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Paraná y Gualeguaychú, en la mira: "Si este es el pico estamos en condiciones de sostener el sistema"

En la semana en que la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva puso de manifiesto la preocupante situación actual, una de sus miembros en Entre Ríos, la licenciada en Enfermería y especialista en cuidados críticos Ana Bejarano se refirió a la realidad provincial. "Fueron tantos meses de agobio, de cansancio, que nos encuentra un poco cansados. Pero nos preparamos para esto", aseguró.

Luciano Peralta

“Los médicos, enfermeros, kinesiólogos y otros miembros de la comunidad de la terapia intensiva sentimos que estamos perdiendo la batalla. Sentimos que los recursos para salvar a los pacientes con coronavirus se están agotando. La mayoría de las Unidades de Terapia Intensiva del país se encuentran con un altísimo nivel de ocupación. Los recursos físicos y tecnológicos, como las camas con respiradores y monitores, son cada vez más escasos. La cuestión principal, sin embargo, es la escasez de los trabajadores de la terapia intensiva, que, a diferencia de las camas y los respiradores, no pueden multiplicarse. Los intensivistas, que ya éramos pocos antes de la pandemia, hoy nos encontramos al límite de nuestras fuerzas, raleados por la enfermedad, exhaustos por el trabajo continuo e intenso, atendiendo cada vez más pacientes”. De esta manera comienza la solicitada que en la semana publicó la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI) para hacer públicos muchos de los problemas con los que se choca hoy el sistema de salud.

Todos los argumentos expuestos -falta de equipamientos, recursos humanos y edilicios, malos sueldos, etc.- coinciden con los manifestados a ElDía la semana pasada por los responsables de la terapia intensiva del Hospital Centenario. La realidad es común -cada lugar con sus propias particularidades, claro- en todo el país.

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Para ahondar en esta problemática, quien dialogó con ElDía fue la licenciada en Enfermería Ana Bejarano, especialista en cuidados críticos y miembro de la Filial Entre Ríos de la SATI.

“Es totalmente lícito y real el mensaje de la SATI, pero es tardío. Ahora, es muy difícil revertir esta situación, en pleno incendio”, comenzó marcado quien es miembro activo de la entidad nacional hace 20 años. Y aseguró que “si todo esto que ahora se pone de relieve se hubiese atendido en marzo, quizá más profesionales hubiesen querido hacer cuidados críticos, quizá nuestras unidades llegarían a este momento con más recursos”.

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Una de las tres salas de covid del Hopital Centenario
Una de las tres salas de covid del Hopital Centenario

¿Qué se pudo haber hecho que no se hizo?

En marzo nos empezamos a preparar. La provincia hizo lo que pudo hasta ahora, en cuanto a los recursos tecnológicos, como respiradores, camas, espacios físicos. Pero la calidad y la cantidad del personal especializado sigue siendo la misma que antes de la pandemia. La especialidad en cuidados intensivos no está reconocida, ni promocionalmente, ni monetariamente. Entonces, es una especialidad no elegida, por lo que hay escases de intensivistas. Gualeguaychú lo vive, allá llegan médicos de Buenos Aires a trabajar, como en toda la costa del Uruguay. Además, no tenemos la especialidad en enfermería en cuidados intensivos, un recurso que cuesta mucho formar y que necesitamos.

¿Por qué no hay formación?

En este momento la especialidad se está llevando a cabo en algunos lugares puntuales, donde se hacen residencias. Por ejemplo, en el Hospital Militar de Paraná. Pero el ser residente en cuidados intensivos implica tener un solo trabajo y mal remunerado. Es difícil en esas condiciones. Nada de esto es nuevo. Pero creo que las crisis vienen a resolver viejos problemas. Ojalá que esto sea una bisagra y que de acá en adelante más gente se forme en cuidados intensivos.

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Ana Bjarano, junto a un colega en Paraná
Ana Bjarano, junto a un colega en Paraná

¿No dan abasto?

Fueron tantos meses de agobio, de quedarnos sin licencias, que nos encuentra un poco cansados. Pero nosotros nos preparamos para esto, todas las unidades de cuidados intensivos de la provincia están preparadas, con lo que nos brindaron. Los recursos son finitos y las camas -aun antes de la pandemia también- siempre son pocas.

Fueron tantos meses de agobio, de quedarnos sin licencias, que nos encuentra un poco cansados

¿Cómo les afecta el estrés y la carga horaria?

