Nuevas alfabetizaciones en el nivel superior
Sobre un texto propuesto en el curso Conectar Igualdad (1), el autor de esta nota expresa su opinión acerca de la alfabetización en la era digital.Por Sergio F. GonzálezEl texto propuesto en el curso Conectar Igualdad me ha parecido sumamente rico y provocador para "tirar" algunas reflexiones sobre la mesa, sin pretender darle al presente otro valor que no sea el de la opinión y las miradas propias de un actor de estas lides.En Primer término me pareció sumamente pertinente y llamativo el utilizar como fuente primera un autor americano. Tan amigo somos de las propuestas e ideas europeas y europeizadoras que poner a Simón Rodríguez como referente es, cuanto menos, interesante.No es casual mi perspectiva, pues ya sabemos que la neutralidad o asepsia metodológica y epistémica son una entelequia. Digo que muchos librillos que aparecen como revolucionarios tan solo son mera repetición de lo que otros ya han dicho... solo que han dormido en el arcón del olvido. Es justo poner como horizonte de comprensión nuestra Sudamérica rica y productora de conocimientos (de ayer y de hoy).¿Saber leer es estar alfabetizado? ¿Repetir teorías es "ser científico? ¿Qué es, en última instancia, alfabetizar? Podríamos trasladar los cuestionamientos a nuestro tiempo y preguntarnos qué pretendemos con las TIC, cuál es su lugar, sentido y orientación. En efecto, no basta con el mero manejo del software, o con "cambiar los medios de búsqueda de la información", eso es parte constitutiva pero no exhaustiva del verdadero problema.La claridad es meridiana cuando se expone el tema que mutaron las herramientas, pero no el fondo de la cuestión si de enseñar se trata: antes la clase expositiva con la palabra hablada, hoy la misma clase pero con TIC. ¿Es el alumno sujeto verdadero en esta construcción y adquisición del conocimiento o sólo un "ordenador" que debe "grabar y almacenar" un cúmulo desordenado e inconexo de contenidos conceptuales entre diversas áreas disciplinares? Parece, atento a las neurosis que produce "no terminar el programa", que las obsesiones pedagógicas de la modernidad tienen plena vigencia.Leer, evidentemente, es muchos más que repetir o descifrar un código (disculpen la falta de precisión técnica, de esto podrán hablar mejor los especialistas de lengua y literatura), es ubicarse en el espacio y el tiempo, un "darse cuenta" que existo y soy diferente en la otredad. Leer es poder "verse" en el mundo y "ver" el mundo en ese leer.Puede ocurrir que un analfabeto pueda leer de corrido... sin comprender nada. Si un poema no va más allá de las palabras, si una novela no despierta fantasías, si estamos formando sujetos incapaces de "ir más profundo", entonces formamos egresados analfabetos, o bien miopes de "otros sentidos". Palmariamente podemos constatar en nuestro tiempo cientos de "profesionales" y trabajadores cuyo analfabetismo político causa pavor, centrado en la frase "yo soy apolítico" como si tal condición existiera. Esta desubicación espacio temporal, la incapacidad para construir definiciones propias sobre cuestiones filosóficas e ideológicas condenan a miles de egresados a simples repetidores de "verdades" universales que no resisten el menor análisis. Célebres frases actuales: "Todo tiene que ver con todo": "La historia siempre se repite"; "Y nada..."; etc.Los que nos resistimos a una escuela mnemotécnica, repetidora de "pensadores" y certificadora de "saberes" que nadie puede garantizar que se hayan aprendido, sentimos el terrible peso de la soledad cuando tratamos de "mirar para ver". Recuerdo cuando en una reunión en las orientaciones de las mal llamadas ciencias exactas o duras o ¿puras? efectué el planteo de cómo era posible que luego de cuatro años de espacios pedagógicos los estudiantes egresaran sin saber para qué habían estudiado materias pedagógicas. Cien voces se levantaron ofuscadas para decirme que ese tema ya se había tratado y que había que disponer más espacios disciplinares y menos pedagógicos y bla bla bla... cosa nunca planteada en mi alocución. No se vea aquí una acusación, estoy seguro de también repetir en miles de ocasiones la misma situación. Es un problema de formación profesional, acostumbrados como estamos a situarnos en la seguridad de "autores" reconocidos y miradas tradicionales anacrónicas.Pero... es particularmente