"Renovemos el compromiso por un Bicentenario sin exclusión social"
Durante el Tedeum celebrado en la Catedral San José, Monseñor Jorge Lozano, manifestó: el 25 de Mayo de 1810, el Cabildo abierto de Bs. As. hizo oír el primer grito de Libertad para nuestra Patria. Un grito que tuvo ecos en otros lugares del Continente.
“Esto fue posible porque en el corazón de aquel puñado de hombres y mujeres había convicción, compromiso, renuncias a intereses egoístas”, dijo Lozano y agregó: “celebrar el Bicentenario significa mirar nuestra raíz, fortalecer nuestra identidad y afianzar los pasos hacia el futuro. Aquellos próceres de hace casi 200 años soñaban con nuevos aires de libertad para forjar con responsabilidad y esfuerzo un futuro más digno”.
“Varios hombres religiosos ayudaron a dar forma jurídica y espíritu fraterno cristiano a los primeros gobiernos patrios. Los vemos a los frailes dominicos y franciscanos en todas las representaciones de la época”.
“Nuestra identidad en el presente tiene en parte aquellas raíces. Recuerdo haber leído una novela que relata la desorientación de un hombre que padece amnesia. Se lamentaba de no saber adónde ir “porque no conoce de dónde viene”; y sólo encuentra sentido a su camino -a su vida- cuando empieza a recordar su pasado.
Cuanto menos memoria tiene una persona, una familia, un pueblo, menos posibilidad tiene de construir su futuro con libertad”.
Acotó luego que los orígenes “hubo varios acontecimientos importantes en torno a 1810, y que forman parte de nuestra identidad y valores. No querer ser dominados por potencia extranjera que nos usurpara la tierra, y haber rechazado las invasiones inglesas; abolir toda esclavitud en la Asamblea del año 1813; reafirmar nuestra independencia en 1816 con líderes y caudillos de las diversas geografías de la Patria.
Esos mismos anhelos los encontramos hoy en nuestro pueblo. A veces se expresa en la convicción y el compromiso cotidiano con la justicia, con la verdad, en la vida social o política, en la participación democrática”.
Aseguró que “la honestidad de los gobernantes y la laboriosidad y participación del pueblo son necesarias para un Bicentenario celebrado sin pobreza, ni exclusión.
Demos gracias a Dios por los hombres y mujeres que desde los albores de la Patria han servido con generosidad y sacrificio al bien común, la justicia y la solidaridad.
La corrupción favorece el enriquecimiento acumulado en pocas manos, la extensión de la pobreza y el hambre. La corrupción provoca muerte. Pidamos también perdón por las injusticias, avaricias y desprecios a la dignidad humana.
Renovemos nuestro compromiso por un Bicentenario sin pobreza ni exclusión social. Que sea una fiesta para todas y todos los que habitamos este suelo amado por Dios y recreado en el día a día por nosotros, los hombres que construimos la historia con un Jesús que camina, sencillo y amigo, nuestros mismos caminos”.
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