¿Qué vamos a hacer cuando no estemos más en el diario? “Yo no me voy a jubilar nunca”
[gallery link="file" orderby="title"]Rubén Skubij y Marcelo Lorenzo recuerdan la década del 90 en diario elDía. El trabajo era de trasnoche y con máquinas de escribir. Además, aseguran que en esa época se impuso una impronta local en los títulos principales. Confiesan que no se imaginan sus días sin escribir. Los primeros pasos en una profesión, luego de la Facultad, son tal vez los más difíciles de hacer. Dos periodistas con experiencia, rememoran sus comienzos en el diario.Marcelo Lorenzo se incorporó en el 91 y trabajó en la redacción hasta el 93. Luego, se alejó por un tiempo y finalmente retornó en el 98 hasta la actualidad.Por esos años, el director era Oscar "Chichito" Lapalma, quien asumió al fallecer Adán "Nené" Carbone, padre de Gustavo y abuelo de Sebastián, actual director.En tanto, Gustavo Carbone era uno de los dueños y subdirector de la empresa."Yo era recién egresado de la facultad de Ciencias de la Comunicación de Paraná; estudiaba con Tirso Fiorotto y teníamos buena relación. Fue él quien me trajo al diario", relata Lorenzo.¿Por qué no te venís? Le preguntó Tirso Fiorotto a Marcelo Lorenzo. Y así fue, que se incorporó a la redacción de los años 90.Se recuerda a esa época como un momento "de apertura y ávido de periodistas". Por su parte, Rubén Skubij, actual jefe de redacción, asegura que Lapalma, además de ser el director, era la agenda del diario."Él nos traía ideas, notas o nos decía, tienen que hablar con tal o cual porque era un hombre que andaba mucho", aseguró.Rubén Skubij estudió en Rosario; se recibió el 10 de diciembre de 1989 y los primeros días de enero de 1990, se acercó al diario a hablar con el director. Chichito me dijo: 'vení a colaborar y a aprender'. Finalmente ingresó el 31 de enero del año 90. "Al primer mes empecé a cobrar; entré como prueba", recuerda.Además, Skubij contó que por esos años "se trabajaba de otra forma. Nosotros tipeábamos en las Remington y en las Olivettis viejas y los que trabajaban en cómputos tenían que tipear en las MAC'S chiquititas, lo que nosotros escribíamos en las Remington. Todo se demoraba mucho, por lo que terminábamos entres las 3 y las 4 de la mañana"."Éramos trasnochadores", dice Marcelo con una sonrisa, y asegura que los horarios se debían a "la mística del diario. "El diario se había propuesto en ese momento, entablar una competencia con las noticias locales de trascendencia. De hecho, el diario elDía inauguró las tapas locales; fue el nacimiento de las tapas porque antes trabajaban con noticias y hasta nacionales. Eso era distintivo de nuestro diario, y por eso esperábamos siempre hasta lo último". Sin Internet y con pocas radios La búsqueda de las noticias en los años 90 era muy distinta a la de la actualidad. De a poco, se iba dejando lo artesanal de los 80 y se vivía una transición en el ámbito de la tecnología. De todos modos, no había Internet y las radios informativas eran muy pocas, por lo que había que recorrer las calles y las instituciones para "buscar la nota".Por esos años, la redacción "era muy ruidosa", recuerdan Marcelo Y Rubén. "El escenario: las máquinas metían un batifondo tremendo, las Rémington y Olivettis; las desgrabaciones con los cassettes y sin auriculares, por lo que escuchabas lo tuyo y lo que hacía el compañero"."Era una situación frenética", dice Marcelo entre risas. "También estaban las máquinas viejas donde se imprimía y cerca de las 6 o 7 de la tarde comenzaba el momento más complicado".Rubén Skubij recuerda que en la década del 90, la impresión era en blanco y negro y que recibían información "a través de una cablera".Al respecto, Lorenzo contó las dificultades que tenían con esta tecnología: "muchas veces se cortaba el satélite y la nota decía, por ejemplo... 