Por un incorrecto procedimiento de tránsito terminó 9 horas en el calabozo
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Tiene 29 años y es arquitecto. Hace diez días vivió una situación insólita en la vía pública. Por el mal accionar de los agentes de tránsito y el abuso de autoridad de un policía lo mandaron al calabozo. Sebastián Lizzi la paso mal y eligió no quedarse callado "para que estas cosas dejen de pasar".Eran las 6.30 de la mañana del domingo 2 de abril cuando Sebastián Lizzi y su primo salieron de Wanaco Resto Bar, ubicado en Rocamora, entre Doello Jurado y 3 de Caballería. Cuando pasaron por la esquina de 3 de Caballería y Aguado se encontraron con la hermana de Lizzi y un amigo en común, ambos discutían con los agentes de tránsito y un policía allí presentes.¿Por qué discutían? "Un rato antes que nosotros mi hermana salió del boliche, cuando fue hasta el auto a buscar un abrigo llegó un agente de tránsito, que caminó una cuadra y media hasta el vehículo, para hacerle el control de alcoholemia. Ella le dijo que no había tomado nada, pero que no tenía la tarjeta verde, que se la había olvidado. Entonces, el agente, muy preocupado por hacerle el control, le dijo que no importaba, que lo importante era hacer la alcoholemia y que podía ir a buscar la tarjeta a su casa", relató Sebastián a ElDía."Una vez que mi hermana accedió a realizar el control de alcoholemia, y le dio negativo, un segundo agente de tránsito le dijo que no podía ir a buscar la tarjeta verde, que se le iba a hacer la multa. Esto, obviamente, generó la discusión con la que nos encontramos nosotros al pasar por el lugar", explicó el joven de 29 años.¿Se puede hacer el control de alcoholemia a alguien que no venía conduciendo? No. Definitivamente, no se puede. Existe una Ley Nacional de Tránsito, la N° 24.449, que así lo determina. Y este es un punto clave en lo sucedido la mañana del domingo 2 de abril. Sebastián y su primo se sumaron a la discusión. "Un agente decía una cosa y otro, otra", se quejó.Ya habían pasado las 7 cuando los responsables del procedimiento "se negaron a decirnos sus nombres" y la cosa se puso violenta. "Ya vamos a saber quiénes son", expresó el primo de Lizzi, generando la reacción del policía que custodiaba (y discutía a la par de ellos) a los empleados municipales."El policía empezó a empujar con el pecho y las manos a mi primo, y yo me metí para sacarlo a mi primo, ni siquiera lo toqué al policía. Pero, caliente por la discusión que habíamos tenido, me redujo, me esposó y me llevaron a la Jefatura. No lo podía creer", contó el joven que hasta ese día no había tenido ingreso alguno a la Policía.Al auto se lo llevaron (la conductora debió pagar $1050 para retirarlo y $900 de multa por falta de documentación). En tanto, según relató el propio primo de Lizzi, "Una vez que se lo llevaron detenido, le pregunté al policía por qué se lo habían llevado, a lo que me contestó: 'porque vos nos amenazaste'. Yo no lo podía creer", recordó. "En todo caso, ponele, me tendrían que haber llevado a mí", reflexionó sobre el accionar policial. Derecho al calabozo"Me marcaron los dedos, me sacaron la foto y me mandaron a un lugar espantoso, un ambiente de 6 x 4, más o menos, donde había dos personas. Hasta ese momento no tenía idea lo que era la Jefatura por dentro, menos el calabozo. Comida podrida en el piso, todo sucio, lleno de orina en las paredes, colchones mugrientos y un olor repugnante que salía de un excusado que no te puedo decir lo que era...imagínate, un foco infeccioso".Sebastián estuvo en esas condiciones desde las 7.30 aproximadamente hasta las 16.15, cuando llegó un abogado amigo y lo sacó. "Me querían dejar 24 horas por discutir con un policía por un procedimiento mal hecho, no entendía nada", expresó."Cerca de la una de la tarde nos trajeron la comida. Yo no comí, no se puede comer dentro de ese excusado, además me sentía mal. Entonces le dije a uno de los policías que era un asco el lugar, que así no se podía estar. Al rato, trajo una escoba y un desodorante para pisos, se lo dio a uno de los dos tipos, que estaba hacía dos días adentro supuestamente, y él se puso a barrer", relató, todavía asombrado de lo que le tocó vivir.Ya más tranquilo, aclaró que los policías de Jefatura lo trataron "bien", más allá de las paupérrimas condiciones de detención, y remarcó la necesidad de que "a nadie más le pase algo así"."No puede ser que hagan lo que quieran. Hacen las cosas mal y yo, por capricho de un policía me comí tremendo garrón. Y eso que tengo la suerte de tener un amigo abogado que me sacó relativamente rápido. Imaginate los que no tienen esa posibilidad", concluyó.
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