Política porcina
La presidenta de la nación Cristina Fernández fue quién se ocupó de realizar declaraciones inesperadas y sorpresivas. Las virtudes del cerdo y el pollo, contra la innecesaria utilización (según ella) del viagra para tener satisfacción sexual, o el logro de un físico delgado por la ingesta del alimento aviar, quedaron patéticamente exteriorizadas en los medios de comunicación de todo el país.Y uno se pone a pensar. El desvío semántico presidencial hacia aspectos cuasi humorísticos, significa un viraje estratégico para recuperar imagen, o sencillamente un traspié dialéctico por exceso de gimnasia lingüística, y abuso de una exagerada y reconocida cualidad que Cristina tiene como don natural, la buena memoria que a veces falla.Esta vez, humildemente entendemos, erró. Ella o los que la hayan asesorado para que disfrazara su natural manera de ser haciéndose la chistosa (don que no tiene). Sí. Estamos seguros que el efecto logrado, es inverso en sus resultados en la opinión pública, al que se buscó originalmente.Mientras tanto reflexionamos. Nos ponemos a observar la realidad que nos circunda. A observar cierta y abundante dirigencia que compone la realidad de la gestión pública diaria, y nos encontramos con muchos claroscuros que sirven de directo provecho personal a privilegiados abusadores del poder, que no sabemos si comen cerdo o pollo. Pero engordan igual.Ya no se trata sólo de funcionarios, por ejemplo, de los primeros escalones que siguen con un vicio cada vez más difundido. Nuestra historia política tiene como una característica marcada, que desde las sombras y oscuridades de la corrupción, con dineros y negocios mal habidos, se han enriquecido y engordado sus bolsillos los aprovechadores de siempre.Ahora en una muy grande escala, proliferan los "curros" que desarrollan muchos responsables de áreas ubicadas en segundos planos. Para seguir con las matemáticas, en terceros y cuartos escalones, en las jurisdicciones nacionales, provinciales y municipales de todo el país, son muchos los que van encontrando la llave que beneficia a sus amigos con algún "negocitos".Tanto como para a través del bautismo de ese nuevo curro, ir practicando para las grandes corrupciones que perjudican a todos los ciudadanos siempre.Particular y especialmente para aquéllos que todavía, pese al cansancio de la lucha que no da resultados, seguimos pensando en la aplicación plena de la transparencia y honradez en el manejo de la cosa pública.Cada vez resultamos más asqueados cuando observamos que gente joven, a los que imaginábamos alejados de las prácticas de los avivados que quieren estar en algún cargo para acomodarse económica o políticamente, se pueden hacer de manera tramposa, de recursos que pertenecen al ciudadano. Se especializan rápidamente en "currar".Y curran sin detenerse a pensar también, que desacomodan y le quitan entusiasmos a los que apuestan al crecimiento, a la productividad, a la inversión local, a la creación de nuevo puestos de trabajo.Los mismos que luchan por sobrevivir en ámbitos de dureza, faltos de toda promoción, y de sufrimientos infrigidos con la falta de pagos genuina que deberían honrar desde el estado, las deudas asumidas por esos mismos funcionarios que trampean licitaciones, o cortan camino con el contrabando jurídico que les permite disfrazar situaciones mentirosas, que favorecen a sus amigos, o protegidos políticos o personales.Creen esos funcionarios pasajeros como lo expresamos hace unos años en este diario, que son dueños de todo, y en realidad no lo son de nada.Se engañan a sí mismos pensando en la eternidad del poder. Se engañan a sí mismos pensando que con una u otra acción, por inteligente y bien presentada que sea, lograrán adhesiones de la gente en su carrera política.Esas y otras equivocaciones que recurrentemente ejecutan -el clientelismo- no sirvieron, no sirven ni servirán jamás para torcer la realidad de cualquier gestión.De toda gestión. Que resulta exitosa, cuando todos los responsables de ellas, estén en el escalón que esté, cumplen con su deber de servir al soberano. No cuando intentan servirse con todos los artilugios que les parezca, del lugar donde circunstancialmente están ubicados.La señora presidenta en lugar de ocuparse de las posibilidades "viagrales" que tiene o no, la carne de cerdo, es mejor que baje ejemplos y directivas hasta el último y más llano rincón del poder, para que simple, sencillamente, nadie intente siquiera prenderse de ninguna "teta de la chancha".Esa es la mejor manera de tener una sociedad feliz y contenta. De manera esencial, moral y éticamente contenta. Movida bajo controlDesde el gobierno municipal se asegura que no se están verificando "desbordes" asociados al turismo, en especial en la zona de Costanera, a partir de los mayores controles del Estado.Como se recordará, éste había sido uno de los temas traumáticos del verano anterior, cuando la movida nocturna, protagonizada sobre todo por jóvenes fiesteros, rompió los límites que garantizan la coexistencia vecinal.La administración se vio sobrepasada por el fenómeno, en medio de la acerba crítica vecinal. La sensación de descontrol, de pérdida de la noción de orden público, dejó su marca.Las autoridades, en falta por lo que pasó, se han empeñado en revertir la situación este verano. Han puesto en marcha, así, un dispositivo para conjurar desmanes, que hasta acá les estaría dando resultado.Las medidas van desde la regulación de las playas, pasando por modificaciones al estacionamiento y al tránsito en la Costanera, hasta mayor presencia de inspectores municipales para hacer cumplir la normativa vigente.Sobre este último punto, ha habido mayor severidad a la hora de controlar el volumen de la música de las confiterías y locales bailables, y sobre todo de impedir el expendio de bebidas alcohólicas en la vía pública."Si antes estábamos atrás del problema, hoy estamos adelante. No quiero cantar victoria, porque falta buena parte del desarrollo de la temporada. Pero sentimos que tenemos la situación dominada", fue la síntesis que hizo el intendente municipal, Juan José Bahillo en rueda con periodistas.Sin embargo, trascendió que el gobierno viene recibiendo alguna presión por parte de los prestadores de la movida nocturna, para que afloje un poco con los controles.Por ejemplo en lo que hace a la prohibición de la venta de alcohol en la vía pública. Lo mismo en cuanto a los límites al estacionamiento. El verano pasado los autos, emplazados en Costanera, se habían convertido virtualmente en 'boliches bailables'.Como esto desapareció, algunos parecen añorar esta práctica, argumentando que el negocio nocturno ya no es el que era. "Esto que ustedes pongan orden en la ciudad, nos jode a todos".Palabras más, palabras menos, ésta habría sido la queja que alguien cercano al Carnaval formuló a las autoridades locales. Lo que revelaría un claro conflicto entre intereses económicos particulares y aquellos que hacen a la ciudad.Parece que algunos apuestan a los desbordes, pese a que lesionan la convivencia y la imagen de Gualeguaychú.
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