Que vuelvan las serenatas aquellas
Que vuelvan los lentos...que vuelvan tantas cosas vividas en la época de juventud y que fueron mejores. Que vuelvan también las serenatas porque las de ahora, hace tiempo no son lo mismo. ¿Será que estamos más viejos y nos ponemos melancólicos? Algo de eso puede haber pero además los que ahora tenemos hijos añoramos aquellas cosas que vivimos y que les harían bien.Por Guillermo RégoliColaboración Cambiaron algunas cosas de las viejas serenatas: se fue dejando la visita a cada profe en su casa, se fue dejando de lado la canción, se fue perdiendo el sentido de homenaje que representaban las canciones para el docente.De a poco los profes comenzaron a juntarse para esperar a los alumnos en algún lugar y evitar algún mal momento o no tener una larga vigilia de espera, el ruido fue reemplazando la melodía, y los alumnos pasaron a ser los protagonistas de la serenata: no siempre cantan; se disfrazan, bailan, saludan y se van a celebrar la otra serenata: aquella dónde junto a la amistad y a la música, aparece un personaje que tiene asistencia perfecta y es el animador de la fiesta: el alcohol.También cambiaron otras cosas: lo que viven los padres. Por un lado vemos crecer a nuestros hijos y anhelamos que vivan esta etapa con todo lo hermoso que tiene pero a su vez nos preocupan las cosas que pasan y en ocasiones nos sentimos confundidos.Nuestra ciudad tiene un protagonismo joven muy importante: carrozas, Gualeguaychú Joven, serenatas, paseos.En cada uno de estos acontecimientos se pone en marcha un ejército de personas que trabajan para cuidarlos: docentes, policías, agentes de tránsito, funcionarios públicos, padres. ¿Por qué cuesta sin embargo evitar frente a ciertas situaciones la preocupación, la angustia y el alivio cuando ya pasó el momento?Cada año luego de las serenatas aparecen las evaluaciones: fue una noche tranquila, gracias a Dios nos hubo problemas, los chicos tomaron menos, fue bueno el control, qué bueno que los padres estuvieron...pero el amigo con asistencia perfecta siguió estando: el alcohol. ¿Quién les vendió? ¿Quién compró la bebida? Tal vez haya que sincerarse y reconocer que no sabemos cómo corregirlo por eso buscamos minimizar las consecuencias.Tal vez tengamos que preguntarnos cómo hacer para que los jóvenes no consuman alcohol en una ciudad donde este se transforma en época de turismo en un permitido cada fin de semana.Que los padres tenemos que estar cerca de los hijos es verdad, que los padres tenemos que hablar con nuestros hijos también, lástima que en ocasiones, sobre cosas que otros les imponen; pero también es verdad que sigue faltando un compromiso mayor de la ciudadanía en evitar este problema.Cuando se produjo el caso Candela, hubo una frase dicha por uno de los manifestantes que me quedó grabada: CON NUESTROS HIJOS NO. ¿No sería un buen slogan para la ciudad? CON NUESTROS JOVENES NO. Yo elegí este lugar en el mundo para formar mi familia, educar a mis hijos y forjarles un futuro.Muchas veces digo NO a mis hijos y aunque me duele lo hago porque los quiero y se que es un bien para ellos. En esto no estamos solos, muchos lo entienden así pero es cierto que es difícil y a veces nos sentimos solos. Ojalá este año cuando se hagan las evaluaciones de la serenata se lea en los diarios un titular que diga: "Este año hubo menos alcohol y más alegría entre los jóvenes"
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