Por qué Andrade quería que hubiese bibliotecas populares
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Una carta suya de 1869 -piedra fundacional de la Biblioteca Sarmiento local- expone la original teoría de que esos enclaves harían más por la ilustración del pueblo que la prensa y el teatro.
Marcelo Lorenzo
Ciento cincuenta años atrás Gualeguaychú era un pueblo del interior, mayoritariamente analfabeto, que despertaba a la modernidad. Por entonces una minoría ilustrada de vecinos pretendía extender los beneficios de la educación al resto de los gualeguaychuenses, en un contexto de escasez material.
En ese grupo sobresalía Olegario Víctor Andrade, el poeta cívico y el combativo defensor del federalismo provincial, cuyo prestigio intelectual trascendía los límites de la comarca.
Como todos los hombres de su generación, Andrade abrazó el ideal decimonónico de la ilustración popular, convirtiéndose en un impulsor decidido de esa causa en la patria chica.
Por eso él aparece como el ideólogo gestor de la Biblioteca Popular Sarmiento, como cuenta el investigador local Hugo Daroca en su libro sobre la historia de la institución local que este año celebra el sesquicentenario de su creación.
Allí se dice que una carta de Andrade, fechada el 21 de mayo de 1869, dirigida a José Estanislao Cortínes, a la sazón secretario de la Asociación Protectora de la Educación e Instrucción de la Juventud, termina por decidir a esta sociedad vecinal, bajo cuyos auspicios se venían creando colegios en la ciudad, de encarar la creación de una biblioteca popular.
Lo que resulta atractivo de esa carta -que Daroca rescata del pasado- son las razones que esgrime Andrade para preferir esos enclaves a cualquier otro en la tarea de elevar el nivel cultural de la población de la localidad.
Cabe consignar que en esa época la ciudad contaba con establecimientos de enseñanza primaria, algunos periódicos, el teatro 1° de Mayo y grandes aspiraciones de progreso social.
No obstante el poeta se mostraba preocupado porque "vivimos rodeados de los vicios inherentes a la infancia colonial, luchando con la frivolidad del espíritu y la relajación de las costumbres".
Eso deja consignado en su misiva que, por lo demás, es una pieza recordatoria del desafío epocal de introducir a una sociedad analfabeta, como lo era la existente a mediados del siglo XIX, en la cultura del libro (científica y literaria).
Por entonces fue la escuela el instrumento inventado para que las nuevas generaciones aprendieran la lecto-escritura. Y esto en un contexto en el cual el país era receptor de grandes corrientes migratorias, extranjeros que también debían educarse.
Pero si los infantes contaban con la escuela para su socialización, para formarse como futuros ciudadanos del Estado democrático, ¿cómo elevar el nivel cultural del grueso de la sociedad adulta?
Andrade creía haber encontrado la fórmula para resolver este problema, sopesando el contenido de los instrumentos intelectuales disponibles en la época, con capacidad para influir en el sentido común popular.
En su conceptuosa carta a Cortines, introduce al respecto una diferencia entre "instrucción" por un lado y "educación" por otro. Señala que la primera es la que se imparte en las escuelas, en tanto que la educación "se opera por la acción espontánea de las cosas, por el ejemplo, y la acción civilizante de las ideas".
El punto, dice Andrade, es que "la generación presente, no puede ir a sentarse en los bancos de las escuelas, pero puede recibir esa educación fecunda que Rousseau llama la educación de las cosas".
Ahora bien, según él, para poder cultivar la consciencia de amplias capas de la población, en aquella sociedad nativa de la segunda mitad del siglo XIX, había disponibles "tres grandes cátedras": el teatro, la prensa y la biblioteca.
PARA EDUCAR MEJOR, LAS BIBLIOTECAS
¿A favor de cuál de estos instrumentos se pronuncia el poeta? ¿Cuál cree que posee la virtud de educar al soberano? ¿Cuál considera que contribuirá a sacar al demos (pueblo) de la ignorancia, siempre aliada de la tiranía y enemiga de la libertad?
Pues bien, Andrade se inclina por fomentar las bibliotecas populares, por considerarlas más a la altura de ese elevado propósito pedagógico, en lugar del teatro y la prensa, en su opinión órganos contaminados por elementos dañinos.
"Por desgracia -escribe- no podemos esperar nosotros del teatro, reproducción de sucesos y costumbres extrañas, elegidas para hacer efectos o para engañar, en que las más veces se hace la apoteosis del vicio y la unificación de la virtud. El teatro sin literatura nacional es una escuela peligrosa".
Conocedor de la prensa argentina, y pese a ser él un avezado periodista, Andrade opina por otro lado que no hay que hacerse ilusiones acerca de sus efectos benéficos en términos culturales (como sí creía, por ejemplo, Sarmiento).
Si bien considera que esta prensa es "ardiente, ilustrada, capaz de encender el corazón del pueblo, la llama sagrada del entusiasmo", aclara no obstante que, dado su sectarismo, al mismo tiempo "arrastra arenas de oro mezclado con fango".
Andrade dice que el "espíritu de partido" que domina las redacciones tuerce el rumbo de la prensa. De esta manera, "la palabra vigorosa de nuestros escritores públicos llega a los oídos del pueblo mezclada con el jadear del combate y las blasfemias del odio".
La prensa política, añade, "sirve al interés de los partidos con preferencia al interés supremo de la patria, y pocas veces ensaya sus fuerzas en el campo de la discusión imparcial y tranquila".
Este órgano de difusión de ideas "es un soldado no un apóstol", opina Andrade. "Me duele decirlo a mí que he sido tantos años uno de sus más oscuros pero fogosos representantes", agrega.
Por esta razón, a menos que se purifique de su espíritu sectario, "la educación de la prensa es ineficaz", opina. Y concluye: "No queda entonces otro medio de moralización posible que el de las Bibliotecas Populares".
Luego de explicar por qué razón era preferible fomentar este tipo de entidades culturales para Gualeguaychú, el poeta en su carta se compromete a dictar conferencias con el propósito de recaudar fondos para ese fin.
Con fecha 31 de mayo de 1869, el secretario de la Asociación Protectora de la Educación e Instrucción de la Juventud, le responde a Andrade. Allí Cortines le informa que su iniciativa ha sido sometida a debate y que dicha asociación determinó, ese mismo día, que "se establezca una Biblioteca Popular tan pronto se cuente con los recursos necesarios para ello...".
A partir de ese momento la Biblioteca Popular del Educacionista Argentino, hoy Biblioteca Domingo Faustino Sarmiento, comenzaba a gestarse.
Y así, la institución de calles San Martín y Alberdi adoptó el 31 de Mayo como fecha fundacional, cumpliendo este año su 150° aniversario.
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