“Ninguno es imprescindible, pero tampoco, nadie es descartable”
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La interna en el partido justicialista local se evidenció en plena asunción de Martín Piaggio como presidente departamental. Fuertes acusaciones lo tildaron de "ingrato con veleidades de comandante", de "tirar los viejos por la ventana" y de crear un peronismo "sectario y bolchevique".Pasados los días del enfrentamiento mediático de los dirigentes del peronismo local, el hijo del senador nacional, Guillermo Pedro Guastavino, volvió a reflexionar sobre la interna.Ireneo Guastavino expresó: "Yo tenía 16 años en septiembre de 2002, cuando escuché a Néstor Kirchner hablar por primera vez en Gualeguaychú, en el Club Racing. Vino con Pemo, cuando nadie lo conocía, en esa época en que la política era mala palabra y el peronismo más. Tenemos que dar la batalla de construir un país distinto, dijo. Y nos propuso un sueño y lo puso en marcha. Nota relacionada: Dirigente del PJ a Piaggio: "ingrato con veleidades de comandante" En el 2003, el peronismo perdió en la ciudad con el Nuevo Espacio. Pero en la provincia, en la Vice, Gualeguaychú contaba con un aliado incondicional que me enseñó a mí y a muchos, que la mejor forma de lograr que la política sea una herramienta de transformación y de bienestar para el pueblo es el diálogo, aún con quienes no piensan como nosotros. No es fácil aprender esto, a los argentinos nos costó la juventud de una generación entera.Desde la Vice, Pemo articuló y gestionó para que llegaran a Gualeguaychú recursos que hacía años no venían; fondos para obras básicas que fueron cambiando la calidad de vida en la ciudad: agua, gas, viviendas, escuelas, rutas y caminos. Aquellas largas jornadas de sábado, domingo y feriados abriéndole la puerta de su domicilio a los vecinos que necesitaban una mano.No fue magia, como nos gusta decir, fue el enfoque de un proyecto de gobierno que decidía de ese modo, hacer obras, generar trabajo y movilizar el mercado interno. Y a fuerza de militancia apasionada, en el 2007 logramos recuperar la ciudad, los barrios, las banderas. Y el peronismo volvió a ganarse la confianza de la gente.No fue una persona, ni dos, ni tres. Fue un conjunto. Fue un partido que se unió en la convicción de que se podía hacer mucho más por la ciudad. Fuimos los jóvenes junto a los viejos y la generación de dirigentes a la que en ese momento le tocó ponerse al frente. Fuimos muchos haciendo fuerza por lo mismo, sosteniendo la gestión del gobierno que empezaba, apoyando las luchas del gobierno nacional y provincial.Hoy el peronismo vive un momento particular, somos oposición en la nación, oficialismo en la provincia y perdimos demasiados municipios. Las críticas y autocríticas atraviesan las conversaciones en todas las básicas y no podemos desoír ni el mandato de la sociedad que se expresó por un cambio ni desconocer la gravedad de algunos hechos que manchan lo que fue el proceso de transformación, inclusión y desarrollo más grande desde el primer peronismo.Lo bueno y lo malo debe estar puesto sobre la mesa para poder corregir, reconstruir y proyectar un mejor futuro. Pero fundamentalmente, creo que debemos estar todos en esa mesa para poder hacerlo. Sin bajar a nadie, sin alejar a nadie. Ninguno es imprescindible, pero tampoco, nadie es descartable. Que la unidad y la apertura sean más que buenas intenciones".
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