Preocupa el poco desarrollo de habilidades físicas en niños por sobreexposición a las pantallas
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Especialistas de la salud infantil advierten que cada vez hay más niños con problemas para coordinar y realizar movimientos elementales como correr, saltar o lanzar. Las miradas apuntan hacia el excesivo uso de celulares y tablets desde temprana edad y la falta de juego libre como factores clave detrás de este fenómeno. Pediatras y profesores de educación física de Gualeguaychú confirmaron que esta realidad se replica a nivel local.
Es una realidad que los niños y niñas de hoy pasan más tiempo quietos y sentados que cualquier generación anterior, expuestos durante horas a dispositivos digitales que muchas veces reemplazan los momentos de juego físico y libre, sólos o con otros. Este cambio sin precedentes ha traído consigo consecuencias igual de inéditas: cada vez hay más chicos con problemas para correr, saltar, lanzar, atrapar, mantener el equilibrio, coordinar movimientos y controlar adecuadamente el cuerpo en el espacio; habilidades motoras fundamentales que se desarrollan durante la infancia, y que tradicionalmente se adquirían de manera espontánea a través del juego y la interacción con el entorno.
Estas habilidades son la base sobre la que después se desarrollan actividades físicas más complejas y aprendizajes funcionales. Además, el movimiento y la integración sensorial participan activamente en procesos cognitivos, emocionales y sociales que influyen directamente sobre la capacidad de aprendizaje y adaptación de los niños, por lo que la disminución de experiencias corporales durante la infancia no sólo afecta el rendimiento físico, sino también la percepción corporal, la autoestima y la participación social.
Esta dificultad en el desarrollo de habilidades físicas, llamada “analfabetismo motriz”, preocupa a profesionales de la salud, educadores y padres en todo el país, y ya fue advertida por especialistas de la Sociedad Argentina de Pediatría. En este contexto, Ahora ElDía habló con pediatras y profesores de educación física de la ciudad para conocer qué sucede en Gualeguaychú.
“En la consulta pediátrica vemos cada vez con mayor frecuencia niños que presentan dificultades o cierta inmadurez en algunas habilidades del desarrollo, especialmente en aspectos relacionados con la motricidad, aunque es importante aclarar que no siempre existe una única causa”, indicó la pediatra María Victoria Selene, y explicó que “el desarrollo motor necesita fundamentalmente experiencia y movimiento: que el niño juegue en el piso, corra, salte, trepe, manipule objetos, dibuje, construya y explore su entorno. Cuando gran parte del tiempo que debería estar destinado a esas experiencias es reemplazado por actividades sedentarias frente a una pantalla, se reducen las oportunidades de practicar y adquirir esas habilidades”.
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Luciano Bua y Martín Dahuc, otros dos pediatras de la ciudad, coincidieron en este diagnóstico. “Desde la consulta pediátrica vemos cada vez con mayor frecuencia dificultades relacionadas con el desarrollo psicomotor y con hábitos de vida más sedentarios. Esto no significa que las pantallas sean la causa de todos los retrasos del desarrollo. El desarrollo infantil es multifactorial y hay que considerar aspectos biológicos, neurológicos, nutricionales, familiares y ambientales. Pero sí estamos frente a un factor de riesgo modificable sobre el que hoy nos debemos preguntar sistemáticamente”, observó Bua acerca del vínculo de este problema con los dispositivos digitales.
Y apuntó: “A nivel internacional, la OMS considera a la primera infancia una etapa crítica para el desarrollo físico y cognitivo. Sus recomendaciones para menores de 5 años plantean que los niños necesitan un equilibrio adecuado entre actividad física, sueño y comportamiento sedentario. En menores de 2 años, se recomienda evitar el tiempo sedentario frente a pantallas; de los 2 años en adelante, hasta los 4, se sugiere no superar una hora diaria, siendo menos tiempo mejor. También se recomiendan al menos 180 minutos diarios de actividad física para los niños de 1 a 4 años”.
