Raúl e Irene: “nuestro lugar en el mundo, está en las islas"
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Raúl e Irene nacieron y vivieron en las islas entrerrianas la mayor parte de su existencia. En Arroyo Brazo Chico y Brazo Largo, respectivamente. Formaron parte de distintas etapas en zonas productiva por excelencia, y con un presente y futuro ligado al turismo y producciones alternativas. Fabián Miró Raúl Donaq (77) e Irene Scarpazzo (70), desde hace unos años transcurren sus días en Gualeguaychú pero su corazón está en Villa Paranacito y en las Islas. Allí nacieron, dieron sus primeros pasos, remadas en aguas de arroyos, riachos, ríos, convivieron con las crecientes que a veces se extendían por más de un año, conformaron una familia, siempre en base a trabajo y una vida sana.Es la historia de dos isleños que merece ser conocida. Raúl nació en la década del 30 en Arroyo Brazo Largo "cerca de la desembocadura con el Uruguay en un rancho, porque en aquellos años no había médicos, enfermeras cerca, solo una vieja partera que ayudaba a las mujeres a dar a luz", relató.Irene llegó el mundo en lo que hoy es el Hospital, en aquellos años Sala de Primeros Auxilios, y según reza la historia "fui la primera niña en nacer en el lugar un primero de septiembre. Para mi madre el parto fue doble. La lancha que debía trasladarla a Paranacito estaba varada por la bajante del río y sufrió más en el tiempo que llevó sacar la embarcación que el parto mismo".Irene, hija de inmigrantes italianos (Zona del Veneto), vivió su infancia en Arroyo Brazo Chico; "la primaria la hice en dos escuelas porque no todas eran completas. Estudié en la de Arroyo Negro y en la de Arroyo Brazo Chico (Martín Guemes)", detalló.Donaq cursó sus estudios primarios (Sexto Grado) en la isla, posteriormente el secundario en Gualeguaychú, y agrimensura en La Plata.Llegar al establecimiento educativo era toda una aventura cuenta Raúl. "A remo y a pie por las sendas, bordando la orilla de los ríos. Una hora a remo, y otra caminando hasta arribar a la escuela y otras dos para volver".La historia de Irene es similar. "Íbamos a la escuela en una canoa isleña (larga y angosta de unos 6 metros) junto a mi hermano y otros vecinos y como era la única niña, me peleaban siempre. Me sacaban el moño, tiraban las cosas, eran terribles", recordó. LA VIDA EN LAS ISLASCuando eran niños pescaban, jugaban con botecitos, se bañaban en el río; "juegos de isleños, una infancia muy linda con limitaciones pero muy feliz. No teníamos energía eléctrica, apenas sol de noche y algún que otro farol que no se usaban demasiado ya que había que cuidar el combustible. Hoy se entendería como una economía de guerra, pero para nosotros no era así", expresó Raúl.El problema con las lámparas se daba en todas las casas y la de Irene no era una excepción. "Siempre fui una amante de la lectura y de noche, cuando todos se iban a dormir, prendía mi lamparita de kerosen y leía hasta las 4 de la mañana, pero al otro día tenía mis consecuencias. No podía ocultar el consumo y los viejos se daban cuenta", comentóLos niños tenían sus obligaciones; "cuidábamos las gallinas, hacíamos huerta, trabajábamos en el jardín, y como mujer, destacó Irene, me tocó, ayudar en la cocina, bordar, coser, siempre teníamos alguna obligación y nunca decíamos estoy aburrido".Donaq agregó que "otra de las tareas que teníamos era la de juntar leña que se utilizaba para todo. Para calefaccionar las viviendas, además para cocinar, calentar agua y demás. Ni hablar de garrafas. Todo se hacía a base de maderos, un trabajo diario de cortar, trozar, dejar secar y después utilizar los leños", subrayó. UN VIAJE A GUALEGUAYCHULlegar a la ciudad desde Paranacito demandaba 4 horas como mínimo. Caminos de tierra, que cuando llovía se transformaban en un lodazal y era rutina "bajarse del colectivo, para sacar al mismo del barro y seguir adelante". LA LANCHA CARNICERAEl almacén de ramos generales flotante. Un Súper de otra época que llegaba con provisiones a distintos puntos de la isla pasaba dos veces por semana. Traía carne, por eso se las conocía como lancha carnicera. Partían desde Paranacito con toda su carga, que también incluía; yerba, azúcar, fideos, conservas, pero fundamentalmente carne."Nosotros nos encontrábamos en el final del recorrido y a veces la carne no llegaba en las mejores condiciones. A esa carne la dejábamos en una alambrilla al aire libre. Y mi madre, cuando veía que no estaba del todo bien, la hervía, además la trabajaba un poco con vinagre, prácticas comunes en aquellas épocas", remarcó Irene.Un comercio que también llegaba por la vía fluvial eran las tiendas; "una vez al mes, amarraba una lancha que se llamaba "El Sueño del Señor Guerra" y mamá que adoraba coser, compraba telas, camisas, zapatos, nos abastecíamos de esa manera". LAS EXPLOTACIONESLa superficie que trabajan los productores de la isla eran menores (20 a 50 hectáreas), salvo grandes explotaciones. "Pocas plantas, pero muy bien cuidadas, además de mucha variedad. Por ejemplo frutales, citrus especialmente, frutos de carozo para autoconsumo"."Teníamos de todo. El citrus (limón) se comercializaba en el Tigre", indicó.El padre de Irene, trabajaba como forestador. "En esa época se plantaban sauces y álamos que luego se vendían a muy buen precio. Después muchos frutales que tenían como destino la mesa de la familia. Con eso se comía y con el producto de los sauces y álamos hacíamos la diferencia. Recuerdo que mi padre cortó 5 hectáreas de monte y con el monto obtenido, pudimos viajar, estar 8 meses en Italia y conocer a mis abuelos, cumpliendo con el sueño de papá".Otra de las producciones que se llevaban adelante era la crianza de cerdos para autoconsumo" Carneábamos, hacíamos factura y se guardaba en la despensa, también criábamos pollos pata nuestro consumo" comentaron a duo.Raúl destacó que en un principio "En las islas, se refugiaba gente de malvivir, fugitivos de la justicia, encontraban su lugar en los montes y cursos de agua. Posteriormente con la llegada de los inmigrantes se empezó a poblar toda la zona" CONVIVIR CON LAS CRECIENTESLas casas en las islas son de alto. Tienen una medida de hasta donde puede llegar el agua, aunque los que saben, dicen que una creciente no es igual a otra. "Cuando venía el agua, la casa se transformaba en un Arca de Noe. Todo ser viviente en la parte de alto y a esperar que bajen las aguas. No se tomaba como un drama. Era parte de vivir en las islas". LOS MAESTROSAmbos recordaron con mucho cariño a sus docentes. Particularmente Liselote Seybol y Arturo Césare, dos personas especiales, como todos los maestros rurales que trabajaran en las Islas en una geografía muy particular. PRIMER INTENDENTERaúl Donaq a principios de los 80 ejerció como Presidente Municipal. "Lo hice a flote, porque mi pequeña gestión fue a bordo del Barco Capitán Brizuela, que se transformó en el centro cívico de la población. Allí se hizo todo lo que puede hacer en una oficina pública y mas también". LAS ISLAS EN EL PRESENTEEstán en un proceso de cambio, con la esperanza de que sea para bien y que puedan resurgir como en otras oportunidades. "En un momento dado se plantó y experimentó con muchas especies. Por ejemplo criaderos de gallinas que con el correr del tiempo se fue perdiendo", opinó Raúl.Irene recordó que "la parte forestal y de frutas era lo mas fuerte que tenía la zona. Después la creciente de los años 82 y 83 produjo un estancamiento y se perdió buena parte del área forestada. Hoy veo a las islas en un etapa progresista, por una juventud pujante y un turismo que crece día a día".
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