Perdone, se lo confieso
Sea como sea que lo vea, la lucha no está perdida. Porque acá no hay armas ni insultos que hagan la diferencia. Acá, solamente, puede encontrar un poco de esperanza, una pizca de sueños, o a alguien preocupado por un futuro mejor.
Rodrigo Garrigue*
Opinión
Acá señor, no encontrará brazos caídos, no encontrará cabezas gachas, no encontrará ojos dormidos, solo verá valentía, y ansias de revancha. Porque no nos dejamos vencer, porque tampoco queremos vencer, solo queremos justicia, por nuestros árboles, nuestro aire y nuestro río.
Son ellos los que buscan compasión, no venganza; son ellos los que sin vergüenza nos piden a gritos, a sollozos, que por favor, no los dejemos caer.
Es por eso, señor, que quizá usted no me comprenda, pero por esas pequeñas cosas que marcan la diferencia en una ciudad como la mía, es que yo no puedo dejar de pelear; es por eso que yo no puedo dejar de enfrentarme a la máquina de la destrucción; es por eso que a veces me enojo, y quizá sin pensar, peleo con gente que piensa como usted, y es que no es culpa suya, a todos nos afecta, solo que a veces no entiendo porqué están a favor de la destrucción. Aunque, si hay algo peor, permítame que se lo diga, que estar a favor de la destrucción, es quedarse de brazos cruzados.
Quizá para usted sea inútil el esfuerzo, y no lo culpo, con la situación, es fácil perder las ilusiones; pero por favor, venga conmigo, no pierda la oportunidad; observe a esta gente, mire cuanta dignidad, se levantan bien temprano, con el mate, a luchar por la verdad, a luchar por su ciudad. Y ahora nos llega la posibilidad, a todos, de este día poderlos ayudar, de caminar todos unidos, vivo el sol, viva la paz.
Para cantar ese hermoso himno, que en los años quedará, ese grito bien profundo que nadie puede arrancar, esa certeza insuperable de que ese monstruo ya se irá; y aunque para usted no signifique nada, y quizá nada ha de cambiar, vuelva el año siguiente, y lo mismo en la gente notará.
El desgarrador grito hiriente de ese niño que así usted no salvará, y disculpe mis palabras, la impotencia no se irá, porque grito que me ayuden, con voz de garza, de aire, de agua, de zorzal, pido a gritos que no se caigan, que aún queda por luchar, que los brazos se levanten, que el río vuelva a brillar.
Que aunque no rime con nada y usted de loco me tachará, venga, párese y diga conmigo, pero no porque se sienta obligado, sino porque debería sentirlo bien profundo, bien adentro, como un ansia de cambiar; venga, dele, no haga a la ciudad esperar, señor no tenga miedo, levante la cabeza, infle la voz, diga ¡NO A LAS PAPELERAS! Diga el domingo ¡YO VOY!
* Gualeguaychuense, hoy viviendo en La Plata
Este contenido no está abierto a comentarios

