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Qué puede hacer la escuela ante la problemática del suicidio

Funcionarios del área de Salud Mental  explicaron cómo ayudar a escolares que expresan intenciones de quitarse la vida, en un encuentro con docentes y directivos de colegios locales. Marcelo Lorenzo ¿Cómo encuadrar conceptualmente el suicidio juvenil? ¿Qué respuesta institucional darle a este fenómeno inquietante que se expresa en las escuelas, cajas de resonancia social? Alrededor de algunos de estos interrogantes se desarrollaron las exposiciones de funcionarios vinculados a la psicología, en la jornada organizada en Gualeguaychú por el Consejo General de Educación (CGE) de Entre Ríos, el pasado lunes 6, en el Salón de Convenciones Municipal. “Escuela y Redes. Orientaciones para el abordaje de situaciones vinculadas al suicidio”, así se llamó la plática orientada a docentes y directivos de establecimientos educativos de la ciudad, durante la cual se expuso el pensamiento y la estrategia oficial para enfrentar la problemática. Allí se señaló que la voluntad de un niño o adolescente de quitarse la vida expresa sobre todo una crisis de carácter “vincular”, al interior del núcleo familiar, que a su vez en última instancia conecta con el “desamparo social”. Al mismo tiempo los funcionarios del equipo de Salud Mental del Hospital Centenario dieron pistas sobre qué cosas pueden hacer los docentes y la escuela en general frente a estos casos, a la vez que hablaron de cómo funciona  la “red local” interinstitucional para abordar la problemática. Sobre esto último, Yamila Horane Bulit, médica psiquiatra directora de ese equipo, dio detalles sobre el dispositivo de salud pública local que se activa en estos casos, y al que pueden acudir los colegios. “El primer referente con el que hay que comunicarse es con la familia. Hay que averiguar si hay un equipo tratante de ese chico, es decir si lo trata algún psicólogo. Luego, en lo que significa salud pública, el primer nivel de atención son los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS). Cada escuela conocerá su CAPS de referencia, con el que deberá contactarse. Si es necesario avanzar, dependiendo de la complejidad del caso, se puede recurrir al segundo nivel de atención que es el Hospital”, señaló. Al respecto Horane Bulit explicó que el Hospital Centenario cuenta con más de 40 profesionales afectados al área de Salud Mental, entre médicos, psicólogos, psicoterapeutas, trabajadores sociales, acompañantes terapéuticos, enfermeros y terapeutas ocupacionales, entre otros. Afirmó que este equipo está organizado “en dispositivos para trabajar en diferentes instancias”,  y que el primer contacto siempre es “interdisciplinario”. Pero aclaró que ante un caso de intento de suicidio o un suicidio no consumado, Salud Mental cuenta con una guardia para atender las urgencias. TARZÁN SÓLO EXISTE EN LAS PELÍCULAS A su turno, la psicóloga Alejandra Urquiola, responsable del área de Niñez y Adolescencia del Hospital Centenario, destacó que dado que la subjetividad se “construye” desde el “otro”, el suicidio tiene contenido social. “Yo soy bastante insistidora -dijo- respecto de que así como Piaget dice que la inteligencia se arma, lo mismo pasa con el psiquismo. Es mentira que vamos a encontrar un Tarzán que va a salir de la selva, tan bonito y con un lenguaje tan humanizado. Eso sólo sucede en las películas. Porque verdaderamente es indefectible la necesidad de armarnos a través del otro”. Y apuntó: “Pero primero tenemos que ser leídos por un otro. Y en este contexto de ser leído, la función materna o función de sostén es la que va a ser necesaria para poder armarnos, para poder a ir a un lugar donde se esté alojado. Aquí empieza a jugar la empatía, que no es solo simpatía sino la capacidad de poder bancar, sostener, hacerse cargo del malestar del otro”. Urquiola ejemplificó al respecto: “Si hay un niñito que llora y la mamá, en lugar de sostenerlo, también llora con él, esa madre no lo está