas por el barrio". Así se presenta Marina ante los vecinos que la reciben de muy buena manera.Su actividad como militante política comenzó de adulta. Cuenta que en la facultad participó de algunas actividades políticas. "Siempre lo escuchaba a mi papá hablar del socialismo. A él no le importaba quien iba de candidato, pero siempre les ponía su voto y ahora lo entiendo", relata la candidata. Marina en siete respuestasCuadro de fútbol: San Lorenzo de Almagro.Música preferida: "me gusta toda la música, depende de cómo esté en ese momento".Una película: "Los puentes de Madison" o "Tierra y libertad"Un libro: "El corazón helado" de Almudena Grandes.Comida favorita: Moqueca o carbonadaAlgo que la hace feliz: la sonrisa de mis hijos, tomar mates con mis amigos, estar con la gente que quiero. Soy fácil de hacer feliz.Algo que le da bronca: la injusticia en todas sus formas.
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