'Alfonsín dijo tal y tal cosa y empezaban las X Y, puntos, y después retomaba y seguía el discurso. Era complicado", aseguraron los periodistas.Además, resaltaron que Lapalma fue un hombre muy "municipalista; preocupado por el crecimiento de la ciudad, los trabajos de cooperativa, muy interesado en el asilo de ancianos, los bomberos y las bibliotecas". Una redacción pobladaEn la década del 90 no existían las notas por teléfono ni tampoco el envío de información vía Internet. "Eso hacía que la redacción siempre estuviera muy poblada, porque todas las notas que hacíamos tenían que ser dentro del diario; por ejemplo, si lograbas hacer una nota por teléfono a algún funcionario de Paraná, tenías que rezar para que la grabación salga bien".Recordaron que al igual que en los años 80, la fotografía era una de las complicaciones diarias: "las cámaras tenían en carretel con los rollos en blanco y negro. Había que sacar varias fotos por la luz porque las cámaras no eran buenas y después veníamos y estaba Hugo Santillán y Toni Machado que hacían el proceso de revelado"."Chichito siempre nos decía que teníamos que sacar las fotos bien de cerca", recordaron entre risas. "En los 90 empezamos con los suplementosque fue una gran innovación en lo gráfico"Según cuenta Marcelo Lorenzo, "el diario tiene muchas marcas registradas", entre ellas, destaca la incorporación de nuevos suplementos como anexos de la información diaria.Actualmente, se publica el suplemento "Hoy es el Día", dedicado a la mujer; el suplemento Rural; Vida Ciencia y Salud; el Signo, dedicado a la Cultura; el suplemento El Día y la Noche, enfocado en lo recreativo y cultural de la ciudad y el suplemento Urbano para los interesados en la arquitectura.Además, Skubij y Lorenzo destacaron la "vocación vecinalista, la producción propia, el color, la innovación tecnológica en el diseño, y una gran virtud que es la tradición de tener pluralidad democrática de la información".Al respecto, Lorenzo expresó: "es una estructura institucional de la que participan los directores con los empleados; porque tampoco concebíamos el periodismo de otra manera".En cuanto a la búsqueda de la información regional, Rubén Skubij y Marcelo Lorenzo recuerdan que debían recurrir a las encomiendas. Periodistas de Gualeguay, Larroque, Urdinarrain y otras localidades enviaban participaciones fúnebres, notas y hasta fotos por encomiendas que los periodistas de elDía buscaban en la vieja Terminal de colectivos.Actualmente, Marcelo y Rubén siguen trabajando en elDía y aseguran que no se imaginan su vida sin escribir. "Qué vamos a hacer cuando no estemos más en el diario", preguntan. Se miran, se ríen y dicen: "nosotros no nos vamos a jubilar nunca". Miradas que ya no estánAmbos periodistas recordaron aquellas miradas que ya no están y todo lo que aportaron a que la empresa se vaya consolidando día a día. Marcelo Lorenzo relató que Gustavo Carbone "ponía su impronta; venía desde Gualeguay o mandaba algunos cassettes con entrevistas que nosotros las armábamos".En tanto, Rubén recordó que en los años 90 "Gustavo venía dos o tres veces en la semana porque trabajaba en la radio de Gualeguay, hasta que luego se instaló en la ciudad"."Le gustaba mucho la política; hacía muchas entrevistas políticas y por la radio. Me acuerdo haber desgrabado muchas notas que hacia Gustavo a los legisladores nacionales y gobernadores", recordó Lorenzo.Por su parte, Rubén contó que "Gustavo viajaba mucho a Paraná a hacer notas a los gobernadores y funcionarios".Los dos coincidieron en que "fue una gran suerte para todos nosotros haber tenido todos directores periodistas, porque ellos saben lo que es andar y buscar las notas; es muy diferente a tener un director que sea un empresario y no entienda el valor y la mística de esta profesión"."Gustavo y Chichito fueron periodistas de raza y eso nos marcó mucho porque ellos se metían en el fragor del día a día", aseguró Lorenzo.Además resaltó: "Nosotros tenemos una mirada nostálgica; era en una época en la que nosotros éramos jóvenes. Conocimos gente que ya no está, miradas que extrañamos. Hay que seguir viviendo y ahora estamos en otra época". Buscando a los suscriptoresLa confianza que depositan los lectores en un medio de comunicación, es fundamental para el crecimiento del mismo. Los periodistas de los comienzos del diario, recuerdan que fueron creciendo paso a paso.Rubén Skubij relató: "yo hice muchas campañas de suscripción del diario con Chichito y Graciela, una compañera. Puerta por puerta íbamos y les llevábamos el diario. También íbamos a las entidades para que trajeran las gacetillas sociales. Pasaba por el Magnasco, la biblioteca Sarmiento y tantas instituciones porque necesitábamos ese material".
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