Dahuc, por su lado, observó que “estamos en una etapa de la humanidad en la que hay muchísimo desarrollo e incorporación de los niños y adolescentes a circuitos tecnológicos y de aprendizaje cognitivo. Los chicos van a idiomas, a clases de arte, hacen muchas tareas de manera digital, pero el aprendizaje motor, que se da desde el nacimiento hasta los últimos días de nuestra vida, es exactamente igual de importante”.
El pediatra, que se dedica a la deportología infanto-juvenil y tiene un gimnasio para niños y adolescentes, explicó que “los primeros años de vida, hasta los doce o trece, son de mucho aprendizaje motor”, años en los que “se trata de afinar la máquina, refinar el movimiento para hacerlo cada vez mejor. Esa libertad de movimiento hoy se ve muy acortada. Vemos niños que se mueven muy poco y con poca especificidad. Hacen movimientos poco ergonómicos, con poco rendimiento, gastando muchísima energía, o sin saber moverse”, describió.
Las pantallas, en la mira
El uso intensivo de tablets, laptops, teléfonos celulares, televisores y otros dispositivos digitales desde temprana edad aparece como un factor problemático para la salud infantil. En consonancia con otras sociedades científicas, la Sociedad Argentina de Pediatría recomienda que los niños no reciban estímulo alguno por parte de las pantallas hasta los primeros 2 años de vida; de 2 a 6 años, consideran adecuado un límite de una hora por día, con supervisión y contenidos educativos; y desde los 6 hasta los 17, un máximo de dos horas por día, en muchos casos también con supervisión.
“En el aspecto físico, uno de los principales problemas es que las pantallas favorecen el sedentarismo: los niños pasan más tiempo sentados y menos tiempo jugando, corriendo y realizando actividad física. Esto puede contribuir a alteraciones en los hábitos de sueño, aumento del riesgo de sobrepeso y obesidad y menor desarrollo de las habilidades motoras. En cuanto a la salud mental y al neurodesarrollo, la situación es más compleja. Un uso excesivo puede interferir con el sueño, la atención, la capacidad de autorregulación, el juego y la interacción cara a cara, que son fundamentales durante la infancia. En adolescentes, además, se ha observado una asociación entre el uso problemático de redes sociales y menor bienestar, dificultades de sueño y otros problemas de salud mental”, expuso Selene.
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Y aclaró: “No podemos decir que las pantallas por sí solas causan un trastorno del neurodesarrollo. El desarrollo infantil depende de múltiples factores. El problema aparece especialmente cuando la pantalla ocupa el lugar de experiencias que el niño necesita para desarrollarse: hablar con sus padres, jugar, moverse, explorar, aburrirse, imaginar, relacionarse con otros niños y dormir adecuadamente”.
Bua, en tanto, manifestó: “La evidencia científica muestra que no importa solamente ‘cuántas horas’, sino también qué contenido consumen los chicos, a qué edad comienzan, si hay un adulto acompañando y qué actividades están siendo desplazadas. En Argentina también tenemos información concreta. Un estudio realizado en niños de entre 18 meses y 4 años atendidos en consultorio encontró que el 100% utilizaba algún dispositivo y que el promedio de exposición era de 2,25 horas por día. En ese estudio, las preocupaciones de los padres relacionadas con el lenguaje y la atención aparecían con mayor frecuencia en los niños con mayor exposición, alrededor de 2,9 horas diarias”.
“Desde mi experiencia en consultorio, creo que lo más importante es no demonizar la tecnología. Las pantallas ya son parte de nuestra vida y también pueden tener usos educativos, recreativos y comunicacionales. El problema aparece cuando empiezan a reemplazar experiencias fundamentales para el desarrollo: jugar, correr, trepar, manipular objetos, conversar, leer, interactuar cara a cara y dormir. Por eso, más que preguntar solamente ‘¿cuántas horas de pantalla mira?’, deberíamos preguntar: ‘¿qué está dejando de hacer ese niño por estar frente a una pantalla?’”, concluyó.
