¿Quién es el otro?
El otro es el prójimo, el vecino, el hermano, el conocido, el que vive lejos pero lo conozco, el que no conozco y vive cerca.Por Dr. Juan Carlos RodríguezOpinión El otro es alguien que tiene expectativas humanas, que quiere conocer, saber, enterarse.El otro vive aquí o igual que yo en algún lugar de este país, e igual que yo quiere saber quien es el otro.El otro es nada menos, aquel a quien debemos mirar, hablar, contar, a veces adular otras exigir, una veces invitar, otras tantas rechazar y muchas más, tener en cuenta.Quizá el otro nos ocupe más cantidad que calidad de pensamiento, seguramente no le damos al otro todo lo que en consecuencia se espera, y es el momento de indicarnos porque esto es así.Los que hicimos catequesis alguna vez, sabemos por enseñanza y tradición, que el otro es ante todo el prójimo. Es el que bíblicamente está a nuestro lado, el que podemos ver, tocar, hablar, conocer, aunque potencialmente todo ser humano entre dentro de la descripción.Además siempre hay los otros en nuestra vida y muchas veces superan la descripción cristiana del término.Aunque todos conceptualmente podamos dar una definición similar, hoy nos encontramos cada vez cercanos al final de la teoría que sin quererlo une la conceptualización del otro y nuestra verdadera opinión al respecto, por eso la mejor forma de descubrir esta dicotomía en forma práctica es un ejercicio que llamaré el otro a la negativa.El otro debería ser nosotros, pero nunca sufre esa suerte, aunque el sufrir muchas veces sea la experimentación. Somos capaces de demostrar toda clase de pasiones, siempre y cuando podamos obtener a cambio algo que implique una contraprestación.Yo estoy convencido que cambiamos, y ese cambio en lo que respecta al otro no fue bueno.Cambiamos cuando en los noventa nos enseñaron año tras año, cambios monetarios mediante, que todo podía adquirirse, todo podía inquirirse, pedirse, exigirse como un servicio el que los demás estaban obligados a prestar. Esto lo integraban los maestros obligados a educar, los doctores a curar, los supermercados a hacer ofertas, las fábricas de electrodomésticos a ofrecernos más y mejor tecnología y los vendedores a vendernos en muchas cuotas y con descuentos, y todo ello porque el sistema lo permitía, porque nuestro peso nos rendía un equivalente vergonzoso pero excusado y encubierto para el general de los mortales. Todo ello con la convicción de que nada o lo menos posible debíamos dar a cambio; ni como padres, ni usuarios, ni obligados al pago, ni como personas integrantes de una sociedad en que la desigualdad cada vez fue una moneda tan corriente como el desinterés que a ese hecho le manifestamos.Hemos cultivado durante mas de una década un verdadero y comprobable mal social: el egoísmo civil, y hemos triunfado dándole al egoísmo la más ostensible de las importancias y mejor forma de generar dependencia entre nosotros. Pero de todas maneras, estoy convencido también que han hecho de nosotros los mejores adeptos a esa teoría, que ya dejó de serlo para transformarse en la manifestación más pura del neoliberalismo tercermundista, que el plan ha resultado exitoso y que nuestra dependencia a su "sistema" parece no tener manera de acabarse.No quiero pensar que la mutación sea al individualismo en una expresión que muestra a veces su más aguda expresión. No quiero pensar que nuestro comportamiento ahora internacional sea el que imponga un pensamiento de auto-alimentación de ideas nefasto solo para nosotros.Apelo a la vuelta al pensamiento humano, cristiano y simple de sabernos comunidad, que significa sencillamente unión de personas para un resultado común, agregaría, que lo común -que es el significado que no le encontramos a nuestro comportamiento- siempre sea el bien en su más extenso significado, simplemente porque el otro somos todos nosotros.
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