ayudando. Aquí la identificación no tiene que ser masiva sino fragmentaria o parcial, para poder ponerle nombre a lo que está pasando y poder devolverle al bebé otro estado, que lo haga sentir vivo. Es decir, esto es siempre con otro”. La profesional dijo, en este contexto, que la problemática  no se circunscribe sólo a la adolescencia sino que afecta a toda la sociedad: “Porque la cuestión del suicidio sucede en todas las edades. Y uno lo piensa como aquel punto en donde el sujeto no pudo sentirse alojado, no pudo encontrar ayuda”. La especialista destacó que es “importantísima la función de todos los sectores, como es el caso de las instituciones escolares, que suelen ser vistas como el segundo hogar y la maestra como la segunda mamá”.“Pero lo importante de los agentes educativos -precisó- es poder registrar al adolescente con padecimiento psíquico. Eso significa poder hacerle un lugar al otro, poder alojarlo. No es necesario ser un psicólogo para esto. A veces se trata de advertir por qué, por ejemplo, ese chico está calladito, no se integra al grupo, o suele llorar. Se trata de tomar en cuenta situaciones en las que se comenta que tal chico está pensando ‘cosas raras’.  Y ése es un poco el lugar de ustedes, los docentes”. Al hablar de los síntomas que denuncian padecimiento psicológico, Urquiola mencionó la práctica de la autolesión de algunos adolescentes, en la que ellos “no buscan llamar la atención, ni suicidarse; sino aliviarse”.“Es importante el registro de todo esto, teniendo en cuenta la particularidad de cada uno. Sin tener que ser psicólogos. Pero sí pudiendo alojar a todos los que van a estar en el aula o en el colegio”, destacó.   LA CURA POR LA PALABRA En tanto, el psicólogo Nicolás De Battista, que trabaja en al área de Adolescencia y en el servicio de Maternidad y Ginecología del Hospital, habló sobre qué hacer cuando se registra una situación problemática de suicidio en la escuela y cuando ese hecho trágico ocurre. “Creemos que una vez que hay un registro, se trata de darle la palabra a ese chico. Es fundamental estar enlazados con otros, para no dejar solas a las personas que sufren. Yo particularmente estoy trabajando en el Colegio Nacional. En todos los casos lo primero que hay que hacer es convocar a los adultos referentes de este adolescente. Se trata de saber quién es el alojador de esa subjetividad. Traerlo a la escuela para iniciar un trabajo. Otro tema son los centros de salud, a los que hay que acudir en una primera instancia. Una vez que se detecta una situación, es fundamental acercarse a esos centros”, precisó, y “hacer lazos”. ¿Qué hacer cuando un alumno se suicida? Al respecto De Battista sostuvo que hay que desarrollar la “posvención”, un conjunto de intervenciones dirigidas a tramitar el dolor causado por el hecho, un proceso en el que intervienen los miembros de la escuela y los efectores de salud. “Aquí es importante cómo se tramita el después. Hay que pensar que un suicidio no sólo es un arrasamiento subjetivo, sino que arrasa también la trama simbólica de los lugares por los que esos sujetos participaron, aulas y colegios. En este sentido es importante acercarse a los centros de salud para poder empezar a armar un tejido ante el hueco que deja un suceso como éste”, indicó. Y añadió: “Principalmente el trabajo que hay que hacer es romper el tabú del silencio que ocurre muchas veces después del hecho, que deja por lo general sin palabras. Un silencio que tiene que ver con el dolor y que hace que no se pueda formular algún tipo de significación. Por lo cual es fundamental aquí armar un dispositivo de actividades grupales en donde la palabra empiece a vehiculizarse. No para hablar primariamente del suceso en sí, sino para expresar qué le pasa a cada uno (alumnos, docentes, directivos, etc.) ante lo que aconteció”. Según De Battista, “el único tratamiento posible frente a algo que quizá nos deja sin palabras, es justamente formular un significante, algo que hay que hacer entre todos, compartiendo el dolor que el hecho produce. Y esto para resignificar el acto suicidio, no como una solución al problema, sino para expresar que el sujeto en cuestión no pudo encontrar una alternativa, no pudo enlazarse a otro”. Sobre el particular, Urquiola reflexionó: “Muchas veces se cree que es mejor el silencio por temor al contagio. En realidad el efecto es al revés. Cuando algo es silenciado es peor, y por tanto hay que poner a circular la palabra. Ante un hecho tan traumático como éste que arrasa con toda posibilidad de inscripción, es importante poder ponerle algo del orden de la palabra”.   