ADOPTARON TRES HERMANITOS Y FORMARON UNA FAMILIA
Papás por triplicado: “La paternidad no pasa por la heterosexualidad, pasa por las ganas de asumir el rol”
Víctor Hugo y Juan se casaron hace cuatro años con la idea de agrandar la familia. En abril recibieron la guarda de sus tres hijos, Alma (12), José (10) y Florencia (8). “En nuestra cabeza, casarnos era imposible, y tener hijos más”, contaron en la primera entrevista que los cinco conceden a un medio de comunicación.
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Por Luciano Peralta
Cada Día del Padre resulta una buena oportunidad para repensar qué significa ser papá, qué responsabilidades supone, cuáles son los modelos legitimados y cuáles no.
La historia de Víctor Hugo Lapido y Juan Urbini pone en jaque a las concepciones más conservadoras respecto a qué es una familia, y resulta una cabal demostración de que, cuando se desea fuerte y con el corazón, hasta lo inimaginable puede hacerse realidad.
En la comodidad de su casa, junto a sus tres hijos -Alma (12), José (10) y Florencia (8), quienes, además, tienen una hermana (15) que vive con otros parientes-, nos recibieron para contarnos cómo llegaron a este primer Día del Padre en familia.
“Nunca pensé que podríamos casarnos. Lo que todo heterosexual tiene como normalidad, como es casarse en algún momento de su vida, nosotros no. Yo crecí con eso, todavía no existía la Ley de Matrimonio Igualitario”, dice Víctor Hugo (VH). “En mi cabeza, casarnos era imposible, y tener hijos más”, refuerza. Y es lógico: ambos papás crecieron en una sociedad en la que las personas homosexuales no tenían los mismos derechos que el resto. Algo tan anacrónico como, en muchos aspectos, aún vigente, lamentablemente.
Después de muchos años de relación, Víctor Hugo y Juan se casaron en 2018. La alegría fue tan grande que hicieron dos fiestas: una para los amigos y otra para la familia. Se quedaron sin presupuesto y, consecuentemente, sin luna de miel. Aunque poco les importó, no era lo más trascendente, claro.
“Nos casamos para poder conformar una familia. Si bien no es un requisito para adoptar, te da cierta formalidad que nos parecía importante”, cuenta VH, que ahora comparte el sillón del living con sus tres hijos y las mascotas de la casa.
“No nos consideramos ejemplo de nada, simplemente queríamos construir una familia y gracias a un Estado presente pudimos hacerlo”, aclara el mayor de los papás. Y, enseguida, Florencia cuenta que “le propuso matrimonio en las Cataratas del Iguazú”. Ese comentario dispara otros.
De a ratos, la entrevista se vuelve algo caótica. A José le cuesta horrores quedarse quieto -¡tiene 10 años!- y se le nota la emoción de la primera nota. Mira la cámara y muestra un dibujito. Distingo algunos garabatos y un corazón. Es el dibujo que hizo “para la tele”.
Flor también está contenta, le brillan los ojitos. Recuerda anécdotas, reparte apodos para toda la familia, se ríe y hace reír. Juan le pide que baje la voz y acata. Se los nota felices de poder contar su historia. Es que el 29 de abril pasado recibieron la guarda de sus hijos, lo que les permitió, por fin, poder hacerlo.
Pero, no todos los momentos fueron lindos. Antes de los tres hermanitos, vivieron una primera experiencia con un hijo adoptivo, aunque “tuvimos que decir que no porque no podíamos con la situación, esa fue la peor Navidad de mi vida”, asegura VH. “Nos ayudó mucho la psicóloga para poder entender que el ‘no’ era una respuesta responsable”, aporta Juan.
“Hay que desmitificar esa idea romántica de que los niños que están en un hogar llegaron allí en un moisés, una noche de lluvia -interviene VH-. La mayoría de esos chicos están ahí porque adultos los vulneraron en sus derechos, y por eso debió intervenir el Estado, para sacárselos”.
Cinco meses después de esa primera experiencia, y ya sin demasiada esperanza de que los vuelvan a llamar, recibieron el mensaje que les cambiaría la vida: “Son tres hermanitos, de 8, 10 y 12 años, ¿avanzamos?”.
