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Por la reforma de pensiones, Francia quedó paraliza por una gran protesta

La primera jornada de paro en los ferrocarriles, la educación y otros sectores deja el país paralizado.

Nadie conoce los detalles de la reforma de las pensiones en Francia, pero las líneas maestras, ya desveladas, han bastado para desencadenar una de las mayores movilizaciones de los últimos años. La huelga masiva en el transporte ferroviario ha marcado en la mañana de este jueves el inicio de la primera jornada de protestas. El Gobierno francés da por hecho que la huelga se prolongará varios días. Los paros, que afectan a otros sectores como la educación o la aviación, han perturbado la vida cotidiana en París y las principales ciudades. Por ahora, sin embargo, no han logrado paralizar el país.

Un 90% de ferrocarriles de larga distancia han dejado de funcionar en toda Francia, así como un 80% de trenes de cercanías. En la capital, 11 líneas de metro están cerradas. Marsella, Lille, Burdeos, Niza o Estrasburgo han visto reducido el transporte público, lo que ha obligado a quienes iban a trabajar a desplazarse a pie o en medios alternativos como la bicicleta, el patinete o, para distancias más largas, los automóviles compartidos o en autocar. Los franceses demostraron ser previsores. Esto ha dado pie a curiosas imágenes de trenes que funcionaban pero estaban vacíos y, en los accesos a París, ha provocado una caída del tráfico de automóviles.

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El transporte constituye la espina dorsal de una huelga que, aunque lejos de ser general, tiene un impacto generalizado: sin trenes ni metros, la actividad de las grandes ciudades forzosamente se ve alterada. Pero no es el único sector movilizado. El 55% de maestros de escuela primaria y preescolar debían de sumarse al paro en todo Francia y el 78%, en París, según datos del Ministerio de la Educación Nacional. Se prevé la anulación de un 20% de vuelos. La huelga en las imprentas dejó los quioscos sin la prensa del día en papel y la Torre Eiffel cerró.

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Hay 245 manifestaciones o concentraciones convocadas en todo el país. La de París prevista para primera hora de la tarde en la Estación del Norte y terminará en la plaza de la Nación. Al contrario que en las protestas descontroladas de los chalecos amarillos, el servicio del orden sindical debería de contribuir a su desarrollo pacífico. Pero el ministro del Interior, Christophe Castaner, ha advertido de la posible presencia de chalecos amarillos violentos y encapuchados del black block. El objetivo de los convocantes es lograr una demostración de fuerza en la calle, aunque el bloqueo en los transportes podría dificultar una asistencia multitudinaria.

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La movilización de este jueves, que no cuenta con el apoyo del primer sindicato, la CFDT, es solo un principio. El Gobierno cuenta con que la huelga en los transportes públicos se prolongue el viernes y posiblemente el fin de semana. La clave será el lunes. Si ese día continúa el paro en el metro de París, los trenes de cercanías y los de largo recorrido, será una señal de que el pulso va en serio. La movilización de noviembre y diciembre de 1995 duró tres semanas y acabó forzando al primer ministro Alain Juppé a retirar su reforma de las pensiones, similar a la del presidente Emmanuel Macron y su primer ministro, Édouard Philippe.

El núcleo de la reforma es el fin de los 42 sistemas de pensiones actuales, en función de la profesión, y su fusión en uno solo que otorgue los mismos derechos a todos los trabajadores. En declaraciones a la cadena RMC, Philippe Martinez, líder del sindicato CGT, denunció que la reforma significará trabajar más tiempo y cobrar menos, y pidió su retirada. Macron ha querido preparar la reforma dialogando con los agentes sociales, pero al no concretar el contenido ha alimentado la confusión y los nervios entre los posibles afectados. Los paros podrían prolongarse hasta el 12 de diciembre, posible fecha en la que Philippe detallará las propuestas.

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