LA CULPA ES DEL MODELO En su intervención la psicóloga Edith Benedetti teorizó que “no hay una práctica que no sea política y epistémica”, señalando que un hecho en apariencia tan individual como el suicidio se explica en realidad desde causas sociopolíticas. Sostuvo que las ideologías neoliberales dominantes suelen enfocar el suicidio como un “hecho individual”, cuando en realidad refleja la desintegración de los lazos sociales en los que se inscribe toda “subjetividad”, producto de la injusticia social del “capitalismo periférico”.“La subjetividad se produce desde lo social”, sostuvo Benedetti, al explicar que el “contexto” determina la manera de sentir, pensar y actuar en los individuos, cuyo malestar psicológico siempre tiene raíces sociales. La profesional habló de “subjetividades en riesgo” ante distintas violencias. Pero al respecto indicó que ese fenómeno no debe ser entendido como el acto de pelearse, sino que existen violencias “estructurales” que producen “padecimientos y sufrimientos subjetivos”.“Por ejemplo, yo trabajo de psicóloga, pero me despiden y mañana me tengo que convertir en taxista. Eso implica un proceso de desubjetivación. ¿Tiene esto que ver con el suicidio? Y sí, tiene que ver con lo que nos está pasando (...) En estos contextos, solemos tener miedos íntimos por lo que nos puede pasar a nosotros, a padres o hijos, como los miedos a perder el salario o el trabajo, que es lo que ocurre hoy a nivel nacional”, indicó. Y reflexionó: “Tenemos que empezar a poner el acento en lo vincular, que tiene que ver cómo un adulto posibilita a un niño el crecer. Cómo pensamos en situaciones donde se vulneran derechos del niño. Por ejemplo un niño que tiene que salir a trabajar o no sabe si va a comer. Por lo general responsabilizamos a los padres por esta situación. Pero lo cierto es que los padres o los abuelos sufren la misma cuestión”.   SUBREGISTRO ESTADÍSTICO A todo esto, la psicóloga Paula Fisher informó que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) “cada 40 segundo una persona se suicida, lo que implica que casi un millón de personas se suicidan por año en todo el mundo”. Además acotó que por cada persona que se suicida, hay 20 personas que han intentando hacerlo. “Pero estos son números que no reflejan plenamente la realidad, ya que esta problemática tiene un subregistro a causa del tabú y la estigmatización con la que viene acompañado. Por ejemplo, en muchos lugares el suicidio está prohibido, es un delito. Así, hay un mal diagnostico de las defunciones, se dice que los sujetos mueren por otra causa”, aclaró al respecto.   REDES LOCALES El Hospital Centenario dio detalles sobre la red institucional que existe en Gualeguaychú para la problemática de salud mental. Son los sitios a adonde los establecimientos educativos pueden acudir para consulta y asesoramiento. > Hospital Centenario: teléfonos 426025 / 427831 / 428034, Sala de Salud Mental (int. 144), Gabinete de Salud Mental (int. 103) y Guardia General (int. 110). > Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS):  San Francisco (Jujuy e/Montiel y P. Daneri); Munilla (Buenos Aires y Chalup); Pueblo Nuevo (B. Roldán 830); Villa María (Güemes 1160); Suburbio Sur (Galeano 2231); Médanos  (3 de Caballería y Lisandro De La Torre); San Isidro (Córdoba 860); Cuchilla (Jauretche y Sáenz Peña); CIC "Néstor Kirchner" (Perigán 2300).  

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