Recuerdos de un médico con historia

Por Gustavo Rivas, Marcelo Lorenzo y Rubén Skubij
De la redacción de El Día
GR: Don Alberto tu padre toda una institución en Gchú, fundador de “París-Londres”…
Nací junto con la tienda París- Londres en 1938. Mi padre fue muy emprendedor. Tenía 5° grado; fue empleado de “Casa Galli” (España y 25) Cuidaba la tienda de noche, luego se independizó, y llegó a tener su tienda de artículos para hombres, rubro que no existía en Gchú. y también la zapatería “Tonsa”.
ML: Una familia de comerciantes.
Mi padre vino a los 15 años de Pigüé; era un vendedor nato, porque si uno iba a comprar un botón, te salía vendiendo un pantalón. Un tipo muy vital y andariego. En la época del ripio y las balsas, se iba con su auto a hacer las compras: “¿Este pantalón cuanto vale? 20 pesos ¿Y por 10? y.. 15. ¿Y por 30?.. 5. Bueno dame los 30” y cargaba el auto; en épocas que no robaban autos ni la mercadería. No esperaba que las cosas vinieran a él; buscaba todo, era un genio para los negocios. Llegó a hacer un capital muy grande, pero él quería ser médico, tenía libros de medicina del 1800 y pico. Gracias a Dios, fui el primero que pude hacerle realidad el sueño al viejo. Los otros médicos de la familia vinieron después. Mis 2 hijos son médicos, mi hermano Martín, sobrinos, mis dos nueras, una familia de médicos.
GR: En la familia Alazard hay también músicos, artistas de teatro.
-El mayor es Bocha; segundo era Roberto, que murió, él era Escribano. Después sigo yo y Marta, la profesora, conocida por su actividad en el Magnasco, Escuela Normal de la que fue Directora, Río Vida y otras cosas. Martín, es el más chico. Graciela, una hermana que está en casa, no estudió. Y Bocha tuvo “la virtud” de abandonar, porque la extrañaba la madre. Iba a La Plata, allá tenía su novia, pero se vino a trabajar con el viejo.
ML: ¿Dónde estudió?
Primaria en la Normal. Recuerdo a mi maestra María Julia Duarte.
Nos hizo rendir el 6° grado libre a los mejorcitos y por eso nos recibimos muy jóvenes. Curse el Nacional; después comencé Medicina en La Plata, en 1956.
ML: ¿Recuerda algún profesor de la secundaria que lo haya marcado?.
-Si: Rodolfo García, como a todos, nos ha marcado. Rodolfo Debeheres era un gran hombre; "Quito" nos enseñó en todo sentido. Hablábamos de las profesiones nos daba una enseñanza sobre qué nos podía gustar, a qué nos podíamos dedicar.
GR: No había orientación vocacional.
Exacto, no había y Quito fue fabuloso por lo que nos enseñó. Otro recordado es el Dr. Jorge Roko, el profesor de Química. Con él no me sacaba 10; era buen alumno, sacaba 8. Yo no tenía libro de química, así que copiaba las definiciones de Roko. Y esas definiciones eran las mismas de la Facultad de Medicina de La Plata. Entonces, lo de aquel gran profesor me sirvió muchísimo. Teníamos muy buenos profesores.
GR: ¿Lo tuviste a don Guillermo Mosto?
Guillermo (h), que fue juez, era compañero mío, íbamos juntos a la misma división. Su padre, el Prof. Mosto era muy adusto, no volaba una mosca en el aula. Cuando le dábamos serenata nos echaba, pobre Don Guillermo. Y después de mucho tiempo, el viejo profesor se enfermó y hasta que falleció, estuve todas las tardecitas conversando con él: grandes amigos después de haber sido su alumno.
ML: Usted hace un balance de una buena educación.
-Sí, la del Colegio era una muy buena educación. Y no les puedo decir lo que era en la Facultad. Éramos 60 alumnos, lo que facilitaba las prácticas. Empecé con prácticas en primer año. Entonces íbamos a Anatomía y pescábamos las piezas para estudiar.
GR: ¿Fuiste alumno de don Rómulo Lambre?