“Cuando nos llamaron por los tres, en plena pandemia, quedamos medio paralizados. Es que no era lo que habíamos pensado. Nos hablaron un viernes y teníamos que contestar el lunes. La preocupación principal era lo económico, en esos dos días pensamos en cómo sobrellevar una vida con tres hijos. Por suerte, tuvimos en una amiga, que tiene cinco niños y la ha remado sola durante mucho tiempo, el ejemplo para decir que sí”.
“Lo que le preguntamos a la persona que nos llamó en ese momento fue que si ellos sabían que éramos una familia homoparental. Y ahí nos enteramos que Alma había pedido dos papás”, dice VH y mira, cómplice, a su hija mayor. “Siempre tuve una mamá y un papá, y ahora quería tener dos varones papás”, expresa ella.
A los pocos días de esa llamada los nuevos papás estaban en el hogar de Villaguay para conocer a estos tres hermanitos. “Fuimos a la plaza, nos llevaron una cajita con caramelos, una mariposa, y jugamos mucho”, recuerda José, mientras abraza a una de las perritas de la casa.
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En total, fueron seis los encuentros de vinculación, todos en Villaguay. Luego, tocó el turno de que los tres viajaran a su nuevo hogar: primero fueron tres días, después cinco, luego ocho, nueve y diez. El 26 de octubre del año pasado fueron a Villaguay por última vez, para buscarlos y comenzar una nueva vida.
Primer Día del Padre
“¿Cómo viven el primer Día del Padre?”, pregunto, y VH vuelve a recoger el guante: “Es raro, nuestros dos padres están fallecidos, hace tiempo que no registrábamos este día. De hecho, ya habíamos organizado para que Alma y José se vayan con unos parientes, sólo Flor pasará con nosotros el domingo. Es que, en realidad, somos padres todos los días”.
“Siempre tratamos de hacer cosas juntos, pero también organizamos planes individuales, con cada uno, porque es lindo hacerles los gustos”, agrega Juan. Y cede la palabra a los pequeños de la casa. “Lo que más me gusta es comer, pizza, pollo con papas, tomates; la abuela es la que cocina mejor”, dice José. “A mí me gusta salir y que me ayuden con el colegio”, sigue Alma, con menos vergüenza que al principio. “A mí, acompañarlos a los trabajos a Víctor y a Juan; me gusta el asado, las papas fritas, las hamburguesas y la ensalada de tomate”, completa la menor de la familia.
Aunque se los nota contentos, los miedos por la exposición existen. VH es responsable del área de Personas Adultas Mayores de la Municipalidad de Gualeguaychú y, al igual que su compañero, se define como “militante de la vejez”. Pero sabe que a veces la política puede ser muy dañina. “Esto lo hacemos para visibilizar el tema adopción, me da terror que piensen que busco algún tipo de rédito político”, aclara, antes de empezar la nota.
“A mí me influye mucho más que a él (Juan), la opinión de los demás. Hemos recibido muchísimo amor de nuestra gente, pero también hemos recibido comentarios de los otros. Como: ‘está bien que los homosexuales se casen, pero tener hijos es mucho’. Y la realidad es que los niños que están en los hogares son hijos de heterosexuales y los derechos que fueron vulnerados lo han sido por familias heterosexuales”, dispara. Y sigue: “La paternidad no pasa por la heterosexualidad, pasa por las ganas de asumir el rol. La paternidad es un rol y uno la ejerce si quiere, nosotros decidimos hacerlo”.
“Se cree que hay una sola forma de familia, y que hay una sola forma de crianza, y eso no es así. Nosotros tratamos que ellos crezcan en la mayor libertad posible. Ellos saben que el cuerpo y su vestimenta es de ellos, que no hay colores de varón o de mujer, y que nadie debe opinar del cuerpo del otro. Nosotros vamos a acompañarlos en su deseo”, coinciden.
“Por más que esto sea un matrimonio homoparental, nos manejamos como cualquier otra familia. Tratamos de hacer lo que entendemos que es bueno para ellos, y no hay tanta ciencia, mucha dedicación, como cualquier familia”, aclara Juan, de hablar pausado y gesto tranquilo.
“Todavía nos seguimos conociendo y adaptándonos, nosotros a ellos y ellos a nosotros. Hemos tenido nuestras crisis, también. Y, en ese proceso, vamos todos curándonos de nuestras historias. Es una construcción de todos los días, pero estamos en un momento en el que nos sentimos plenos”, aseguraron los nuevos papás, ya solos en el sillón del living.
