Nuevo avance contra la dignidad humana
Por Patricio Giusto*
Especial para El Día
Pese a que gran parte de la comunidad científica internacional celebró la decisión de Obama, es muy probable que el único y gran beneficiado con esta iniciativa sea el poderoso lobby de la industria farmacéutica. Es un dato de la realidad que las investigaciones realizadas con células madre embrionarias hasta ahora no dieron ningún resultado terapéutico. En cambio, se han obtenido algunos resultados, si bien escasos, en la experimentación con células madre adultas.
Pero más allá de los intereses que han prevalecido y las escasas probabilidades de avances en materia de investigación científica, la cuestión de fondo vuelve a ser la negación de la persona humana, y por ende su dignidad, en la fase más primaria e indefensa de su existencia.
En primer lugar, considero un grave error invocar fundamentos religiosos para defender la existencia de vida humana desde el momento de la concepción, ya que se trata de una cuestión estrictamente científica.
Dejando de lado cualquier postura ideológica o religiosa, y apelando exclusivamente a la experiencia científica, es indiscutible que desde el momento mismo de la concepción se genera una nueva estructura vital, en la cual comienzan a producirse una serie de complejos procesos químicos y biológicos, que son independientes de la voluntad de la madre, y que no se detendrán hasta la muerte misma de esa persona, sea ésta por causas naturales o accidentales.
Por lo tanto, ante la aparición de este nuevo ser, autónomo y distinto al cuerpo de la madre, definir la existencia de la vida humana según los días, las semanas o los meses de gestación es algo tan erróneo como arbitrario. La vida humana no distingue momentos de mayor o menor vida, simplemente tiene un comienzo, un desarrollo continuo, y un final. Inclusive, si no consideramos vida humana al embrión, la mera sospecha (en este caso hay certeza científica) de que ese ser en algún momento pueda llegar a ser una persona debería convertirlo en objeto del mayor de los resguardos por parte del Estado.
En nuestro país, también hubo quienes festejaron la iniciativa de Obama. En ese sentido, me parece importante destacar y refutar las recientes afirmaciones del Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, Lino Barañao, ya que de alguna manera resumen la postura de los “negadores” locales de la dignidad del embrión.
Dijo Barañao: “El embrión no es un ser humano. Es sólo un conjunto de no más de cien células con instrucciones para llegar a ser un ser humano”. Luego agregó: “Una prueba de que el embrión humano representa un proyecto y no un individuo terminado está dado por el hecho de que, en condiciones normales, el 60 por ciento de los embriones no se implantan. Esto no es considerado una muerte”.
Es cierto que el embrión es un conjunto de células, como lo es cualquier ser humano desde el momento de la concepción hasta la muerte. Lo grave es sostener que el embrión se reduce sólo a eso e insinuar que la cantidad de células estaría definiendo la calidad o el valor de ese individuo en cuestión.
En cuanto a definir al embrión como un “proyecto” con “instrucciones para llegar a ser un ser humano”, Barañao, investigador reconocido a nivel nacional e internacional en embriología y biología de la reproducción, debería explicar primero cuál es el momento preciso en que el embrión deja de ser ese supuesto proyecto para convertirse en una… ¿realidad? Por otro lado, ¿en qué consiste ese cambio sustancial que definiría el comienzo de la vida humana durante la gestación?
En su aseveración final, recurre a una estadística sin citar fuente y tampoco queda claro qué relación tiene con el tema en cuestión. Un embrión que no se implanta y muere es una vida humana que deja de existir. En todo caso, debería explicar quiénes y por qué no consideran a eso una muerte.
Es llamativo que funcionarios del rango y prestigio de Barañao lleguen al punto de negar la mismísima experiencia científica para fundamentar posturas netamente ideológicas, como también es preocupante que gobiernos que se jactan de defender los derechos humanos omitan el resguardo del primero y más fundamental de los derechos: el de nacer.
* Lic. en Ciencias Políticas
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