“Nos gusta ganar el Mundial y que sea con el gol en el último minuto”
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El director del Área de Desarrollo Económico de Cippec analiza cómo se será la transición económica y política en la Argentina, habla de la visión mágica que caracteriza a los argentinos que esperan que algún milagro solucione las cosas, y asegura que lo que se juega en diciembre es el destino de los próximos 20 años del país.Florencia CarboneEn general, para ser campeones se requiere de planificación, trabajo y esfuerzo, y eso puede llevar años. Con el desarrollo de un país las cosas no son muy distintas.Lucio Castro, director del Área de Desarrollo Económico del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) traduce a lenguaje deportivo lo mismo que dicho "de modo técnico" resulta complejo y tedioso. Es casi un análisis sociológico de los argentinos: "Nos gusta ganar el Mundial y que sea con el gol en el último minuto", dice. Y agrega que en nuestro país predomina una "visión mágica" que implica que "nos salvaremos" con un buen precio de la soja, con Vaca Muerta o algún otro milagro coyuntural.Sin embargo, advierte: "Los países que se han desarrollado lo han hecho través de un trabajo largo, complejo, paciente, no ganándose la lotería. Ahí las probabilidades están en contra tuya. Ser desarrollado implica básicamente un trabajo para generar consensos, ahorrar, invertir, mejorar la productividad y ese es un camino largo que la Argentina tiene que recorrer si algún día quiere ser un país desarrollado".Durante una entrevista en Trade Radio, el Doctor en Economía por la Universidad de Sussex, Magíster del Programa en Políticas Económicas por la Universidad de Columbia, autor de numerosas publicaciones y frecuente expositor en conferencias sobre economía internacional, dijo que a pesar de los problemas coyunturales que hay en el país, los desequilibrios no son críticos."La coyuntura argentina está muy marcada por el dólar, por las cuestiones del financiamiento, el cepo y todo lo demás, pero si lo ponés en perspectiva histórica, si bien hay desequilibrios económicos muy importantes vinculados sobre todo con el desequilibrio fiscal, no son desequilibrios críticos como vivimos en el '89 o en 2001. Esta probablemente sea la transición de un gobierno a otro con una situación económica menos traumática de los últimos 30 años, y eso de por si es un dato muy relevante", explica.-Si la transición no será tan compleja, ¿tiene sentido la discusión de si hace falta aplicar políticas de shock o graduales o a pesar de eso hay cuestiones centrales que el próximo gobierno tendrá que cambiar de todas maneras?-No es tan mala comparada en términos históricos, con dos grandes crisis que tuvimos de forma reciente, pero al mismo tiempo la Argentina tiene un desequilibrio que de alguna manera tiene que resolver, un nivel de inflación muy elevado, déficit fiscal que básicamente se financia con transferencia del Banco Central al Tesoro, una situación de la balanza externa muy compleja con grandes restricciones como el caso del cepo cambiario. Y una situación totalmente anómala que es un país que se financia al 10% en dólares anual cuando el resto de la región se financia al 4%, a 30 años. Todas esas son deudas pendientes con las que el próximo gobierno tendrá que hacer algo. Esta idea de que hay sólo dos alternativas para resolver estos problemas: shock o gradualismo, no es cierta. Hay otra alternativa que es el continuismo, que creo que es difícil de mantener porque esta situación no se puede prolongar mucho más. Con los desequilibrios que tiene la Argentina, el continuismo generaría más recesión, menos creación de empleo, más aumento de la inflación. La política de shock al mismo tiempo generaría un escenario igual o peor porque un escenario de devaluación provocaría suba tarifaria, ajuste fiscal muy virulento y esto probablemente generaría más inflación en el corto plazo y una contracción económica importante.Hay un tercer camino entre los dos extremos que es un escenario más gradual, más prudente, y sobre todo que pone en perspectiva estos desequilibrios que hay en la Argentina que son importantes pero tampoco inmanejables. Otros países en el mundo y en la región han salido de situaciones similares con liderazgo político, y un equipo económico solvente y competente. Nosotros podemos hacerlo evitando los extremos: el de no hacer nada y el de sobreactuar la profundidad, el dramatismo en los problemas que tiene el país.-¿Qué evaluación hacés de las necesidades de infraestructura energética del país? ¿Qué impacto puede tener Vaca Muerta?-Argentina tiene un problema crítico en términos de infraestructura. Hay una brecha entre lo que el país necesita desde el punto de vista de la demanda y la oferta que tenemos. Hay problemas en transporte, energía, telecomunicaciones, agua, saneamiento. Algunos números: hoy la mitad de la población no accede a servicios cloacales domiciliarios. Casi un 20 % no tiene agua potable en la casa. Tenés un déficit energético de más de 100.000 millones de dólares; con la red de celulares hay cortes constantes en el funcionamiento; bajos niveles de inversión. También tenés problemas muy graves en el transporte. Los costos logísticos aumentaron más del 40 % en dólares en la última década. Hay una situación muy crítica.Respecto de Vaca Muerta me parece importante señalar que hay una visión un tanto mágica de que nos vamos a salvar por el precio de la soja, por Vaca Muerta. Hay un contexto internacional que es mucho menos favorable que el que tuvimos en la última década, con precios de las commodities más bajo, menor crecimiento mundial y probablemente menor importancia de los productos intensivos en recursos naturales. Pero lo importante desde el punto de vista de una visión de crecimiento, de desarrollo de largo plazo, es evitar estas visiones mágicas.