“Nunca hay que abandonar el crecimiento”
Mientras prepara los festejos para 2012, cuando cumplirá 40 años como Pipo Pescador, Enrique Fischer recuerda su niñez en Gualeguaychú, habla sobre su carrera, los niños de los '70 y los de hoy, y cómo se acercó al mundo de los chicos con capacidades diferentes.Por Florencia Carbone*Especial A los 64 años, Enrique Fischer sigue en plena pesca. Pero lejos de lo que muchos podrían imaginar, los días del entrañable Pipo Pescador -de él se trata- son tan agitados y repletos de actividad como los de hace 40 años, cuando los paseos en el "Auto de papá" recién empezaban a gestarse.La cita había sido acordada en un bar de Agüero y Santa Fe, un mediodía porteño. Ahí aterrizó, puntual, después de su clase de canto. -¿Sigue tomando lecciones?-¿Qué sería yo sin un maestro? Uno nunca tiene que abandonar el crecimiento. En la anteúltima clase descubrí una voz y un lugar de mi voz que no conocía. El juego de la vida hace que intercambiemos nuestro rol de discípulo a maestro casi permanentemente. Creo que estar con personas que saben cosas que uno no sabe y que te hacen sentir que podés crecer, son las actitudes que alejan de la muerte y de la vejés. No le tengo miedo a la muerte, pero quiero morir en plena vida, no antes. Hace muy poco se murió mi amada Sara Bianchi, la famosa titiritera, ciudadana ilustre de Buenos Aires. Ella estuvo presentando sus libros y actuando con sus títeres hasta una semana antes de morir. Tenía 88 años. Pasó de la vida a la muerte, no de la vida a la muerte y de ahí a la muerte. No se suicidó. Creer que nadie me puede enseñar nada sería negar la evolución de la vida.Llamar a Enrique Fischer por su nombre es extraño. Mirar a ese hombre con el que cantaron y bailaron -y lo siguen haciendo- miles de niños no sólo en la Argentina sino en el mundo, produce una reacción casi automática: llamarlo por el apodo con el que se bautizó en su Gualeguaychú natal: "Pipo"."Por una razón sociológica que nunca entendí muy bien, allá todas las personas tenían sobrenombre. El nombre sólo aparecía en la escuela cuando se pasaba lista. Cuando me fui a estudiar empezó el juego de "Enrique". Me gustaba usar mi verdadero nombre. Después, cuando empecé a trabajar volví a usar el Pipo y fui Pipo Fischer. Pero un día vi que no era entrañable para los niños. Había que buscar algo bonito, y como pienso que en el interior de uno está la solución a todas las cosas que uno quiere encontrar, me di cuenta de que mi apellido me estaba marcando la salida (Fischer traducido significa pescador). Sugiere pescar niños, canciones. Y luego vino el imaginario colectivo, que me ha cambiado muchos nombres. Muchas veces me dicen: ¿Cómo le va Martín Pescador? Y la verdad, marcan algo que me podría haber llamado porque es un pájaro entrerriano precioso, que todos hemos visto y que ya casi no hay", cuenta resumiendo la historia de su nombre artístico.Durante la charla, que se prolonga más allá de una hora, Gualeguaychú asoma a cada rato.Es evidente que la huella fue importante y que el hombre, uno de los precursores y máximos referentes del género infantil en la Argentina siente un especial reconocimiento por su ciudad de origen.Cantautor, escritor, director de teatro, artista de cine y televisión, sus canciones fueron interpretadas por el Topo Gigio, Gaby, Fofó y Miliky, y resonaron en varios países del mundo, donde recibió gran cantidad de distinciones y premios internacionales (entre ellos España e Italia)."De los premios que recibí, ¿el que más lo emociona? Hijo ilustre de Gualeguaychú", dice orgulloso, y explica. "Fui una figura rara, incluso en mi primera niñez fui bastante burlado porque era diferente, y en las sociedades cerradas la diferencia se paga caro. Nadie se atreve a salir del molde. Por eso sentir que el mismo pueblo que me dio tanto, pero que también tuvo sus partes de dolor me reconocía, me da un gusto enorme. De lo de Hijo Ilustre, me quedo con lo de Hijo, porque Gualeguaychú es una buena madre y me enorgullece ser hijo suyo, porque es un pueblo único en creatividad y en fervor, y lo ha demostrado.""Hay otros premios que también me han halagado. Que Buenos Aires, que amo tanto, me haya considerado personalidad destacada de la cultura, me gusta, porque en el mundo infantil todo era poca cosa. Junto con gente con María Elena Walsh logramos levantar el género como para que se valorizara lo infantil como algo trascendente, pero lo de Gualeguaychú tiene un sabor especial", dice y luego agrega algunos