Por una conciencia nacional
"Nuestra mayor tristeza proviene de no saber quiénes somos. Hablamos en castellano, pensamos en inglés, gustamos en francés, amamos en ruso, nos apasionamos en italiano. Vivimos de prestado, abrumados por los preceptos de estéticas y éticas lejanas. Recién hemos dado en saber que la primavera nos llega en septiembre y no en abril".
José María Blanco
OpiniónAsí denunciaba Raúl Scalabrini Ortiz en plena Década Infame (hasta en su denominación se esconde la infamia, ya que duró varios años más que los diez que componen una década), la producción de subjetividades a la que habíamos sido expuestos los argentinos, desde donde se concibió una lógica de pensamiento colonial a pesar del Himno, la Bandera y un acta firmada que nos declaraba libres.Qué poco sabemos (y qué poco se nos enseña) sobre aquellos "Malditos" (1) (más que el título de un libro de lectura "obligada" de Norberto Galasso (2), un verdadero acto de justicia hacia ellos) que fueron condenados al ostracismo por no ser funcionales al "relato obediente" del mitrismo (por Bartolomé Mitre, autor de la "historia oficial"). Manuel Ugarte -uno de esos malditos- decía "en otros países se fusila, es más noble". A este hombre (Ugarte) por ejemplo, el gobierno argentino le negó la posibilidad de una jubilación y hasta una cátedra como profesor en la universidad (habiendo sido -junto a José Ingenieros- el gran ideólogo de la reforma universitaria de 1918), a pesar de sus más de 50 obras escritas y de haber integrado -en representación de toda América Latina- junto al español Miguel Unamuno y el ruso Máximo Gorki, una publicación internacional que tenía como Secretario de Redacción a un "tal" Albert Einstein.Algunos de ellos, como el ya mencionado Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche y Jorge Luis Borges (vaya sorpresa, ¿no?), recorrían las calles de Buenos Aires, militando la "causa nacional" sobre un cajón de manzanas, pero sin embargo (a excepción de Borges, quien canjeó su yrigoyenismo por fama europea) su prédica fue silenciada, como también el modo discriminatorio con que fue desapareciendo su obra no sólo de las librerías, sino también de los programas de estudio. Ese aparato de poder que ocultó (y aun lo sigue haciendo) tanto pensamiento trascendente para la construcción de una gran identidad nacional, se encargó -entre muchas otras cosas- de diseñar nuestro sistema educativo de acuerdo a sus valores y a sus intereses, de instalar las ideas desde las cuáles "debemos" ver el mundo, pero también nos "regaló" algunos de sus mitos.Como por ejemplo: de chicos nos decían que a "los nenes los trae la cigüeña desde París", ni siquiera -como dice Leda Valladares- un majestuoso cóndor desde los Andes, tampoco una lechuza desde Chivilcoy. ¡No, a los bebés los trae una cigüeña y desde París! (¿será por eso que asignamos a Europa el rol de cuna de la civilización y preferimos conocerla mucho más que a cualquier país latinoamericano, incluido el nuestro?).Ni qué decir sobre la cantidad de calorías que consumimos -con un calor, a veces sofocante- en las fiestas de fin de año; alimentos (turrones, almendras, avellanas, etc.) propios de una geografía con varios grados bajo cero, adornan las mesas familiares.Y hasta en una de sus noches, un señor de barba blanca y traje rojo (más producto comercial, que tradición cristiana y donde el color de su vestimenta fue impuesto por la gaseosa número uno del mundo) intenta deslizarse por la chimenea, cuando en realidad, aquí podría ingresar por las ventanas abiertas debido a las altas temperaturas. ¡Notable que luego se suba a un trineo tirado por renos atravesando un territorio nevado!Si ingresamos al mundo de la TV, del cine o de una juguetería, menudo festín nos haríamos con la cantidad de héroes, villanos, robots, humanoides, etc., a partir de los cuáles se nos "educa" subliminalmente (o no tanto) sobre quiénes son los "buenos" y quiénes los "malos". Tampoco podemos dejar de lado los "criollísimos" festejos de "Halloween" o de "el día de San Patricio" (el santo patrón de Irlanda) entre otras celebraciones de tradiciones ajenas.Entonces -nobleza obliga-, quizás haya algo (o mucho) de cierto en aquello que también decía Scalabrini Ortiz en los años 30: "Todo lo que nos rodea es falso e irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran" y quizás también, sea una buena oportunidad para comenzar a reflexionar un poco.