duro cuando el cuestionamiento es por hacer aquellas cosas que los "innovadores" proponen, como por ejemplo incorporar lo lúdico, la imagen, descentrar la centralidad del texto, dejar entrar el mundo de la vida en las aulas, permitir el disenso, enriquecer las propuestas teóricas con aporte particulares, incorporar la "dimensión social" de aprender y enseñar, relacionarse con la comunidad, desafiar a tomar posiciones ante temas de absoluta relevancia, considerar todo el trayecto de aprendizaje y no solamente la "memoria" como censora de lo aprendido, etc.Por supuesto, la formación académica en la especialidad está fuera de discusión ¿Quién podría poner eso en tela de juicio? Sin embargo ¿Qué es estar formado académicamente? ¿Repetir de memoria teorías? ¿Exponer todo un programa de temas? ¿Decir lo que para el docente es importante? Tengo mis dudas al respecto.Creo más bien en dotar de una base crítica de conocimientos actitudinales, procedimentales y conceptuales (el orden no es casual) a nuestros estudiantes para que puedan luego recorrer el inmenso e inagotable camino del conocer. Camino que puede o no coincidir con el propuesto por el docente en sus lineamientos epistemológicos y axiológicos. Por eso, me parece sustantivo que como primer objetivo estén los contenidos actitudinales. No basta que nuestros alumnos definan conceptualmente la libertad o la democracia como valores, es imprescindible que tomen esa definición en sus manos y la conviertan en virtud, es decir, en un compromiso socio histórico. Es bueno una vez más recordar que nosotros trabajamos con personas, no con ordenadores, y por tanto, el sentido ético de ciudadano, pero antes que ello, como ser humano, es insustituible.Sé que la postura no contará con todos los apoyos, tampoco es la idea, sino el debate. No hay que confundir títulos de grado (los fines propios de una universidad por ejemplo), de los fines propios de un instituto de formación docente o bien, de un nivel medio o primario.¿Qué un alumno/a tenga promedio de diez garantiza algo? ¿Qué garantiza? ¿Será un buen docente aquel que tenga una excelente memoria para repetir lo que cientos de textos proponen? Hmmmm...Por eso, este texto de Prieto pone muchas cosas en su lugar en diversos sentidos. En especial, sobre que el proceso de enseñar dista mucho de agotarse en una sola perspectiva, o en un modelo determinado. La realidad es más compleja, rica y prometedora. De hecho, el proceso de enseñar no es el mismo que el proceso de aprender, tienen cada uno su propia lógica y desarrollos.Aquí recupero la poca producción que hacemos los docentes. Otra vez lo emparento con nuestra formación profesional. No atreverse a escribir, desafiar, cuestionar es una falencia. Nuestros estudiantes deben aprender a generar también sus propios registros, pero esto no se hace teorizando... sino haciendo... como en el mundo de la vida. Por favor, nunca dije ni digo que la teoría no sea importante, pero no lo es todo.Defiendo profundamente "perder" el tiempo dialogando, interactuando, abriendo las ventanas de lo cotidiano para que entre el "sol de la calle" al aula. Defiendo la posibilidad de creer que podemos ayudar a la escuela para que nuestros alumnos/as sean críticos y constructivos, y descubran que más allá de los libros... también hay vida. Incluso, más allá de 180 días de clase, una obsesión actual que habría que poner en cuestión.Necesitamos alfabetizar-nos. Estamos en un mundo diferente, acelerado, multifacético, convulsionado, conflictivo y desordenado. Pero sincrónicamente hermoso, desafiante, abierto y ansioso por nuestra novedad. ¿Tendremos lugar para la utopía? PERFILProfesor en Ciencia Política, trabaja actualmente en el ISFD María Inés Elizalde, en el Colegio Soldado Mosto y el Manuel Belgrano con adolescentes, jóvenes y adultos. Se encuentra culminando la Licenciando en Ciencias Sociales en la UADER, Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales. Ha publicado un libro sobre Desarrollo Local, participado en diversas ponencias y congresos; fue coordinador del Área de Gestión Comumitaria de la Municipalidad de Gualeguaychú. Ha sido dirigente gremial en ATE y militante social de toda la vida. ". Mendoza, 28 de octubre de 2007. En http://acciones.infd.edu.ar/sitio/upload/INFD_Daniel_Prieto_Castillo.pdf
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