Pereyra, el autor que no deja de ser profesor: “A los 50 años encontré mi voz de narrador”
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Escribió cuentos, una novela, poesías y un ensayo que lo consagró como ganador del Premio Fray Mocho, sin embargo se sigue definiendo como profesor. Retrato de un escritor que llegó a serlo luego de haber experimentado mucho en la vida. Amílcar Nani Los que estuvieron el viernes pasado en la Casa de la Cultura durante la presentación del libro "El papá de Magdalena y otras historias para ablandar la mano", puede ser que se hayan llevado todos una misma impresión: José Luis Pereyra, el autor de la obra, disfruta de un presente que no para de sorprenderlo.Esta publicación de cuentos breves (algunos brevísimos) contrasta totalmente con su libro más célebre, "Vida en obra", el ensayo con el que ganó el Premio Provincial Fray Mocho2015, donde retrata tanto la vida como la obra del escritor Isidoro Blaisten. Y la ansiedad por que conozcan a esta nueva criatura en él es indisimulable."Toda la vida quise ser escritor, desde que era chico. Lo que pasa es que recién ahora, a los cincuenta y pico de años, encontré la voz del narrador. Cambian los cuentos, cambian los relatos, pero en todos pude poner eso que encontré bien adentro mío", se confiesa el escritor de Gualeguaychú en una charla íntima con ElDía.Con cuatro libros ya en las góndolas, José Luis no se ve a sí mismo como un autor, como un escritor, como un hombre de las letras. Para él, sigue siendo el "Profe Pereyra", el mismo que enseña Lengua y Literatura en el Instituto Agrotécnico, en el Colegio Nacional, en la Escuela Técnica N° 1 Alférez de Navío Sobral, en Aldea San Juan y también en Aldea San Antonio."Es el Profe Pereyra el que escribe cuentos, el que escribe poesías, el que arma un mundo en una novela. Siempre soy el Profe Pereyra, y gracias a esa voz es que pude encontrar mi estilo, porque me identifica, porque soy yo", sostiene.Según cuenta, publicar un libro pasado el medio siglo de vida fue producto de un proceso de autoreconocimiento, y sin toda la experiencia que vivió considera que jamás podría haberse animado a dar el salto. "Es el gran problema de los jóvenes, que no encuentran la voz desde donde contar las cosas, porque no han sufrido o no saben aún quien son. Yo he tenido muchos trabajos, y los dejé a todos porque siempre me dije que yo no era eso. Pero tuve que vivirlo para saber que no lo era", rememora.Antes de ser quien es, de ganar el certamen literario más importante del la provincia, inclusive antes de ser "El Profe Pereyra", José Luis fue oficial de prefectura, fue burócrata, fue jefe. "Se mandar, se dirigir una tropa, se dar órdenes, pero nada de todo eso me gusta. Yo quiero contar desde mi personalidad todo eso que ahora estoy contando. Y si no hubiera sido profesor jamás habría sido escritor", afirma para ejemplificar que sólo desde la experiencia se llega al mundo que transita ahora."El autoconocimiento es el conocimiento más importante de todos. No importa saber quién escribió tal cosa, o quién ganó el premio Nobel el año pasado, o la formación de River del '54. No, lo importante es conocerte a vos mismo. Porque una vez que uno sabe qué puede hacer y qué no puede hacer según te dé el cuero o no, entonces sí uno puede sentarse a narrar de manera fiel a uno mismo", reflexiona.Con tan sólo escucharlo hablar, uno puede notar que las ambiciones de Pereyra no pasan por lo material y van más allá de la trascendencia. El hecho de que se haya puesto a escribir en una etapa de la vida en la cual la gran mayoría de las personas ya no tiene ganas de hacer nada nuevo demuestra que lo que hace lo hace porque quiere y lo disfruta. "Un escritor no debe pretender un auto cero kilómetro, una casa enorme, una modelo a su lado. Un escritor tiene que tener conciencia de que no va a tener una vida glamorosa. Me da risa esa gente que escribe un libro y se ve a sí mismo allá arriba, en una torre de marfil. Generalmente, la sociedad ve a un escritor como a un boludo, como alguien pobre. El poeta siempre está en otra, sus realizaciones pasan por otro lado", concluye con picardía, mientras saluda a los que lo acompañaron el viernes en la Casa de la Cultura y que se despiden de él con un "Chau, profe".
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