No es el paraíso, pero un lugar en las listas se le parece bastante
Por Jorge Barroetaveña
Con Kirchner como estandarte, el gobierno se juega todo o casi todo.
Las elecciones de medio término, es cierto, han sido bisagras en la historia argentina. Sólo evaluando lo que sucedió desde el retorno democrático en 1.983, las legislativas han servido para medir el humor social y anticipar lo que se venía. En 1.985, el ex presidente Raúl Alfonsín consiguió un triunfo pero en el ’87, la renovación peronista lo empezó a poner contra las cuerdas. Aquel cartel famoso de ‘no le ate las manos al Presidente” no alcanzó para revertir la tendencia que ya se insinuaba. Jaqueado por protestas militares y una economía que empezaba a írsele de las manos, Alfonsín no pudo revertir la tendencia, hasta que se vio obligado a tener que adelantar la entrega del poder. La hiper del ’89 y la derrota de ese mismo año fueron apenas el final de una historia cantada.
Con Menem, en su segundo mandato, pasó algo similar en 1.997. La Alianza por aquel entonces era una fuerza incontenible y la convertibilidad también había empezado a dar señales de fatiga. El triunfo opositor de aquel año fue el preanuncio de lo que vendría. El peronismo tampoco pudo sobreponerse al revés, y en 1.999 Duhalde perdió la presidencia a manos de Fernando De la Rúa. Justamente, el propio De la Rúa tuvo su Waterloo electoral en el 2.001. A partir de allí quedó rehén del peronismo, y no pudo repechar más la cuesta. En todos los casos hay un hilo conductor: la economía. En el ’87, en el ’97 y en el ’01 estaba atravesando momentos díficiles y buena parte del electorado votó guiada por esos designios.
De todas maneras, el caso de Néstor y Cristina Kirchner, es distinto y ofrece particularidades. Es que no se trata de gobiernos distintos. En la percepción popular, y la propia administración lo remarca, la gestión kirchnerista arrancó el 25 de Mayo de 2.003. Los siete años son entonces parte de una misma gestión, lo que la somete al desgaste lógico y natural del ejercicio del poder. Hace pocos menos de dos años, Cristina arrasaba en las elecciones, con la promesa de profundizar el rumbo pero hacer algunos ajustes. Los reclamos de mayor institucionalidad, distribución de la riqueza y reforma política, formaron parte de aquellas demandas, aún insatisfechas. En marzo del año pasado llegó el conflicto con el campo y la bisagra en el cambio de expectativas. El gobierno, encerrado y mirando su propio ombligo, ignoró los reclamos y no pudo solucionar el conflicto. Después llegó la crisis internacional y empezaron las fugas en el PJ y el evidente deterioro del liderazgo omnipresente de Néstor Kirchner. ¿Alguien imaginó hace un año que habría gobernadores que rechazarían la presencia de los Kirchner por temor al impacto negativo en las encuestas? La corta visita de Cristina el jueves a Entre Ríos fue una muestra contundente. La primera mandataria apenas sobrevoló la provincia: su visita no duró más de dos horas, participando de un acto acotado, plagado de funcionarios y empleados de fábricas del Parque Industrial de Paraná. La protesta previa de los ruralistas sumó más tensión al viaje y acabó por tapar el objetivo del viaje.
También lo que sucedió en Capital Federal es una muestra de la debilidad kirchnerista. Recién al final y por los palos, el ex presidente pudo imponer a Carlos Heller como su candidato, con la resistencia fuerte del aparato peronista. Hubo varios que amagaron con portazos y otros que directamente criticaron el autoritarismo de Kirchner. Uno de ellos fue Telerman y el propio ex Jefe de Gabinete Alberto Fernández, quien se manifestó desorientado por las actitudes del oficialismo.
Con barquinazos y resistencias, Néstor pudo finalmente, imponer las candidaturas testimoniales en la Provincia de Buenos Aires. Le fallaron Andrea del Boca y ‘Solita’ Silveyra pero aceptó la sugerencia de Scioli e invitó a Nacha Guevara. Detrás de ellos se encolumnarán varios de los ‘barones’ del Conurbano que redoblarán la apuesta, aunque con reservas. No son pocos los que han colocado en lugares estratégicos del PJ Disidente candidatos propios. Es que los ‘barones’ del Gran Buenos Aires saben como es la historia y abren el paraguas. Al cabo son los mismos que apoyaron a Duhalde, Menem, Cafiero, y ahora a Néstor Kirchner.
*********************
La oposición hace poco por conseguirse los favores del electorado. Las peleas también estuvieron a la orden del día y hubo riesgos ciertos de fracturas entre el cobismo y la Coalición Cívica en la Provincia de Buenos Aires y entre el macrismo y el PJ Disidente de De Narváez y Solá. Veinticuatro horas antes del cierre de las listas, los hombres de Cobos estaban afuera de las listas en la Provincia de Buenos Aires, por el veto de ‘Lilita’ al intendente de Pergamino. Al final, la intervención de Stolbizer calmó las aguas y trajo paz, aunque no se sabe que tan profunda son las heridas que quedaron.
Entre los macristas y peronistas disidentes sucedió algo similar. Al final, los hombres de Duhalde que quiso imponer Solá quedaron lejos o directamente se fueron del armado. Es que De Narváez luce cada vez más independiente. Envalentonado por los números de las encuestas, el empresario sigue ampliando su margen de maniobra e imponiendo condiciones a sus aliados. Su apuesta es al 28 y ahí se sabrá si está en lo correcto.
En esta mescolanza, el oficialismo no es precisamente, un gran aportante de tranquilidad para los votantes. El miércoles, Kirchner superó todos los límites y anunció un nuevo corralito si pierden el 28 de junio. La afirmación, temeraria, sólo busca sembrar miedo. Una contradicción para quien acusa a sus opositores de profetizar desastres. ¿Sabrá lo que es la profecía autocumplida?
Este contenido no está abierto a comentarios