Los terapistas van de una guardia a la otra. Por lo tanto, si se enferman son dos puestos que quedan libres, que el resto del personal debe atender. Los enfermeros trabajan de 36 a 40 horas semanales en cada trabajo, y en la parte privada, 44; además, el 40 por ciento tiene doble empleo. Significa que hacen más de 70 horas por semana. Ya venimos con un agobio anterior a la pandemia. La situación de salud siempre la vivimos al límite; nunca nos sobró nada, ni estructura, ni recursos, menos aún personal capacitado. Para que te des una idea, el nivel de bornout en el personal de salud es elevadísimo. En el último estudio que se hizo en Argentina, antes de la pandemia, para medirlo entre los enfermeros de cuidados críticos, dio un 60 por ciento de evidencia de personal bornout, que es aquel que está quemado, que está agobiado y que no debería estar en las unidades de cuidados intensivos. Ahora, esa cifra es mayor, porque no hemos pasado, de marzo a la fecha, sólo pensando en esto. No hay otro plan.

Los enfermeros trabajan de 36 a 40 horas semanales en cada trabajo, y en la parte privada, 44; además, el 40 por ciento tiene doble empleo. Significa que hacen más de 70 horas por semana

¿Hubiese cambiado mucho si este pico se daba hace tres meses?

Sí. Nos habría encontrado con otro nivel de adrenalina. Hace un mes ya estábamos deseando que todo esto pase, que el pico no se de nunca. Estábamos cansados, y justo en ese momento aumentaron tremendamente los casos. El cansancio no es solamente por lo laboral, nosotros somos parte de la sociedad, nosotros vivimos el aislamiento, la discriminación, un montón de cosas, como cualquier persona. Nos preparamos para esto, pero siempre sobre supuestos. Armamos y desarmamos escenarios todo este tiempo, pero todo fue simulación. Simulábamos cuándo iba a llegar (el pico), qué cantidad de pacientes íbamos a tener eventualmente, todo lo simulábamos. Pero cuando llega la realidad es muy distinto.

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¿Por qué?

Hay que entender que, para nosotros, como para todos, esto es nuevo. Es una nueva patología, una nueva forma de tratar la patología; una nueva forma de ventilar a los pacientes y de estar con ellos. Nosotros estamos acostumbrados a trabajar con el paciente y su familia; ahora, desde que empezó todo esto, trabajamos solamente con el paciente, porque debe estar solo. Todas sus necesidades básicas tenemos que satisfacerlas nosotros. Desde darles de comer, bañarlos o contenerlos psicológicamente.

¿Para qué nos tenemos que preparar ahora?

El sistema de salud no va a mejorar, seguramente va a empeorar. Porque la gente se empieza a enfermar, el personal se empieza a cansar. Y si mañana nos dicen que van a construir un hospital con más camas y más respiradores tampoco sería la solución porque no tenemos gente para atenderlo.

Esperemos que este sea el pico de la pandemia. Si este es el pico estamos en condiciones de sostener el sistema. Más que nada en Gualeguaychú y en Paraná, que tienen las unidades de cuidados intensivos ocupadas en un 70, 80 por ciento.

Siempre digo que cada uno de nosotros, como ciudadanos, podemos elegir qué hacer. Podemos elegir respetar las normas o no, es una elección. Muchos están haciendo lo que quieren. Pero ojalá no nos toque a nosotros tener que elegir a quien atender y a quien no, que es lo que está pasando en Río Negro y en Jujuy, por ejemplo. En esas provincias hoy deben elegir qué pacientes ingresan a cuidados intensivos y quienes no. Eso es lo que nos desvela.

Ojalá no nos toque a nosotros tener que elegir a quien atender y a quien no, que es lo que está pasando en Río Negro y en Jujuy

Es clave volver a achatar la curva de contagios…

El número de contagiados se triplicó en las últimas tres semanas. Nosotros, en la unidad de cuidados intensivos, estamos recibiendo a pacientes de hace siete o diez días, a los que se le complicó el estado de salud. Actualmente, en Entre Ríos tenemos aproximadamente 1800 personas activas (con el virus) que pueden complicarse. Son potencialmente usuarios de internación en el sistema de salud. Y si se van agregando de a 100, 200 o 300 casos diariamente, todo se va a complicar mucho. Un internado en los cuidados intensivos está entre 14 y 21 días promedio. O sea, cada 20 días, más o menos, se podría desocupar una cama. Eso es lo preocupante.

¿Debemos cuidarnos más que nunca?

Son muy importantes las tres semanas próximas. No para volver a encerrarnos todos, porque no creo que esa sea la solución, la sociedad ya hizo muchísimo sacrificio, fueron muchos los daños colaterales. Creo que, por una vez, debemos ser solidarios con el resto de la sociedad. Quien tiene la dicha de poder salir a trabajar, no tiene que ir a tomarse una cerveza con sus amigos; quien tiene la dicha de quedarse en casa ¿por qué armar un asado con diez personas?, eso no está bien. Esto hace que el resto se perjudique. Es momento de entender que lo que hago o dejo de hacer repercute en el otro.

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