1- Manuel Ugarte, Raúl Scalabrini Ortiz, Manuel Ortiz Pereyra, Arturo Jauretche, Juan José Hernández Arregui, etc.2- Fue (y es) Norberto Galasso (con su enorme producción literaria y entre ella sus biografías) quien los mantuvo vivos y de no haber sido por él, muy poco se sabría sobre ellos.
José María Blanco
OpiniónAsí denunciaba Raúl Scalabrini Ortiz en plena Década Infame (hasta en su denominación se esconde la infamia, ya que duró varios años más que los diez que componen una década), la producción de subjetividades a la que habíamos sido expuestos los argentinos, desde donde se concibió una lógica de pensamiento colonial a pesar del Himno, la Bandera y un acta firmada que nos declaraba libres.Qué poco sabemos (y qué poco se nos enseña) sobre aquellos "Malditos" (1) (más que el título de un libro de lectura "obligada" de Norberto Galasso (2), un verdadero acto de justicia hacia ellos) que fueron condenados al ostracismo por no ser funcionales al "relato obediente" del mitrismo (por Bartolomé Mitre, autor de la "historia oficial"). Manuel Ugarte -uno de esos malditos- decía "en otros países se fusila, es más noble". A este hombre (Ugarte) por ejemplo, el gobierno argentino le negó la posibilidad de una jubilación y hasta una cátedra como profesor en la universidad (habiendo sido -junto a José Ingenieros- el gran ideólogo de la reforma universitaria de 1918), a pesar de sus más de 50 obras escritas y de haber integrado -en representación de toda América Latina- junto al español Miguel Unamuno y el ruso Máximo Gorki, una publicación internacional que tenía como Secretario de Redacción a un "tal" Albert Einstein.Algunos de ellos, como el ya mencionado Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche y Jorge Luis Borges (vaya sorpresa, ¿no?), recorrían las calles de Buenos Aires, militando la "causa nacional" sobre un cajón de manzanas, pero sin embargo (a excepción de Borges, quien canjeó su yrigoyenismo por fama europea) su prédica fue silenciada, como también el modo discriminatorio con que fue desapareciendo su obra no sólo de las librerías, sino también de los programas de estudio. Ese aparato de poder que ocultó (y aun lo sigue haciendo) tanto pensamiento trascendente para la construcción de una gran identidad nacional, se encargó -entre muchas otras cosas- de diseñar nuestro sistema educativo de acuerdo a sus valores y a sus intereses, de instalar las ideas desde las cuáles "debemos" ver el mundo, pero también nos "regaló" algunos de sus mitos.Como por ejemplo: de chicos nos decían que a "los nenes los trae la cigüeña desde París", ni siquiera -como dice Leda Valladares- un majestuoso cóndor desde los Andes, tampoco una lechuza desde Chivilcoy. ¡No, a los bebés los trae una cigüeña y desde París! (¿será por eso que asignamos a Europa el rol de cuna de la civilización y preferimos conocerla mucho más que a cualquier país latinoamericano, incluido el nuestro?).Ni qué decir sobre la cantidad de calorías que consumimos -con un calor, a veces sofocante- en las fiestas de fin de año; alimentos (turrones, almendras, avellanas, etc.) propios de una geografía con varios grados bajo cero, adornan las mesas familiares.Y hasta en una de sus noches, un señor de barba blanca y traje rojo (más producto comercial, que tradición cristiana y donde el color de su vestimenta fue impuesto por la gaseosa número uno del mundo) intenta deslizarse por la chimenea, cuando en realidad, aquí podría ingresar por las ventanas abiertas debido a las altas temperaturas. ¡Notable que luego se suba a un trineo tirado por renos atravesando un territorio nevado!Si ingresamos al mundo de la TV, del cine o de una juguetería, menudo festín nos haríamos con la cantidad de héroes, villanos, robots, humanoides, etc., a partir de los cuáles se nos "educa" subliminalmente (o no tanto) sobre quiénes son los "buenos" y quiénes los "malos". Tampoco podemos dejar de lado los "criollísimos" festejos de "Halloween" o de "el día de San Patricio" (el santo patrón de Irlanda) entre otras celebraciones de tradiciones ajenas.Entonces -nobleza obliga-, quizás haya algo (o mucho) de cierto en aquello que también decía Scalabrini Ortiz en los años 30: "Todo lo que nos rodea es falso e irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran" y quizás también, sea una buena oportunidad para comenzar a reflexionar un poco.
1- Manuel Ugarte, Raúl Scalabrini Ortiz, Manuel Ortiz Pereyra, Arturo Jauretche, Juan José Hernández Arregui, etc.2- Fue (y es) Norberto Galasso (con su enorme producción literaria y entre ella sus biografías) quien los mantuvo vivos y de no haber sido por él, muy poco se sabría sobre ellos.
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