
Hasta la marcha en genuino pedido de Justicia, terminó en un hecho de violencia
La última semana ha sido una síntesis de estos tiempos argentinos. La hemos vivido entre crispaciones, intolerancia y contradicciones. Mario Alarcón MuñizOpiniónPor lo general a esta altura del calendario los ánimos se aquietan. Al acercarse las fiestas tradicionales habitualmente nos envuelve un clima de fraternidad y paz. No siempre es auténtico y suele esfumarse pronto. Pero es un sano anhelo que este año parece una utopía.En lugar de acercarnos, los argentinos nos enfrentamos. "¿Convivencia? ¿Convivencia con quiénes? ¿Con los enemigos? La convivencia la marcamos nosotros, los que somos mayoría", le escuché despotricar el viernes a un supuesto dirigente. Quizá sea la expresión aislada de alguien que carece de peso político. Y ojalá sea así. De todos modos hay motivos para sospechar que ese es el mensaje impuesto de manera directa o por inducción desde la cúpula oficialista. Y no es un buen mensaje de la democracia. El contenido fascista le desborda.Nubes de tormentaMientras tanto, sin llegar a subir al ring, el Poder Judicial se calzó los guantes. Recuérdese que en el acto de la plaza de Mayo, el domingo pasado, la Presidenta cuestionó a la Justicia y propuso su "democratización". Todo a raíz de la pelea del gobierno con Clarín y la decisión judicial de prorrogar el amparo interpuesto por el grupo periodístico acerca de la ley de medios y su presunta inconstitucionalidad. Al día siguiente la Corte Suprema rechazó "por improcedente" el planteo del gobierno de aplicar el "per saltum" al mencionado amparo.El panorama de esta controversia no podía ser peor el martes, cuando tembló Tucumán. El sismo judicial causado por la absolución de los trece acusados del caso Marita Verón y la trata de personas, sacudió a todo el país. Le vino de perillas al gobierno. Rearmó sus argumentos y volvió a la carga. Las sospechas de corrupción y sobornos a los jueces sobrevolaron el ambiente. Claro que poco o nada se habló de la dependencia de sectores judiciales de Tucumán respecto del gobierno K de esa provincia.Clarín, la prioridadPor su carácter de custodio de las instituciones y de los derechos y garantías de los ciudadanos, la Corte está obligada a la máxima prudencia. Dentro de ese marco, el presidente del supremo tribunal, Ricardo Lorenzetti, utilizó cuidados términos en su alocución del jueves al cerrar el año en la Asociación de Magistrados. "No somos una corporación, somos un poder del Estado", enfatizó. "Cuando uno cumple esta tarea lo hace con felicidad, no con dramatismo; los que actúan con dramatismo son los que contrarían sus principios o se apartan de la Constitución", avanzó el juez. Hasta ahí nomás. A buen entendedor, pocas palabras.El viento cambió el viernes. El juez Alfonso dictaminó que la ley de medios es constitucional. Se cayó el planteo de Clarín. "¡Ahora sí, tenemos buena Justicia!", festejaron varios funcionarios y gobernadores. Pero Clarín apelará y la novela seguirá. La gente continuará metida a la fuerza en una pelea que no le concierne ni le interesa, impuesta por el gobierno y los grandes medios nacionales de una u otra vereda.La inflación, la pobreza, la inseguridad, la violencia, la droga, la corrupción, la crisis energética, los servicios públicos deficientes, la educación a la deriva, la salud para los que pueden pagar, la producción alimentaria cada vez más atrapada por las multinacionales, son problemas de Mozambique. No de nosotros. Primero que caiga Clarín. Después veremos.La violenciaEn eso estábamos durante la semana, cuando estalló la violencia. Sucedió en Buenos Aires. Por eso nos enteramos de inmediato y con amplitud. Pero ocurrió de todos modos. El miércoles dos manifestaciones absolutamente distintas concluyeron de igual manera. Por un lado las organizaciones que rechazaban el fallo judicial de Tucumán; por otro los hinchas de Boca celebrando su día. Ambas derivaron en violencia, daños y un primitivismo que asusta, sin que nadie sea capaz de frenarlo, ni muestre muchas ganas de hacerlo.El estado de crispación tiende a generalizarse. No se requieren motivos extremos para que los ánimos se alteren. Cualquier asunto menor es suficiente, según observamos a diario. Corresponde a la sociología y la psicología estudiar las causas y procurarle soluciones a un problema que en verdad no es sólo nuestro. Quedó comprobado el viernes con la masacre escolar de los Estados Unidos.No obstante, cabe destacar que ese país ha intervenido de manera ininterrumpida durante los últimos setenta años en cuanta guerra grande o chica, propia o ajena, se ha registrado en el mundo. Y donde no había la inventaba (caso Irak). No extraña entonces encontrar allí gente dispuesta a dirimir sus cuestiones a los tiros.La preocupaciónEntre nosotros es distinto. Preocupa, sin embargo, que el estado de permanente confrontación sea alentado desde el gobierno. La Presidenta suele llamar a la unidad, pero de manera ambigua y hasta contradictoria, porque en el mismo discurso coloca en el paredón a quienes piensan de manera diferente, principalmente al periodismo. Ya es una obsesión. La cuestión es dividir. Nosotros aquí, ellos allá. "Dividir para reinar", aconsejaba Maquiavelo. Buenos y malos. Elegidos y réprobos. Unos sí, los otros no.De vez en cuando conviene recordar a nuestro padre, Martín Fierro: "Los hermanos sean unidos / porque esa es la ley primera..."