OPERATIVO AMBIENTAL
Retiraron más de 2.000 kilos de residuos inorgánicos del río Gualeguaychú y su franja ribereña
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Plásticos, vidrios, latas y bidones fueron parte de los desechos retirados. Las condiciones hidrológicas excepcionales permitieron alcanzar sectores habitualmente fuera del radio de acción de los equipos. Además, se extrajeron entre 4.000 y 5.000 kilos de material orgánico acumulado.
Llevaron adelante un operativo integral de saneamiento en el río Gualeguaychú y su franja ribereña a partir de una condición hidrológica excepcional que permitió intervenir sectores habitualmente inaccesibles ya que la marcada bajante registrada días atrás habilitó un despliegue técnico más profundo, con alcance sobre superficies que, en niveles normales, permanecen cubiertas por el agua y fuera del radio de acción de los equipos.
Las tareas se ejecutaron de forma coordinada entre la Dirección de Espacios Verdes, la Cooperativa El Ciclón y la Subsecretaría de Ambiente y Seguridad Alimentaria, con apoyo logístico de Higiene Urbana para el traslado y la disposición final de los desechos recolectados.
La operatoria incluyó frentes de trabajo diferenciados, tanto en tierra firme como sobre el curso fluvial, con un esquema que priorizó la eficiencia operativa y la cobertura territorial.
Desde el río, personal especializado accedió mediante canoas y embarcaciones livianas a puntos de acumulación de residuos, lo que permitió retirar elementos flotantes y semisumergidos con precisión: este abordaje complementó el trabajo realizado en superficie por cuadrillas terrestres, que avanzaron sobre la línea de costa y sectores de uso público.
A su vez, la Cooperativa El Ciclón participó en el acondicionamiento del área de la Costanera, con intervención directa en espacios de tránsito frecuente y zonas de permanencia.
El resultado del operativo refleja la magnitud del proceso de acumulación previo. Se retiraron entre 4.000 y 5.000 kilos de material orgánico, compuesto por resacas, restos de vegetación en descomposición, troncos, ramas, maderos y piedras que interferían con la circulación peatonal y el desplazamiento de embarcaciones. Este tipo de residuos, aunque de origen natural, genera obstrucciones físicas y afecta la calidad ambiental del entorno ribereño.
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El dato más significativo se vincula con la extracción de más de 2.000 kilos de desechos inorgánicos, cuya presencia evidencia prácticas inadecuadas de disposición final. Entre los elementos recuperados se identificaron botellas plásticas, envases de vidrio, latas de aluminio, fragmentos de metal, restos de nylon, bolsas, bidones, piezas de telgopor, envases de productos de limpieza, elementos de pesca descartados, sogas sintéticas y diversos objetos domésticos deteriorados. Este conjunto presenta un alto impacto negativo por su persistencia en el ambiente y su potencial contaminante.
El área de cobertura del operativo se extendió desde el predio del ex Frigorífico hasta el Balneario Municipal, con una primera etapa centrada en los alrededores de la Costanera del Tiempo. Posteriormente, los equipos avanzaron sobre el balneario, donde además ejecutaron tareas de acondicionamiento general del espacio público, con mejoras en la superficie verde y ajustes en la infraestructura existente.
Cabe destacar que este tipo de tareas forma parte de un esquema permanente de mantenimiento. Sin embargo, el contexto de bajante permitió ampliar el alcance habitual y profundizar la remoción de materiales acumulados durante períodos prolongados. La combinación de condiciones naturales favorables y planificación resultó determinante para alcanzar los niveles de extracción registrados.
Desde una perspectiva técnica, la remoción de residuos reduce riesgos de obstrucción en sectores de escurrimiento, disminuye focos de contaminación y contribuye a preservar la biodiversidad asociada al ecosistema fluvial. Además, favorece el uso seguro del espacio público y fortalece su integración con la dinámica urbana.
Entre los residuos inorgánicos extraídos, el plástico representa la categoría de mayor preocupación ambiental. Las botellas, bolsas, nylon, bidones y envases de telgopor se fragmentan con el tiempo en microplásticos que ingresan a la cadena alimentaria acuática y resultan prácticamente imposibles de remover una vez dispersos. El vidrio, aunque no se fragmenta de la misma manera, genera riesgos físicos para la fauna y para las personas que frecuentan el balneario, mientras que los elementos de pesca descartados constituyen una trampa para aves y peces, que quedan enredados y mueren por asfixia o inanición. Cada categoría de residuo tiene un impacto diferenciado, pero todos comparten una característica: su presencia en el río es evitable.
Los metales y los envases de productos de limpieza suman otra dimensión al problema. Las latas de aluminio liberan compuestos que alteran el pH del agua en su proceso de oxidación, mientras que los bidones de detergentes, blanqueadores u otros productos de uso doméstico pueden contener residuos que afectan directamente la calidad del agua y la supervivencia de la flora y fauna acuática. La combinación de estos elementos en un mismo ecosistema genera un efecto acumulativo que supera con creces el impacto individual de cada uno.
Las bajantes, cada vez más frecuentes por efecto del cambio climático, suelen leerse en clave de pérdida. Este operativo mostró que también pueden aprovecharse como ventanas de intervención para hacer lo que en condiciones normales resulta imposible.
