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“Ni siquiera las rejas detienen a la delincuencia”, aseguró una víctima

Mariana González, una vecina de calle Tolomey, en el barrio de Pueblo Nuevo, sufrió dos robos en lo que va del año. El segundo fue el sábado. Se ausentó de su casa por la tarde y al volver le habían robado dos televisores y una notebook. Antes, en febrero, le revolvieron toda la casa y se llevaron 150.000 pesos. A una semana de tener su cuarto hijo, González contó a ElDía que el sábado regresó a su casa alrededor de las 20 y al ingresar notó que algo estaba mal. “Todos los cajones estaban dados vueltas y no dejé que los chicos ingresaran a la vivienda. Habían levantado la reja, pese a que la reforzamos. Directamente llamé a la Policía”, relató la damnificada. Esta vez tuvieron que romper la reja, pero lo anecdótico es que utilizaron una pala de punta como barreta, que encontraron en el patio de la casa. Al igual que lo sucedido en febrero, “revolvieron todo en la búsqueda de más plata y dejaron todo para arriba en los dos dormitorios, en la cocina y en el comedor”. Esta vez se llevaron dos televisores Smart de 32 y 40 pulgadas respectivamente, además de una computadora portátil que tenía guardados archivos de la actividad como docente de la mujer y del estudio contable donde trabaja. El primer robo lo sufrió el 26 de febrero. “Me acuerdo con precisión porque era el cumpleaños de un amigo de mi nene. Yo me fui a trabajar a la escuela, mi marido a su laburo, y cuando regresé a mi casa por la tarde, me encontré con la casa toda revuelta y el faltante de los 150.000 pesos, un dinero que veníamos ahorrando para construir nuestra casa, dado que en la que vivimos es propiedad de mis padres”. Aquel día “los chicos entraron primero, levantaron la ventana y observaron que el lavarropas estaba tirado en el piso y la reja arrancada de la pared”. La mujer contó que cada vez que sale “reviso cada puerta, cada reja, cada ventana por temor a que me vuelvan a entrar”. Recordó que el sábado, cuando sucedió el último robo, “iba a dejar levantada una ventana para que entrara un poco de sol, y aunque desistí de hacerlo no sirvió de nada porque levantaron la reja e ingresaron  como si nada”. Cuando su marido trabaja de noche prácticamente no duerme, “penas si puedo cerrar los ojos por el miedo a que ingresen nuevamente, o que les pase algo a los chicos”, de 12, 7 y 5 años. Cuando sucedió el primer robo hubo allanamientos, pero no se recuperó nada, igual que ahora que pese a que la Policía le pidió a un vecino las grabaciones de las cámaras de seguridad para analizarlas, hasta ahora no se sabe nada. Junto a su esposo evalúan poner rejas en el patio para que los delincuentes no puedan bajar de los techos. “Es algo que suena a loco, pero así no podemos seguir. Tenemos barrotes en la entrada a la casa, en las piezas, en la puerta ventana, en la ventana de la cocina y ahora, en breve, en el patio”. La calle Tolomey tiene una sola cuadra y desemboca en la avenida Parque. Es una zona en la que existe un solo terreno sin construir, mientras que el resto está edificado. En la mitad de la cuadra se encuentra una estación de Gas Nea, el lugar por el que se supone que habrían ingresado por escalamiento.

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