Y de Pretto Díaz; tuve grandes profesores, te activaban para estudiar. En segundo año ya veíamos enfermos. ¡Qué diferencia con algunos que en hoy se reciben casi sin tocar un enfermo! Todo era en comisiones especiales. Histología se estudiaba sobre tejidos preparados. Nos pasábamos las tardes viendo los preparados. Cuando voy a rendir, miro un preparado, lo pongo en el microscopio y el profesor me dice: “usted lo conoce de afuera”. Era el famoso Rapaport, bravísimo: para aplazarte ,hacía un arquito con una pelotita de papel y decía: ¡gol de Rapaport!
Entonces yo le contesto: “si lo conozco de afuera, porque he visto el preparado. Me dice: “A ver, explíqueme, descríbamelo.” Ta.. Ta... ta.. chau. Dos o tres preguntas y me aprobó. Claro, es fácil: si yo conozco el preparado de afuera, es porque lo he visto. Éramos comisiones chicas y siempre estábamos en alguna comisión especial, éramos 3 o 4 que teníamos los sectores en las distintas salas. Hice con el Dr. André, otro famoso profesor francés que era también bravísimo para los exámenes; tenía la sala uno. También fui practicante e instructor de esa sala por 3 años.
ML: ¿Y en la pediatría, como empieza?.
Les puedo decir que pediatría era todo. La mayoría de los recién nacidos eran vistos por los parteros generalmente. En 5° año comencé a ir al H. de Niños. Primero iba a ser cirujano, estaba el "Negro" Sáenz, muy buen cirujano plástico, Jorge Irigoyen de Gualeguaychú y uno o dos más. Fui a la sala de cirugía y no me gustó. Probé como ayudante de operaciones. Y dije:“ no es para mí”. Entonces lo invité a Carlos Watters de Gchú. que ahora es cirujano en Uruguay: “no me gusta cirugía- le dije- te invito y te llevo”. Lo presenté en la sala: él quedó en Cirugía y yo en Clínica. Pero en los años 50 no había Neonatología. Era el sector de lactantes y prematuros. En la sala era grande había muchos lactantes y al fondo había una piecita con una o dos incubadoras antiquísimas. Y ahí hacíamos la actividad de Neonatología y lactantes. Con una incubadoritas muy viejas. Claro, la modernidad ha ido agregando cosas, pero lo básico y lo más importante es la atención, no la del médico, sino de la enfermería especializada.
ML: Así que de ahí se empezó a especializar.
Acá vinimos a Pediatría, no había Neonatología.
GR: ¿Qué otros médicos gualeguaychuenses recordás de la camada tuya en La Plata?
-El "Vasco" Ideartegaray y Mario Lerner, se recibieron después que yo. Mario Medrano iba dos o tres años antes.
GR: Con el Vasco vivía el Gringo Baretic..
-El gringo empezó con nosotros pero terminó después, era muy minucioso igual que el “Gallego” Bermúdez, gran hincha de River, con él íbamos juntos. Él estudiaba y si no le salía perfecto, no salía, por eso demoró un poco más. Empezamos en Julio un año y terminamos en diciembre del año 6 años después. Rendimos 11 materias entre noviembre y diciembre. Hay días que rendíamos 3 materias juntas. Pero teníamos era la ventaja de las prácticas que eran fabulosas; teníamos una sala con los enfermos, allí íbamos.
ML: Un tema que hoy se está debatiendo en el sentido de que hoy, práctica médica, no hay. Es clave.
-Supongamos. Los pediatras nuevos -creo que vinieron uno o dos- para empezar la residencia, la mayoría se forman acá en la guardia. Creo que Gualeguaychú no tiene escuelas para hacer pediatría.
Tiene que venir bien formados, pero se dedica poco tiempo para formarse.
GR. ¿Conociste a “Goyo” Spektor?
