Preocupación de productores de Perdices y Ñancay por el crecimiento del delito rural
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Los hechos de cuatrerismo se han multiplicado en campos ubicados a la vera de la autopista mesopotámica, acrecentando la preocupación entre los productores, que ya no saben cómo combatir el delito.Un establecimiento rural lindero a la Ruta Nacional 14 fue objeto de dos hechos en pocos días. El 8 de noviembre sufrió la carneada de dos novillos de 300 kilos, valuados en $9.000 cada uno, y que posteriormente el propietario denunció en dependencias policiales.Por este hecho se realizó días siguientes una reunión entre productores de Perdices y Ñancay con efectivos policiales, tanto de la Jefatura de Gualeguaychú como de la Brigada de Abigeato. En ese encuentro se trataron temas relacionados al abigeato y la manera de operar de quienes incurren en este tipo de delitos.Pero el 3 de diciembre, el mismo campo volvió a ser escenario de una carneada. Se faenó otro novillo, del cual se llevaron los cuartos, la paleta y el lomo. Lo curioso es que en este establecimiento, situado en el kilómetro 23 de la Ruta Nacional 14, se habían tomado los recaudos necesarios para que no se repitiera lo sucedido en noviembre.Los animales estaban siendo arreados a una zona cercana al casco del establecimiento, a unos mil metros de la ruta, pero esta medida poco y nada le importó a los cuatreros, quienes actuaron con una impunidad que asombra, neutralizando los boyeros eléctricos que demarcan los potreros donde pastorea la hacienda, arreando los animales para ser faenados cerca de la cinta asfáltica, para luego cargarlos en un auto o en un camioneta.Todo indica que habrían utilizado un móvil de pequeño porte, lo suficiente para cargar 120 o 300 kilos de carne. Todos los animales recibieron un tiro en la cabeza de un calibre 22, para luego ser pasados a degüello con la precisión de un profesional.Se presume que uno o dos mayores, acompañados de menores, serían quienes llevan adelante la carneada. En cuanto al destino de la carne, fuentes confiables informaron que tendría que como destino la elaboración de milanesas, las cuales se comercializarían en forma clandestina, o al menos en comercios no habilitados.Cabe acotar que campos cercanos también fueron víctimas del delito rural, por lo que reina la intranquilidad e incertidumbre en una zona de establecimientos, que pese a las medidas precautorias, siguen siendo objeto de abigeato.Esta zona afectada se encuentra a pocos kilómetros de Ceibas y a 40 de Gualeguaychú, y está compuesta por varios caminos vecinales que conducen a Costa Uruguay Sur, Mercedes, Alarcón y otras localidades pequeñas.Por otra parte, la Comisaría de Perdices, actualmente base de una las Brigadas de Abigeato, se encuentra a poca distancia de donde se registraron los hechos. El patrullaje se ha reforzado, pero el área a recorrer es amplia y difícil, y la geografía beneficia a los delincuentes.
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