Padres y docentes, ¿de aliados a enemigos?
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Los cambios sociales, el surgimiento de nuevas problemáticas que se reflejan en el aula, la pérdida de autoridad, déficit en la formación fueron minando una relación que se supone clave en el desarrollo de los chicos. Cómo recuperar el vínculo entre la casa y la escuela. Florencia Carbone La anécdota pinta a la perfección el cambio pendular en la relación entre padres y docentes. El hombre de 46 años, papá de un nene de 10 que cuestiona la nota que su maestra le puso en un examen, recuerda que cuando él iba a la escuela, sin importar lo que fuera a decir, antes de comenzar a hablar, la mamá repetía: "El maestro siempre tiene la razón". Este hombre -¿representante en la actualidad de una minoría?- decidió que el reclamo de su hijo terminara entre las cuatro paredes de su casa.Lo que podría ser un simple "reclamo" ante la disconformidad con la nota que obtiene un chico en un examen termina muchas veces en agresiones verbales y hasta físicas hacia el docente. Ni qué decir si el alumno reprueba la asignatura. Así como el chico tiene el mérito de aprobar, el docente parece transformarse de manera automática en el "culpable" del fracaso."Es una relación que efectivamente se ha vuelto más conflictiva en los últimos años", responde Guillermina Tiramonti, investigadora Flacso y profesora de la Universidad de La Plata cuando se la consulta por el vínculo padres-docentes.Y detalla por qué. "Por un lado porque tiene que ver con un cambio en el criterio de autoridad de la sociedad. En la medida en que la familia dejó de ser patriarcal desapareció la autoridad indiscutida del docente. Un segundo cambio es que en las escuelas conviven chicos de sectores sociales muy diferentes, grupos familiares no organizados jerárquicamente donde los hijos imponen sus criterios a los padres. No todas las familias son de clase media, tienen la misma predisposición y disponibilidad para hacer un seguimiento de los chicos -ni están preparados para hacerlo-. La escuela reclama a los padres o responsables de los chicos un seguimiento que no se da", comenta.Señala luego un tercer elemento: la escuela reclama cada vez más presencia y participación de los padres. "El tema es que la escolarización es una cuestión de los chicos y los maestros pero en los últimos años esos reclamos obligan a los padres prácticamente a volver a cursar. Entonces nos encontramos con situaciones donde la mayoría de las madres, por necesidad, no están en casa esperando a que los chicos lleguen para revisar sus cuadernos y hacer los trabajos extra, etc., y se hace muy difícil cumplir con ese seguimiento. Eso provoca tironeos casi naturales entre padres y docentes".Pero ¿no es una manera de intentar acercarlos a la institución? "No, lo hacen para descargar responsabilidades en la familia y finalmente eso tiene el efecto exactamente contrario al que busca la educación que es generar igualdad. La escuela moderna busca emancipar a los chicos de su origen social y esta tendencia lo resiente. Simbólica y socialmente las dificultades de los padres quedan expuestas ahí", dice Tiramonti. PADRES SUSTITUTOSGraciela Vega, docente desde hace 23 años, actualmente profesora de Educación Física en tres escuelas estatales, dos primarias y una secundaria en Oncativo, Córdoba, admite que muchas veces los maestros y profesores sienten que se transforman en padres sustitutos más que en docentes."La conformación de las familias cambió y hoy los chicos en muchos casos están a cargo de un abuelo o un tío. La relación de la familia con la escuela se ha vuelto muy distante, especialmente en el secundario. A veces tomás contacto con la familia a fin de año, cuando se enteran que el chico se lleva la materia. La realidad es que en muchas familias el que manda es el chico. Hoy la idea es que si el alumno reprueba, la culpa es del docente", dice.El año pasado Graciela sufrió en carne propia un hecho de violencia. Fue cuando durante un acto escolar, frente a toda la comunidad, la mamá de un alumno vino a increparla públicamente porque su hijo había quedado libre tras exceder la cantidad de ausencias estipuladas. PÉRDIDA DE AUTORIDADSilvina Sturniolo, licenciada en Ciencias de la Educación por la UBA, cree que la pérdida de autoridad no es exclusiva del docente sino que tiene que ver con el lugar del adulto en la sociedad."Hoy vivimos en un plano de horizontalidad donde todo se negocia. Hay sitios donde es necesario hacer valer el hecho de que el adulto es quien tiene una potestad legal que ejercer -la patria potestad-. En la toma de escuelas hubo casos por ejemplo donde los menores se quedaban solos en las escuelas por la noche. ¿Dónde estaban los padres? Hay cosas que marcan claramente lo que está pasando, como esa pseudo amistad entre padres e hijos donde los chicos en vez de llamar a los padres mamá o papá los llaman por sus nombres. Eso, que puede parecer un detalle menor, implica no reconocer los roles que cada uno tiene en una familia y pone a todos en un plano de igualdad que en realidad no es tal. Lo mismo pasa en la educación", describe.Silvina coordina actualmente el curso de capacitación "Autoridad docente en los nuevos escenarios educativos" que se dicta en el Instituto Nacional del Profesorado Técnico de la Universidad Tecnológica Nacional (los interesados pueden obtener más información por mail [email protected]).