Una pinta bárbara Gregorio "Goyo" Spektor, él había sido médico mío cuando era chico. Era hermano de Bernardo, el de la Tienda “El Hogar”. "Goyo" era un tipo excelentísimo, un caballero. Cuando uno se recibía, se estilaba ser presentado. Era amigo de mi madre; me presenté a lo de "Goyo" y me recibió como un señor: “Si querés, mañana estás en la sala. A tal hora vamos a ir a mirar los enfermos”. Si no estaba y necesitaba consultarlo, lo llamaba y me decía: “estoy en La Rufina (su campo), salgo para allá”. Y se venía a ver el enfermo. Otro gesto muy digno: la primera fiesta del médico -el 3 de diciembre- se hacía en el Club Recreo. Entones me dice: “Carlos vamos”. “No doctor, yo no conozco a nadie”. “y traela a tu novia”, te espero en la puerta a las 9 de la noche”. Fuimos con Mabel, hoy mi señora. Nos presentó uno por uno a todos los médicos del Colegio Médico: una maravilla.
Son anécdotas que son lindas de decir porque este hombre era un tipo especial, jerarquizaba cualquier cosa. Hasta que “Patico” Daneri me habla un día: “se murió Goyo”, vamos a pasar por la casa antes de ir al Hospital”.
GR: Patico: el “Padre Jeannot” de lo niños pobres…
Si, una lástima. Patico sufre un problema grande; él era el médico, el Jeannot de los chicos. Atendía gratis a todo el mundo, no cobraba a nadie. Y tendría campo y todas sus cosas no necesitaba era su apostolado. Pero se enferma y se queda pobre. Entonces cuando empieza a cobrarle a la gente, se le enojaban y se le iban los pacientes. Un tipo que atendió siempre gratis. Y cuando llega el momento que él necesitaba, no lo apoyó nadie.
GR: ¿Y qué hacías si te llamaban de urgencia? médico recién recibido, sin auto…
Me iba en una moto prestada o si no, salía en bicicleta. Disparando al Hospital con la Neonatología a cuestas. Hasta que logré tener un autito mucho después.
GR: Principios de los 60; ¿Cómo surge la necesidad de crear este nuevo servicio de neonatología?
-Los recién nacidos estaban mal atendidos, iba uno, iba otro de Pediatría, a veces nos turnábamos. Pero no existía el equipamiento de hoy, teníamos una incubadorita que era una cajita de lata con una bandeja con agua y un foco. Lo que mejora la atención es la presencia del pediatra en el parto. Entonces estábamos un día en pediatría y nos cita el Director, Dr. Eduardo Suárez, un gran administrador, gran director del Hospital, aunque yo he tenido mis encontronazos porque que quería un antibiótico y no me lo daba. Pero no me peleaba con él. Entonces nos cita a Pediatría junto al Secretario de Salud Miguel Torrealday que era muy joven y un gran organizador. A través de él, con Carlos Altuna (h) que era de obstetricia, Arturo Elgue en pediatría y yo en Neonatología, hicimos la regionalización de la Provincia en Áreas Programáticas: Paraná, Concordia y Gualeguaychú con sus áreas de derivación. Se derivaba al hospital de Paraná o al de acá, según la complejidad y la categoría del hospital. Si el problema era muy grave, se mandaba el recién nacido a Paraná. Eso fue el comienzo de las áreas programáticas. Entonces ese día nos cita el doctor Suárez con Torrealday y nos dice: “bueno muchachos, tengo un plan para proponerles: el año pasado hice el curso del Dr. Jacobo Halac. Un gran personaje, un gran formador de gente. Tiene servicios fundados en toda la república.
Torrealday que había hecho el curso anterior, nos dijo:”muchachos acá tenemos que hacer Neonatología en Gchú. Entonces ¿quién se va 2 meses a Córdoba a estudiar para ser Jefe de Neo? El sueldo era lo único que nos daban para vivir dos meses en Córdoba.
GR: Tenías que dejar tu consultorio….
Y me criticaban mis colegas. ¿Cómo vas a dejar, sos loco? cuando volvíamos alcanzamos a comprar nafta con moneditas porque nos agarró la suba del “Rodrigazo” (1975). Así que estuve 2 meses sin trabajar y se me acabó todo, pero lo bueno. Esto se organizó de tal manera que se hicieron concursos de acuerdo a la Ley 4170, a la que el Dr. Suárez era muy apegado.