-Pareciera que tras una década de protagonismo, ahora los emergentes pasaron de moda y el eje del crecimiento vuelve a estar del lado de los desarrollos. ¿Estamos condenados a ser eternamente emergentes o algún día podremos pasar del otro lado? ¿Qué hace falta para dar ese salto?-Creo que no estamos condenados al éxito ni al fracaso. Lo que sí es cierto es que la Argentina está en un club del cual muy poca gente logra el ascenso: el club de los países de ingresos medios. Se habla de la trampa del ingreso medio, que es básicamente países que salieron de la pobreza, tienen ingresos medios pero no logran desarrollarse. Lo cierto es que hay muy pocos países -el caso de algunos del sudeste asiático, China-, que han logrado de alguna manera salir o están saliendo de esa trampa, pero en la región, ni siquiera Chile salió de esa trampa.Chile y México están en la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) pero tienen los típicos problemas que tienen los países en desarrollo: niveles de inequidad fenomenales, pobreza todavía importante, problemas estructurales desde el punto de vista de generar una economía más innovadora, más diversificada. Es un club del cual es difícil salir y el camino para llegar al desarrollo es largo, complejo y requiere de muchas cosas que a los argentinos no les gustan. Sólo nos gusta ganar el mundial y con el gol en el último minuto. Y en general para ser campeón muchas veces en casi todos los deportes se requiere una planificación y un trabajo que puede llevarte una década.-Revertir la actual política de subsidios, apuntar a una educación que permita tener recursos humanos calificados para la nueva demanda del mundo, mejorar la infraestructura... Son todas cosas de mediano/largo plazo en un país en el que ni los ciudadanos ni los políticos parecen querer invertir en algo que no tiene rédito inmediato. ¿Dónde y cómo se hace ese quiebre para lograr un cambio de visión?-Los americanos tienen una frase que siempre me parece muy clara que es "The vision thing", tener visión. Claramente necesitamos tener un gobierno, y sobre todo un líder o un presidente, con visión de largo plazo de la Argentina. Y eso tiene que pasar por una percepción, una idea y comprensión de dónde está parado el mundo, que hoy está en un momento de cambio estructural muy importante en el que hay dos grandes tendencias: la primera, es la vinculada con el cambio tecnológico. Y en ese contexto todo lo que tenga que ver con el proteccionismo de sectores, de promover campeones nacionales, es anticuado. Hoy lo que hay es un proceso fenomenal de fragmentación productiva a nivel internacional. Los países se especializan en un segmento particular de un determinado sector, no en hacer el auto sino en hacer bien una autoparte dentro de una visión de una fábrica que es regional en algunos casos o es mundial en otros.Esta tendencia está muy vinculada con la tecnología, con la posibilidad de poder coordinar actividades productivas entre múltiples países. Y lo otro que está ocurriendo en la tecnología es que es cada vez más favorece a la calificación, a las actividades que son intensivas en conocimiento. Un fenómeno que al mismo tiempo que aumenta la inequidad, aumenta la productividad, porque la tecnología cada vez más premia a aquellos que tienen más conocimiento.La segunda gran tendencia es lo que está pasando en Asia, con China, el cambio estructural que estamos viendo. Muchos políticos siguen pensando que la Argentina está en el mismo mundo que estuvo en 2008 y lo que está pasando es un cambio estructural que hace que particularmente China demande menos productos de los que estaba demandando. Ese cambio implica que el patrón de consumo será menos intensivo en ciertos productos que son intensivos en recursos naturales. Demandarán más calidad, más productos intensivos en conocimiento. Y eso Refuerza la tendencia vinculada con la tecnología. Es un cambio que los argentinos no estamos viendo.El problema es que si no ves lo que pasa en el mundo, el mundo te lleva. Entonces es mejor comprender lo que está pasando y tener una estrategia de largo plazo basada en una visión de país. Eso es, claramente, lo que la Argentina necesita para los próximos años. Lo que se está jugando en diciembre no es el partido para los próximos cuatro años, probablemente es el partido para las próximos dos décadas. ¿Seremos un país más de ingresos medios que nunca se gradúa, ni siquiera pelea el ascenso para jugar en primera o empezaremos a pelear para algún día poder ascender? Eso es lo que está jugándose ahora.Qué es CippecEl Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento es una organización independiente, apartidaria y sin fines de lucro que trabaja por un Estado justo, democrático y eficiente que mejore la vida de las personas. Para ello concentra sus esfuerzos en analizar y promover políticas públicas que fomenten la equidad y el crecimiento en la Argentina. Su desafío es traducir en acciones concretas las mejores ideas que surjan en las áreas de Desarrollo Social, Desarrollo Económico y Estado y Gobierno, a través de los programas de Educación; Protección Social y Salud; Política Fiscal; Integración Global; Justicia y Transparencia; Instituciones Políticas; Gestión Pública; Incidencia, Monitoreo y Evaluación, y Desarrollo Local.
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