Palabras cruzadas
Tanto se ha dicho y escrito acerca del mensaje presidencial del jueves último al Congreso de la Nación, que la reiteración es un riesgo en acecho. No obstante, lo asumimos.Mario Alarcón MuñizDe la extensión del discurso (tres horas y cuarto) ni hablar. De la variedad de temas, tampoco. A primera vista no quedó guardado ningún asunto que interese a la Presidenta. En cambio pasaron de largo algunos que interesan a la gente. El más cantado, la inflación. Ni una palabra. Entonces no sabemos lo que el gobierno piensa o proyecta sobre un proceso que aliviana de manera notable el bolsillo de los argentinos. Abundantes estadísticas acompañaron la disertación. Casi todas ellas fueron presentadas en respaldo de la idea central: el actual es otro país. Claro que es otro país si lo comparamos con el de 2001, cuando tocamos fondo. Todos tenemos de aquel tiempo una triste memoria. Mientras los números sean ciertos el cotejo es válido. Sin embargo sería apropiado partir de referencias cercanas porque ha pasado más de una década, además de transcurrir casi nueve años de administración kirchnerista.En muchos tramos de su discurso la Presidenta habló como si recién estuviera comenzando su mandato. Hasta aquí los problemas han sido de otros. Los ferrocarriles, los subsidios, YPF, la energía, las Malvinas, eran asuntos ajenos. Ayer le cayeron al gobierno. Bailando en la cornisaAl contrario de lo que se suponía y de lo que suele estilarse en estos casos, no hubo anuncios importantes. Se excluye de esta consideración el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. Por lo que se ha visto, no es otra cosa que la autorización para disponer de las reservas. En principio esto revela que la situación de las cuentas públicas no es la mejor. En otras palabras, la plata no le alcanza al gobierno. El presupuesto estatal y en algunos casos los fondos de la Anses, ya no son suficientes. ¿Es lícito echar mano a las reservas? Depende de la finalidad. Ya sucedió hace dos años cuando se discutió la creación del Fondo del Bicentenario y renunció el entonces titular del BC, Martín Redrado. Antes, en 2006, Kirchner retiró 9.500 millones para cerrar las cuentas con el FMI y pocos chistaron.Opinábamos hace dos años -y ahora- que si las reservas existen ¿por qué no usar parte de ellas para el desarrollo de todas las áreas productivas? Es decir, volcar capital a favor de la promoción de actividad y trabajo, petróleo, fuentes de energía, rutas, ferrocarriles, industrias, modernización del agro, mediante un megaplan ordenado, coherente y consensuado con todos los sectores. No en cualquier cosa o en lo que venga.Las reservas no son absolutamente intocables. Respaldan el valor de la moneda. Lo que se teme es que el gobierno intente tapar agujeros con ellas o gastarlas en subsidios o erogaciones comunes. Ese es el gran peligro. Una fuente confiable comentó ayer que "se busca eliminar una cláusula específica sobre convertibilidad, que permitirá que el BC ya no esté obligado a respaldar la base monetaria con reservas, las que -por ende- quedarían liberadas en su totalidad". Es decir, tener plata y festejar bailando en la cornisa.Asuntos al revésYPF quedó ahí nomás. En deuda, claro. Su producción se ha estancado, no hay inversiones y falta combustible. Hemos retrocedido. Por ahora no habrá novedades, a juzgar por el mensaje presidencial. Se dice que el gobierno de España (interesado en su empresa Repsol, socia de Eskenazi en YPF) se interpuso y evitó una decisión drástica que la Presidenta proyectaba anunciar el jueves. Puede ser. Entre martes y miércoles estuvo muy discretamente en Argentina el ministro español de Industrias y Energía, José Soria. Lo que se sabe es que todo sigue como estaba.No ocurrirá lo mismo con las islas Malvinas. La Presidenta advirtió a tiempo que la incentivación del conflicto en los términos de reyerta que tanto le agradan, no favorece la posición argentina. Entonces tomó la decisión inteligente de intentar mediante servicios aéreos un acercamiento con los habitantes de las islas que hoy parecen los más duros. No será sencillo. Pero es un gesto.Finalmente no dejó de sorprender su llamado a la unidad. Durante más de tres horas CK asumió un papel contestatario, habló de palos en la rueda, disparó contra quienes no piensan como ella, le tiró el subte por la cabeza al gobierno de Buenos Aires y finalmente llamó a "la unidad nacional". Está bien esto. Antes, hablando del campo, comentó: "Hemos aprendido que enfrentados no logramos nada". Sabia reflexión. Sin embargo, por lo que hemos visto hasta ahora el que se niega a dialogar, no acepta opiniones distintas, le molesta la crítica, confunde disidencia con agravio, crea enemigos y apela a la confrontación como único método de abordar los problemas, es el gobierno.Quizá haya llegado la hora de cambiar. ¿Por qué no?ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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