Entonces se hizo el concurso y así salí Jefe de Neo. Los concursos fueron de Jefe y asistente -que era el siguiente escalón- resultó Rodolfo “Coco” Lifschitz y ahí empezamos la carrera. Entonces, como les decía, en Córdoba estuvimos dos meses, hicimos de enfermeros los primeros días, limpiando cunas.
RS: ¿Cuántos médicos hicieron ese curso?
Había dos cursos. Uno anual era para los chicos jóvenes de Córdoba y de todo el país; otro bimensual que era para los jefes de servicio. Entonces éramos alrededor de 20, pero era un plato porque a los viejos, los más jóvenes no nos querían. Y mirá lo que pasó: La chica que hacía genética, María Etchegaray, de Gualeguay era amiga mía; cuando los médicos jóvenes van al ateneo, ella le hace a uno de ellos, una pregunta sobre un chico con una rara enfermedad que allí tenían. A ese médico joven, yo casualmente le había hablado de ese raro síndrome y le contestó correctamente. Ella, sorprendida le dice: “: cómo lo sabés? ¡vos estuviste hablando con un médico petiso gordo de anteojos! Era por mí. Desde ahí los jóvenes nos empezaron a respetar a los viejos. Claro, andábamos en genética mucho antes que ellos. “Son años”, como se dice ahora.
Este Dr. Halac nos hacía hacer el esquema del equipamiento del servicio que cada uno tenía. Entonces cuando llega mi turno. me paro y le dibujo una escupidera. Este se “mi servicio” le dije. El nos enseñó como hacer “los azulejos” con pinturas, si no los teníamos y muchas otras cosas. Era un tipo que te enseñaba a formar un servicio, a darnos maña con lo que teníamos. Pintábamos -con Nilda y con todas las otras chicas- las sillas, cualquier cosa. Andaba con el destornillador para repasar incubadoras. Toda la vida anduve con el destornillador en la mano.
GR: No existía “Capullos” todavía.
-Empezamos solos el primer año. Me acuerdo palabras de Jacobo Halac -un maestro-. Decía: “ustedes siempre consigan apoyo de las señoras”. Él nos inculcó que debíamos hacer una cooperadora o como se llame, porque de por sí, el gobierno no alcanzaba a cubrir las necesidades de servicio, entre pañales, medicamentos etc. Entonces hablé con la señora "Nelita" Bermúdez de Irigoyen.
GR: Fundadora de Marí Marí.
Yo le atendía los chicos a "Nelita" y le decía: "Nelita", tenemos que hacer tal cosa. “Si ,vamos”… era 1974.
GR: Cuando a "Nelita" se ponía en algo ¡acomodate!
Pero no sólo la actitud, las ganas, sino la perfección, todos los detalles. Entonces ahí empezamos con “Capullos”, ella nos ayudó muchísimo.
RS: En 1974 nace Capullos.
-Resulta que a raíz de eso, a Nilda Hernández, que era la enfermera nuestra del servicio, la mandamos a Córdoba y fue 6 meses -con goce de sueldo también- Y ella fue la primera enfermera de Neonatología. Por eso hablo siempre de “nosotros” un equipo. Nilda es una gran persona. Se fue 6 meses a Córdoba y consiguió alojamiento en la casa de una enfermera amiga. Y sólo con los gastos del sueldo; era un sacrificio enorme. A Nilda la quería invitar y no podía venir. Veníamos “nosotros” -no hablo del jefe sino de todos- y era notable porque cuando yo veía los chicos, ella tenía todo preparado para analizar. Genial; una persona que a la que nunca veías agitada. Era una gacela, nunca hacía un ruidito, siempre sencilla. Y ella por suerte, fue la maestra de todas las enfermeras que pasaron por Neonatología. Sin embargo, siendo tan sacrificada, creo que terminó como enfermera rasa.
GR: Recordemos que en esa época acá no había carrera de enfermería las enfermeras se hacían por la práctica.
