Pascua para siempre
Jesús, una vez resucitado, no muere más. Así lo enseñaba San Pablo y también los maestros de la fe. La resurrección no es "volver a la vida", sino una vida transformada, nueva.Por monseñor Jorge Eduardo Lozano *Por eso, en los relatos evangélicos, el Resucitado se aparece en distintos momentos para fortalecer la fe de los discípulos. Esos episodios narrados están cargados de simbolismos. Quisiera comentar tres de ellos.Uno de los evangelios nos cuenta que en la madrugada de la Pascua algunas mujeres fueron para ungir el cuerpo de Jesús.Iban a buscar el cadáver del muerto. Y se encuentran con que la piedra había sido quitada y con la "tumba vacía". Es un primer signo. Unos ángeles les dicen "no busquen entre los muertos al que está vivo". Es invitación a superar el horizonte de la búsqueda. Es un llamado a no quedarse en la tristeza.A partir de ese momento las mujeres van con alegría a contar la noticia, y también se encuentran con Cristo que está vivo.El otro episodio que quiero recordarles nos lleva a la tarde de la Pascua. Dos discípulos que se vuelven tristes a su pueblo llamado Emaús, distante a unos 10 kilómetros de Jerusalén. Para ellos la experiencia del dolor había sido muy fuerte; tanto que ni creyeron lo que las mujeres habían contado.Y es el mismo Jesús el que se hace compañero de camino y les recuerda algo que había enseñado: debían cumplirse las Escrituras. La Pasión y Muerte no fueron acontecimientos casuales y desgraciados, sino cumplimiento de lo que anunciaron los profetas. Pero lo asombroso del relato es cuando los ojos de los discípulos lo ven partir el pan.Allí lo reconocen y se vuelven contentos a Jerusalén para compartir la alegría con los demás. Jesús también hoy camina junto a nosotros. Él quiere seguir siendo compañero de camino y alentarnos en la fe. Pero también nos pide a los cristianos que ayudemos a renovar la esperanza de los demás, a que estemos cerca de quienes están tristes y desalentados.Por último, quiero recordar el evangelio que se lee este domingo. Jesús se aparece a los apóstoles y los llama a la alegría y la paz. Pero Tomás no está con ellos. Más tarde, cuando los diez le cuentan, él duda: "Si no lo veo no lo creo".A la semana siguiente vuelve Jesús, se aparece y ahora sí está Tomás. El Señor le muestra las llagas que dejaron los clavos en sus manos y la herida de su costado, y le dice "felices los que creen sin haber visto". Esos somos nosotros. Creemos, tenemos fe, apoyados en el testimonio de aquellos hombres y mujeres, pero también por la experiencia propia, movida por el Espíritu Santo.La fe es un don de Dios y una respuesta humana.Hoy se celebra a Jesús Misericordioso. Desde esa imagen en la que se muestra ya resucitado, Él nos llama a fortalecer la certeza de su amor.* Obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
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