de los motivos que lo hacen sentir orgulloso de su "pueblo"."Ha sido un ejemplo de la lucha por el medio ambiente, con 100.000 personas en el puente; se ha destacado en el carnaval, en la creación de ese trabajo comunitario fabuloso. Dicen: dame un niño recién nacido, déjamelo hasta los 7 años y yo te lo devolveré con su destino perfectamente determinado. Argumentan que lo que se vive hasta esa edad determina la personalidad, el carácter, deja huellas profundas. Y yo viví en Gualeguaychú hasta los 17. Me dio un encuentro con la naturaleza maravilloso; un humanismo muy valioso, la Biblioteca Sarmiento, los profesores me dieron una calidad de mirada que me sirvió toda la vida y que aún hoy me engalana, mi profesora Isabel Chaca de Pinto, que me enseñaba dibujo y pintura cuando era chiquito, marcó mi gusto por la plástica; me dio refinamiento social. Con lo que aprendí pude andar por el mundo, vivir en cualquier lugar y sentarme a cualquier mesa. Todo el mundo literario que mamé en esa ciudad de poetas fue maravilloso." -¿Cómo se dio el acercamiento con el mundo infantil?-Es natural desde chico. Vivía en una casa en las calles San Martín y Chacabuco que tenía un garage. Papá sacaba el auto y con una titiritera que él había hecho, yo daba funciones para los chicos del barrio. -¿Dos mundos totalmente diferente el de aquellos chicos con los de hoy, sin computadoras ni canales de dibujos animados de 24 horas?-Los niños son los mismos, pero antes los podía hacer jugar con el auto de papá hasta los 12 años porque mantenían una estructura de niños hasta esa edad. Hoy me uní al Sapo Pepe, que es para niños muy chiquitos, porque me di cuenta de que lo que hoy se define como niño es hasta los 5 o 6 años. Después se escapan de la estructura de lo infantil, por eso ahora los que estamos teniendo mucho éxito somos los artistas para niños muy pequeños. Los de 8 en adelante pasan a una suerte de preadolescencia. Hoy es muy difícil conquistarlos a esa edad con la misma fórmula de antes, de participación, de música, etc, porque ahora tienen otro tipo de canales de expresión, están muy cerebrales. Los chicos de los '70 eran más armónicos entre mente y cuerpo. Hoy la mente vuela, se da una supremacía a eso. Lo digital es la máxima celebración de la mente. Los niños de antes eran más conscientes de su cuerpo, jugaban al fútbol, tenían más contacto con la naturaleza, había más encuentro con su cuerpo. Ahora se fue diluyendo. Se fueron reduciendo los espacios en los que viven, confía más en su mente que en su cuerpo.
Incluir a todosHace varios años, invitado por Canal 13, Pipo Pescador viajó a Estados Unidos para visitar Disney World. El paseo tuvo una inesperada consecuencia en la vida del artista y en la de muchas personas."Estaba en una de las piscinas del complejo y vi un número 3; creí que indicaba que tenía 3 metros de profundidad y me tiré de cabeza, pero resultó que eran 3 pulgadas. Resultado: me rompí la cabeza. Cuando llegó la ambulancia y me llevaron a sacarme una radiografía, el asistente del radiólogo era un chico con síndrome down. Mientras este chico me indicaba qué tenía que hacer, cómo respirar, etc, recordaba los chicos down de mi niñez, que eran prácticamente disminuidos, caminaban detrás de la mamá, casi no hablaban. Y entonces me pregunté: Pero, ¿qué pasó acá? ¿Cómo puede ser que acá este chico está trabajando y allá la cosa es tan distinta? Me di cuenta de que había cosas que no sabía sobre las posibilidades que tenían esos chicos y a partir de ahí me empezó a dar vueltas en la cabeza el tema y empecé a participar en actividades que hace la gente que trabaja en integración hasta que, pasados los 60 años, me animé a hacer los libros".De ese modo Enrique Fischer resume la manera en la que se acercó al mundo de niños con capacidades diferentes."Esperé mucho tiempo para escribir sobre el tema porque no me consideraba suficientemente maduro y aclarado internamente para hacerlo. Finalmente hice una trilogía: el primer libro está referido al síndrome down; hay otro sobre la sordera y el tercero es sobre el autismo. Lo que busco es ayudar a la inclusión de los niños con capacidades diferentes enseñando al resto de los chicos las características que tienen los que están en esta situación. Para poder incluir a alguien hay que conocer y entender de qué se trata el tema", cuenta. * El presente artículo fue publicado en la revista "En Camino" de Nuevo Expreso (septiembre 2010)
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