-En Córdoba si. Acá no. Y con “Capullos” becamos varias enfermeras para ir a Paraná, Concordia o a Córdoba. Gracias a Capullos se hizo y se salvaban muchísimos chicos. Teníamos un área grandísima: Nogoyá, Gualeguay, C. del Uruguay que no tenían servicio y de Holt e Islas, muchísimo.
RS: ¿Capullos viene a ser la madre de otras instituciones?
No, ya estaba LALCEC. Después vinieron todas las demás.
Con “No me Olvides” pasó otra cosa: nosotros quisimos hacer una Asociación de Ayuda al Niño y hubo una interferencia con la Sala de Pediatría, que no aceptaron. ¿Qué hacíamos con Capullos? Cuando necesitaban antibióticos, se los donábamos a Pediatría hasta que se hizo “No me Olvides”. Tendría que haber sido una sola entidad; es lo que queríamos nosotros.
ML: ¿Cómo era la situación sanitaria, los índices de mortalidad?
-Si yo te digo que firmé -me decían que era loco al venir a Gualeguaychú- ¡12 certificados de defunción en una semana! Los chicos se morían deshidratados. Le decían “la pata de cabra”. Vi unos mellicitos que murieron porque la curandera le dio aceite de ricino. No los llevaban al Hospital, o por educación o por falta de dinero capaz. Entonces con el Dr. Spektor iniciamos con el “Concurso de Niño Sano”. Era maravilloso eso porque tenía pautas: los más pobres tenían más puntaje, entonces todo chico lactante que cumplía con el peso -se controlaba peso, vacuna y lactancia a pecho- todo eso tenía su mérito y se sumaba puntaje. El chico mejor vacunado con mejor peso y que tomara la teta y que fuera muy pobre, a ese se le daba plata del premio y un diploma. Ya partir de ahí, empezamos con el “Consultorio de Niño Sano”. A los niños sanos los veíamos junto con los enfermos. Porque hasta entonces, que no se usaba controlar en forma preventiva al chico sano. Así se empezó con ese control.
GR: Hay una profesora, Rosa Haydee Junco, que como estudiante del Sedes Sapientae hizo la Historia de Capullos.
-Sí, Rosa era la secretaria nuestra en casa. Y te preguntaba p. ej.: “Doctor ¿qué es un indio? Ella era de Corrientes y empezó a estudiar, luego quiso dejar y le decíamos: “vos no vas a dejar”; estudió hasta que se recibió, y hoy Profesora en Corrientes, tiene el máximo de horas.
GR. ¿Quienes más colaboraban?
Aparte de Nelita hay mucha gente: la asistente social, "Negrita" Hernández de De Alba, María Julia Obispo, "Lala" B. de Torrusio. Su hija hizo el logo de Capullos
GR: ¡Que coincidencia! en 1981 Lala fue directora de Papelitos con el célebre “Circus Show” y ese mismo año, Nelita dirigía la naciente Mari Marí ¿quienes más?
Elena Bianchi, Amanda Kerps de Lozano Aguiar, Olga Lerner, Mabel Alazard que se ha sacrificado siempre. Es una maravilla, ha puesto el hombro en todo y la mayoría, el 90 % de lo que hemos hecho junto. Elsa, la esposa de "Pirincho" Díaz , Ana Simón de Darchez, Mabel Lifschitz, Betucho Irigoyen, Jesús Hernández, hay muchos que colaboraban. Comenzamos a hacer cenas o asado con cuero y estaban las mujeres sirviendo y toda la batería de varones atrás, cocinando o haciendo el asado. Se empezaron a hacer festivales con Capullos y se fue variando. Se hacían tortas, postres, de todo. Después terminamos sirviendo eventos.
La sala en su momento era de referencia en la zona o sea que estábamos en primer nivel. Por supuesto, ahora se ha sofisticado mucho más. Pero el servicio fue de primer nivel siempre. En Argentina creo que la de acá fue la primera casita que hubo para madres de los recién nacidos. Hicimos con Capullos tres habitaciones para las madres, con cama, con cocinita y baño. Antes que la de Buenos Aires y la de Mendoza que inauguró hace dos años. Tenemos las casitas de las madres desde mucho antes.
¿Algo que agregar?
Muchísimas gracias por haberme invitado.
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