Nina Fuentes: “Lo más importante es transmitir todo lo que uno ha aprendido”
Es, sin dudas, una referente obligada cuando de danza clásica se trata. Ha logrado imponer su nombre como una verdadera marca registrada pese a lo cual, no se percibe a sí misma como una empresaria. Luis CastilloColaboración Nina Fuentes, madre de dos hijos -Rogelio, su productor y mano derecha y Ramiro, ingeniero- sin antecedentes artísticos en la familia (aunque en la rama materna hay varios poetas y músicos, aclara) asegura que "no desde lo económico, al menos, porque en cuanto a lo que me pudo haberme dejado de ganancia todo lo que he hecho, es nada. Como empresaria, visto solamente desde lo económico, no sirvo".- ¿Como fueron tus inicios en la danza?"A los 8 años yo era muy delgada y desgarbada -recuerda cruzada de piernas sobre el parquet del estudio- entonces en casa decidieron enviarme a danza para ver si lograba corregir la postura. Empecé en aquel tiempo con "Tuchi" Tourón. Ella fue mi primera profesora y con ella me recibí. Por entonces había no más de tres academias en la ciudad (María Elena Dacal y Pochi Lagan eran las otras dos profesoras) por eso yo siempre digo que mi delgadez y mi mala postura fueron las causales de mi acercamiento a la danza. Yo no creo en las casualidades. Junto con la secundaria, terminé mis estudios de danza. Quería seguir estudiando en Buenos Aires -pensaba estudiar profesorado de educación física- pero en mi casa no me dejaron porque tenían miedo. Era 1976. Sucedían cosas en el país que yo ignoraba por completo, uno vivía en ese momento como dentro de una burbuja, ¿no? pero mis padres sí sabían que eran tiempos peligrosos; entonces me sugirieron que esperara un poco. Entonces, para aprovechar el tiempo, empecé a enseñar en un local que me alquiló papá a la vuelta de casa, voy a enseñar durante este año -me dije- y después veremos...y pasaron 35 años desde entonces. Esa es la verdad. Yo nunca estudié para ser profesora de danza. Fue así como empecé, porque no sabía qué otra cosa podía hacer, pero después terminó convirtiéndose en la pasión de mi vida que es esto".- Pasaron muchos años y muchas historias personales crecieron al cobijo de la música y la coreografía, del esfuerzo agotador y los desvelos. ¿Cómo es que se logra todo eso?- Creo que eso no es un logro personal sino que fue hecho por la misma gente que viene al Instituto; nosotros (hablo en plural porque somos un grupo los que hacemos todo esto) tenemos en claro que lo más importante es la responsabilidad y la honestidad con las que uno se maneja. Yo tengo en claro que los chicos no vienen solamente a pasar un buen momento bailando, es mucho más que eso, lo que aprenden acá es para toda la vida; eso lo sé. Aprenden lo que es el orden, la responsabilidad, la disciplina en el trabajo; además de una base, una preparación a nivel físico que no la pierden nunca."- ¿Honestidad es decirle a alguien que no tiene condiciones físicas para el baile?- No, en absoluto, nosotros vemos mucho más allá de lo físico, no nos interesa si el chico es gordito o flaquito, de hecho yo misma empecé danza para ver si corregía mi delgadez. No, no pasa por lo físico, acá tengo alumnos que desde hace muchos años que están conmigo; hemos compartido su niñez, su adolescencia, por eso me interesa no sólo formarlos como bailarines sino enseñarles a compartir, compartir lo bueno y lo malo, las alegrías, las tristezas, sin que eso signifique que salgan todos amigos, se trata de un aprendizaje de convivencia en definitiva.- ¿Aprender arte no te convierte en artista?- Hay que ser muy cuidadoso con eso. Todos los artistas tenemos muy desarrollada nuestra sensibilidad, somos mucho más sensibles que los demás ya que trabajamos con el alma. Así como hay quienes trabajan sólo con el cuerpo, nosotros trabajamos con el alma; los alumnos perciben eso, reciben eso, y así se van formando. Muchas veces resulta muy difícil explicarle a un chico que no está (preparado) para hacer un solo sino para bailar en grupo y eso es muy difícil, es necesario mucho diálogo, y a esto también me refiero cuando hablo acerca de la honestidad y el respeto. Naturalmente que sería bueno tener no uno sino diez bailarines principales, pero no siempre es así y es importante que los chicos lo entiendan. Creo que cada uno está en el lugar que le corresponde aunque quizás alguna vez pude haberme equivocado, sin dudas.- ¿Y cómo lo toman a eso las madres?- Cada tanto alguna madre viene a preguntarme: por qué mi nena está ahí o no está; en eso yo tengo experiencia y soy intransigente, yo no permito a los padres que vengan a decirme lo que tengo que hacer. Y eso también es respetar a los demás. Naturalmente que los escucho pero no permito que interfieran en mi trabajo y en mis decisiones.- ¿Es una disciplina competitiva?- Absolutamente. Sumamente competitiva. Yo fui pionera en esto de salir a competir y creo que a los chicos les gusta también ir a participar de los certámenes, creo que ayuda, que es un estímulo, pero sin embargo hoy las reglas del juego han cambiado y pareciera que la consigna es que nadie vuelva de un certamen sin un premio y creo que eso desvirtúa la razón de ser de estos eventos, los vuelve muy comerciales. Por eso dejamos un poco de participar. Prefiero prepararlos como bailarines para que disfruten y no para que vayan a competir con otros.- ¿Cuál es el límite entre el placer de la danza y la rigidez que ésta implica?- La danza, esto -enfatiza- es trabajo, trabajo y más trabajo. Trabajo, sudor, dedicación, disciplina. La danza clásica es sumamente rigurosa, no puede haber medias tintas, es absolutamente perfeccionista. Recién cuando se ha alcanzado el máximo rendimiento tanto físico como en lo técnico, recién entonces podes empezar a disfrutar, mientras tanto no. Es durísimo, pero es así, por eso mucha gente no elige el clásico y se vuelca más a otro tipo de danzas.- ¿Qué balance haces de los 35 años de docencia?- Recién ahora siento que empecé a disfrutar de todo lo que hice, es mi momento de empezar a disfrutar. Hoy me siento feliz, siento que he dado lo máximo de mí. A veces me duele pensar en cuántos pasaron por acá y que uno esperarían que vuelvan, ¿no? que pasen; pero son muy, muy pocos los que se acuerdan de que acá compartimos tantos años y tantos sueños. Pero, por otro lado, está el placer de ver a los que llegaron a donde querían llegar, grandes bailarines del Teatro Colón o del Teatro Argentino de La Plata y que siempre están conmigo, nunca se olvidan. Eso creo que es lo más valioso. Como también, en este espectáculo que presentamos ahora, tengo doce bailarinas que prácticamente empezaron conmigo hace 30 años. Eso es muy gratificante.- ¿Soñaste con llegar a bailar al Teatro Colón?- Realmente me hubiera gustado ser bailarina.
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