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"No quisimos matarlo", dijo ante el juez uno de los rugbiers acusados

Matías Benicelli, acusado de ser partícipe necesario en el crimen de Fernándo Báez Sosa, fue el único en hablar en la audiencia frente al magistrado David Mancinelli, que deberá resolver su prisión preventiva. La defensa atacó a la fiscal y pidió la nulidad del proceso en base a supuestas fallas en la rueda de reconocimiento

Hoy por la mañana en el Juzgado de Garantías Nº6 de Villa Gesell, los ocho acusados de matar a patadas en el cráneo a Fernándo Báez Sosa comparecieron ante el juez David Mancinelli, en una audiencia pedida por su defensa a cargo del abogado Hugo Tomei y por los abogados de la familia de la víctima, con el abogado Fabián Améndola. Custodiados celosamente desde su traslado en el penal de Dolores, llegaron a la dependencia en la esquina del Boulevard Gesell y la calle 130 sin ser vistos por la prensa y los vecinos que se agolpaban. El objeto de la audiencia fue oír los argumentos de las partes antes de que el magistrado resuelva el pedido de prisión preventiva formulado por Zamboni el lunes último con un escrito de 250 páginas presentado a Mancinelli donde se incluyeron como pruebas los resultados de pericias a teléfonos, declaraciones de más de 20 testigos y los resultados de la rueda de reconocimiento.

Mancinelli habló frente a los ocho acusados: les aseguró que no permitiría que sean maltratados dentro de la cárcel por penitenciarios o por otros detenidos, que su seguridad debía ser garantizada, que su deseo era que ningún detenido sufriera más de lo que mandara la ley. También, que los acusados podían usar su derecho a hablar, aunque lo que dijeran no tendría el tenor de una declaración indagatoria, que lo que valdría en el expediente, sería, efectivamente, un interrogatorio frente a la fiscal Zamboni.

Máximo Thomsen, sentado en su silla, fue el único en llorar. No sollozó, no gimió. “Un llanto de tristeza”, aseguró un presente.

Solo uno de ellos habló, dijo una única frase: “No quisimos matarlo”, aseguró. Fue Matías Benicelli, acusado de ser partícipe necesario del crimen, el que le abrió la puerta a la Policía Bonaerense en la mañana del viernes 18 cuando llegaban para arrestarlos. A la salida, sus padres tuvieron que regresar corriendo a sus autos, mientras vecinos convocados gritaban “¡asesinos!" con pancartas varias.

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