Dahuc, por su parte, advirtió que parte de la complejidad de este problema radica en el hecho de que “vivimos en un sistema que está hecho para generar adicción”, y que “la adicción a las pantallas inicia desde muy temprana edad”.
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Un desafío para los padres y madres de hoy
Consultados sobre las recomendaciones que darían a los padres y madres de niños sobre la regulación en el uso de pantallas y la actividad física, los pediatras locales compartieron su visión al respecto.
“Creo que lo primero que tienen que entender los padres y madres es que las pantallas forman parte de nuestra vida y no se trata de demonizarlas, sino de aprender a utilizarlas de manera saludable. El problema aparece cuando comienzan a reemplazar actividades esenciales para el desarrollo infantil. A las familias les recomendaría prestar atención a cinco aspectos fundamentales: movimiento, sueño, juego, alimentación y vínculos. Los niños necesitan todos los días oportunidades para correr, saltar, jugar, explorar y estar al aire libre. También necesitan momentos de juego libre, sin una pantalla que dirija permanentemente qué hacer. También es importante establecer límites claros y rutinas familiares: evitar las pantallas durante las comidas, no utilizarlas como única estrategia para calmar al niño y, especialmente, evitar que interfieran con el sueño. Los adultos también tenemos que revisar nuestros propios hábitos, porque los chicos aprenden muchísimo de lo que ven en nosotros. Y hay algo que considero fundamental: no alcanza con decirle a un niño ‘dejá el celular’ si no le ofrecemos otra cosa para hacer. Tenemos que volver a recuperar espacios de juego, conversación, lectura, actividad física y contacto con otros niños”, apuntó Selene.
Bua, por su parte, resaltó: “No podemos pedirle a un niño que deje el celular mientras los adultos están permanentemente conectados. Y hay algo que me parece fundamental: si un niño presenta una dificultad persistente en el lenguaje, la motricidad, la comunicación o la interacción social, no debemos atribuirla automáticamente a las pantallas. Hay que evaluar su desarrollo integral y, si corresponde, realizar una intervención temprana. En definitiva, no se trata de una batalla entre “niños y tecnología”. Se trata de conseguir que la tecnología sea una herramienta dentro de la infancia y no que termine reemplazando experiencias que son irremplazables para el desarrollo”.
Por último, Dahuc expresó: “Recomiendo que los padres estén presentes, que sepan los nombres de los compañeritos de la escuela, que sepan los nombres de los personajes, de los contenidos que miran en televisión o en el celular. Que eduquen a partir de lo que es bueno y es malo, que todo momento es para educar y ese momento para educar permite cuidarlos. Hoy lo que se juega es la presencia de padres y madres en el proceso de vida de sus hijos”.
Un problema que se evidencia en las escuelas
Fuera del consultorio pediátrico, los clubes deportivos y las clases de Educación Física en las escuelas son otras instancias en las que el analfabetismo motriz y las dificultades para realizar ejercicios básicos se ponen de manifiesto. En diálogo con este medio, los profesores de Educación Física Celeste Piaggio y Alejandro Pereda contaron la realidad que observan en el ámbito educativo.
“Lo que veo cada vez más en chicos preadolescentes y adolescentes son problemas de coordinación y la capacidad de mantener la atención. Creo que la pandemia inició un proceso en el que después costó volver a tener la misma dinámica de antes. Se nota cada vez más una desarticulación motriz importante y una incapacidad de sostener una actividad durante un tiempo prolongado. La tolerancia a la frustración también ha disminuido considerablemente”, señaló Pereda.
Piaggio, por su parte, coincidió en que “la dificultad que se observa para ejecutar habilidades motrices básicas es notoria”, y explicó que “esto se vincula con una falta de estimulación corporal y de juego libre, y con el sedentarismo”. “La pandemia lo complicó, pero en general todo el uso excesivo de las pantallas ha generado un impacto negativo directo en la concentración, la conducta y la energía de los chicos en las clases. Ha bajado su rendimiento, su capacidad de atención y se ven muchas dificultades en las habilidades y movimientos”, completó.

