Otra mirada sobre el 24 de marzo de 1976
Pensar el 24 de marzo de 1976 como un mero hecho de siniestralidad sangrienta, constituye una visión sesgada que esconde la verdadera intencionalidad de un proceso de devastación - perfectamente planeado por grupos dominantes - que contó como principal aliado a una dictadura genocida, para poner en marcha el período más oscuro de la historia contemporánea.
José María Blanco*
Sin embargo hoy, esos mismos grupos -que operan bajo el amparo de algunos medios de comunicación, funcionales a su propia ética-, intentan hacernos creer que aquella ruptura del orden constitucional fue un fenómeno "casi" natural, producto de la lógica violenta que imperaba en aquellos años, que se caracterizaba por el accionar de "los grupos guerrilleros y la banda parapolicial de la Triple A" (Clarín 24/3/2011, página 2), lo que constituye un reduccionismo, propio de quien está interesado en que solo se vea la superficie del "iceberg".Esa línea argumental le asigna a los años 70 el "monopolio" exclusivo de la violencia política, sin rozar cualquier otro análisis que pueda dejar expuestos a los múltiples sistemas de complicidades (empresariales y políticos) que la hicieron posible.Pero además, condena a un llamativo olvido a todas aquellas grandes luchas populares de reivindicación, como la Reforma Universitaria de 1918, la Década Infame y el surgimiento de FORJA, los intelectuales del pensamiento nacional y el 17 de Octubre, los Bombardeos de Plaza de Mayo y la Resistencia Peronista, la Noche de los Bastones Largos, el Cordobazo, por solo mencionar algunos del siglo veinte.No contemplar, siquiera como hipótesis, que se trató de un proceso sistemático (1955, 1966, 1976) destinado a recrear un "orden social" (basado en métodos de disciplinamiento), que garantizara a los intereses dominantes la vigencia de un modelo de acumulación que cumpliera a "rajatablas" la condición impuesta por la división internacional del trabajo de fines del siglo XIX, a la que Bartolomé Mitre -en su alianza con Gran Bretaña- adhirió allá por 1862 (que asignaba al país el rol de productor de materias primas e importador de manufacturas), es sugerir el uso de anteojeras para mirar la historia.Si no se tiene en cuenta que la cultura imperante (en cualquier época), es siempre consecuencia de la idea que predominó en la anterior, viviremos en círculos, como en un presente continuo -matriz del pragmatismo colonial-, que propone lo útil (que es efímero) por sobre lo verdadero (que es eterno), como método "anestesiante" para que no nos demos cuenta de nada, ni siquiera de por que nos pasa lo que nos pasa.No puede soslayarse el hecho que el círculo perverso de aquel tiempo (1976), "encajaba" con la vigencia de la Doctrina de Seguridad Nacional, pensada por Estados Unidos y ejecutada en todo el continente latinoamericano en forma simultánea.Entonces cabe preguntarse:¿Fue acaso casualidad que el autodefinido "Proceso de Reorganización Nacional" tenga coincidencias notables -hasta de nombre- con la "Organización Nacional" (liberal en lo económico y autoritario en lo político) pensada por Mitre?.¿Fue acaso casualidad que el modelo de desarrollo de mercado interno pensado por Mariano Fragueiro (1850), muestre sorprendentes analogías con los cuestionamientos de los que siempre fueron víctimas los gobiernos que intentaron plasmar modelos industrializadores?Si además se tiene en cuenta que:
José María Blanco*
Sin embargo hoy, esos mismos grupos -que operan bajo el amparo de algunos medios de comunicación, funcionales a su propia ética-, intentan hacernos creer que aquella ruptura del orden constitucional fue un fenómeno "casi" natural, producto de la lógica violenta que imperaba en aquellos años, que se caracterizaba por el accionar de "los grupos guerrilleros y la banda parapolicial de la Triple A" (Clarín 24/3/2011, página 2), lo que constituye un reduccionismo, propio de quien está interesado en que solo se vea la superficie del "iceberg".Esa línea argumental le asigna a los años 70 el "monopolio" exclusivo de la violencia política, sin rozar cualquier otro análisis que pueda dejar expuestos a los múltiples sistemas de complicidades (empresariales y políticos) que la hicieron posible.Pero además, condena a un llamativo olvido a todas aquellas grandes luchas populares de reivindicación, como la Reforma Universitaria de 1918, la Década Infame y el surgimiento de FORJA, los intelectuales del pensamiento nacional y el 17 de Octubre, los Bombardeos de Plaza de Mayo y la Resistencia Peronista, la Noche de los Bastones Largos, el Cordobazo, por solo mencionar algunos del siglo veinte.No contemplar, siquiera como hipótesis, que se trató de un proceso sistemático (1955, 1966, 1976) destinado a recrear un "orden social" (basado en métodos de disciplinamiento), que garantizara a los intereses dominantes la vigencia de un modelo de acumulación que cumpliera a "rajatablas" la condición impuesta por la división internacional del trabajo de fines del siglo XIX, a la que Bartolomé Mitre -en su alianza con Gran Bretaña- adhirió allá por 1862 (que asignaba al país el rol de productor de materias primas e importador de manufacturas), es sugerir el uso de anteojeras para mirar la historia.Si no se tiene en cuenta que la cultura imperante (en cualquier época), es siempre consecuencia de la idea que predominó en la anterior, viviremos en círculos, como en un presente continuo -matriz del pragmatismo colonial-, que propone lo útil (que es efímero) por sobre lo verdadero (que es eterno), como método "anestesiante" para que no nos demos cuenta de nada, ni siquiera de por que nos pasa lo que nos pasa.No puede soslayarse el hecho que el círculo perverso de aquel tiempo (1976), "encajaba" con la vigencia de la Doctrina de Seguridad Nacional, pensada por Estados Unidos y ejecutada en todo el continente latinoamericano en forma simultánea.Entonces cabe preguntarse:¿Fue acaso casualidad que el autodefinido "Proceso de Reorganización Nacional" tenga coincidencias notables -hasta de nombre- con la "Organización Nacional" (liberal en lo económico y autoritario en lo político) pensada por Mitre?.¿Fue acaso casualidad que el modelo de desarrollo de mercado interno pensado por Mariano Fragueiro (1850), muestre sorprendentes analogías con los cuestionamientos de los que siempre fueron víctimas los gobiernos que intentaron plasmar modelos industrializadores?Si además se tiene en cuenta que:
- José Toribio Martínez de Hoz (primer presidente de la Sociedad Rural Argentina entre 1866-1870), tenía excelente relación con Bartolomé Mitre.Su nieto José Alfredo Martínez de Hoz, (también presidente de dicha entidad entre 1946-1950), era fuerte crítico del modelo industrialista del primer peronismo.El hijo de éste último, también llamado José Alfredo Martínez de Hoz, fue el ministro de economía (1976-1981) de la dictadura genocida en su etapa más sangrienta.Entonces, ¿es casualidad qué los grandes medios de comunicación, no investiguen "otras" causas para explicar el mayor genocidio de nuestra historia?, o ¿acaso se intenta ocultar que el verdadero objetivo (estratégico) del golpe oligárquico-patronal cuya cabeza visible fue Martínez de Hoz no era acabar con los grupos político-militarizados (que ya estaban descabezados o infiltrados), sino fundamentalmente reprimir las formas organizativas que se estaban desarrollando en las fábricas y las universidades con formas democráticas superadoras que cuestionaban el orden social imperante?. * Director de la Editorial de Entre Ríos
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