¿Cómo nació ese curso y por qué? En medio de los cambios producidos en las últimas dos décadas en la sociedad y en el sistema educativo es necesario brindar herramientas a los docentes para abordar con conocimiento y eficacia los conflictos y situaciones que se plantean a diario en su trabajo. El docente tiene, por su condición de conductor de conocimientos y valores, un rol de autoridad que debe ser capaz de asumir en su completa dimensión, dice Sturniolo. Y detalla que es fundamental que los docentes de "apropien de saberes" que les permitan manejarse ante conflictos, adicciones, embarazos adolescentes y conozcan los aspectos jurídicos y administrativos aplicables en su rol ante hechos de violencia escolar. QUÉ HACER¿Qué plantean los docentes? ¿Cuáles son sus mayores miedos? "Qué hacer frente a casos de violencia, drogadicción, chicos que van con armas. La violencia escolar no es nueva, lo más novedoso es el bullying y ahí hay una gran responsabilidad de los docentes para detectarlo y evitar que se instale. Para que exista y se mantenga en el tiempo hace falta un adulto que "no vea la situación". Hay cada vez más embarazos en jóvenes. Hay prostitución en las escuelas, chicas que salen de la clase para responder una llamada en su celular y arreglar con un cliente. La sociedad es más compleja que años atrás, la composición de las familias cambió y ni qué hablar del lugar de la autoridad. Antes el guardapolvo, el ser maestro, garantizaba un lugar de respeto. Un padre jamás iría a discutir una nota a un maestro. Todo eso cambió y se refleja en los chicos. ¡Si hoy hasta se le discute el diagnóstico a un médico porque alguien leyó algo en Internet!", agrega.Sturniolo admite que los docentes están cansados, que no están bien remunerados y que encima tienen que poner un esfuerzo extra para armar los grupos que ya no son ni pequeños ni homogéneos. "Hoy se trabaja desde una construcción activa, hay que trabajar mucho para atrapar al chico que siente que viene a perder el tiempo a la escuela. Antes la escuela era la promesa de movilidad social, de superación. Hoy ya no representa eso ni para los chicos ni para sus padres".¿Es diferente la realidad entre los colegios públicos y los privados? "La problemática es la misma, la diferencia es que en los privados existe el derecho de admisión. TESTIGOS DE VIOLENCIALaura Espinoza tiene 34 años, es mamá de Milena que va a 2° grado de la Escuela N°3 Bartolmé Mitre de Villa Ballester, en la provincia de Buenos Aires, y cuenta que hasta ahora siempre ha tenido buena relación con las maestras de su hija.Sin embargo, en su corto paso por el primario, Laura ya ha sido testigo directo de algunos episodios de violencia. Contó a Convivimos uno que ocurrió a fines del año pasado."En primer grado, mi nena tenía de compañerita a una melliza. La hermana estaba en otra división. Les había tocado una maestra de la que se quejaba todo el mundo. Los chicos de la división de mi hija terminaron 1° sabiendo leer y escribir, los del otro grado, nada. Así que a fin de año, la mamá de las mellizas fue a la escuela, encaró a la maestra y le dijo: "¡Saco a mis nenas de acá porque sino te cago a trompadas!".¿Por qué creés que pasa eso? Laura cree que es un mix entre una capacitación deficiente y cansancio pero también señala con cierta molestia que "adhieren a cuanto a paro hay" y que en muchos casos ni siquiera les dan tarea a los chicos.De todas formas, enfatiza, que más allá de las supuestas falencias del docente, en su casa hay una regla de oro que ella aprendió cuando era chica y que hoy aplica a rajatabla con Milena: "Mi hija sabe que no tiene que pegar ni faltar el respeto a nadie, ni a los maestros -a quienes se les debe respeto como si fueran sus padres- ni a sus compañeros. El problema es que ahora hay chicos que hasta en el jardín le pegan patadas a la seño. Muchas veces repiten lo que ven en sus casas. Los chicos de hoy están muy acelerados. Les decís una palabra y en 20 segundos no sólo te contestan 20, no te escuchan". LÍMITES¿Cómo se revierte esto? "No hay una solución mágica", responde Sturniolo.Se trata, al parecer, de varios pasos: Lograr que el chico sienta que es una promesa y no una amenaza, que él no es el problema; la formación del docente empezó a cambiar y eso es fundamental (la idea es que tenga mayor capacidad de reflexionar sobre sus propias prácticas); buscar diferentes estrategias para recuperar la autoridad y el respeto."Entiendo que los padres están cansados, trabajan los dos en la mayoría de los casos, pero es importante evitar que el chico quede atrapado entre las dos partes. Es fundamental recuperar el respecto de las familias por el docente. Hay que marcar claramente los límites, que es lo que perdimos. No es lo mismo tener una relación amigable que ser amigos", concluye.Su afirmación aplica tanto a la relación padre-hijo como docente-alumno. Para pensar... y replantearse. ¿Qué se puede hacer? Tarea para el hogar:*Confiar en el docente.*Mantener una comunicación lo más fluida posible.*Evitar los comentarios que puedan socavar la autoridad del maestro/profesor. Los padres son el primer ejemplo para los chicos. Lo que ven en casa es lo que toman como modelo natural y reproducen afuera.*Participar de las reuniones y actividades escolares. Si por los horarios laborales resulta imposible, intentar mandar a algún familiar como representante. Tarea para la escuela/docentes:*Establecer un canal fluido de diálogo con la familia.*Actualizar su capacitación para incorporar herramientas que lo ayuden a resolver conflictos escolares que plantea la nueva realidad social (violencia, drogas, discriminación, embarazos adolescentes, prostitución).*Asumir la cuota de responsabilidad que le corresponde como agente educativo/formativo.*Recuperar las nociones de respeto y límite; diferenciación clara de roles y autoridad (no es lo mismo una relación amigable con el alumno que ser amigos) "Publicada en la Revista Convivimos, editada por Tarjeta Naranja"
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