Qué hacer ante los arrebatos de cólera
En los hospitales de Buenos Aires se han abierto talleres para el manejo de la ira, una emoción básica que, según los especialistas, está dando la tónica a una época poco tolerante a la frustración. La información da cuenta que hay cada vez más personas atacadas por el enojo, una conducta desorbitada que también tiene raíces sociales y culturales. Al punto que se habla de un "mal de época" en Argentina."Los pacientes refieren más eventos de ira en su vida cotidiana", reconoció ante el diario 'Clarín' Daniel López Rosetti, coordinador del gabinete de Medicina del Estrés y Psicobiología del Hospital Central Municipal de San Isidro.Los especialistas de salud mental sostienen que se está frente a un fenómeno psicosocial que tendría dos componentes: por un lado personas sin capacidad para tolerar la frustración, y por otro una degradación del cuadro social, que incita a reacciones de enojo.En varios hospitales bonaerenses se han abierto talleres de terapia para mucha gente que pide ayuda porque no puede controlar sus ataques de cólera y violencia."Empezamos por enseñar qué es la ira, porque no se puede combatir lo que no se conoce", aseguró Rosetti, para quien la clave individual del problema consiste en tramitar la bronca aprendiendo a "diferir la respuesta"."En el hospital tenemos frascos con pastillas. Algunas dicen 'contar hasta 10'. Otras 'contar hasta 100'. También tenemos pastillas de 'No', otras de 'Proyectos' y también de 'Actividad física'", refirió el especialista.El enojo tiene lugar cuando algo no satisface nuestras necesidades, creencias o deseos. Es una emoción básica del ser humano, algo muy natural, y por tanto no malo en sí mismo.De hecho el enojo puede convertirse en el motor que permite avanzar hacia una meta, en una energía negativa necesaria para concretar un proyecto. Pero existe un "enojo malo", que es autodestructivo y pernicioso hacia los otros.Aquí ya estamos en presencia de una emoción negativa que desgasta y destruye al hombre y a su entorno. En este sentido preocupan las consecuencias de esta reacción, en términos de agresión y violencia.Los psicólogos aseguran que vivimos en una sociedad que no educa a sus miembros en la tolerancia de las frustraciones de la vida, que sería el corazón del problema.En efecto, los arrebatos de furia surgen cuando el mundo no se amolda fielmente a nuestros deseos. Sigmund Freud descubrió que hay una tensión inevitable -y en un punto incurable- entre lo que él llamó el "principio de placer", el deseo de gratificarse, y el "principio de realidad", los límites o muros del mundo real.Pero al mismo tiempo que ha bajado el umbral de tolerancia ante problemas cotidianos - en el marco de una cultura que halaga todo el tiempo los deseos- también la ira es el reflejo del clima social que vive el país.Eso piensa, por ejemplo, Juan Eduardo Tesone, psiquiatra, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, para quien el telón de fondo del enojo descontrolado es el resquebrajamiento del lazo social.En un contexto, dice, donde "se pierde la cohesión social y se desmoronan los valores que permitían un contrato social de convivencia", entonces "la persona se siente marginada, impotente y su reacción puede ser de ira y violencia como respuesta equivocada".Modificar la propensión a la ira, en suma, es algo decisivo no solo para las personas, que así evitan dañarse, sino para la salud colectiva, para la necesaria convivencia.
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