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Reutemann y el día que una decisión suya cambió la historia para siempre

Cualquier decisión que se toma en el pináculo del poder trae consecuencias. Desde las más chiquitas hasta las más grandes. En un contexto de crisis y debacle más todavía. Si lo que te rodea es un tembladeral, te movés un ápice y todo se puede venir abajo. ¿Qué habrá pasado por la cabeza de Reutemann cuando Duhalde le ofreció la candidatura presidencial y dijo que no en el 2003?

Por Jorge Barroetaveña

Carlos Alberto Reutemann tenía 79 años y falleció el miércoles en Santa Fe. En una habitación común de la clínica donde estaba internado, porque lo pidió especialmente. Se fue con el mismo perfil bajo que cultivó durante toda su trayectoria. Primero en el automovilismo y después en la política. Y se llevó a la tumba los motivos reales de aquella respuesta negativa, que le terminó por allanar el camino a un tal Néstor Kirchner.

Apenas una reseña para recordar el contexto de aquel hecho. El país venía de una de las peores crisis de su historia, con casi el 40% de pobres, sin moneda y el estallido social que se llevó puesto a De la Rúa. La saga de los 5 presidentes hasta que Duhalde fue electo por el pleno del Congreso. El asesinato de Kosteki y Santillán fue la gota que desbordó el vaso y Duhalde no aguantó. Empezó a buscar entonces el candidato para que el fabuloso aparato de la provincia de Buenos Aires lo catapultara a la Casa Rosada. Algunos dirán que muchas cosas no han cambiado en ese aspecto y tienen razón. Tocó varios timbres. A De la Sota no lo quería. Hasta Mauricio Macri escuchó una propuesta audaz. Hasta que fue el turno de Carlos Reutemann. Era el candidato ideal. Del interior, había quedado a salvo de la debacle del ‘que se vayan todos’, poco conflictivo, y demostró ser buen administrador de su provincia. Más allá que había sido Menem el que lo llevó a la política, siempre fue clara su independencia de criterio y su escaso apego a las tradicionales roscas.

Todas las encuestas lo daban con chances claras de derrotar a su antiguo mentor, Carlos Menem, y el país parecía entrar en una etapa de estabilización política y económica. Pero dijo que no. Años después le atribuyeron la famosa frase que supuestamente había visto ‘algo raro’ que no le gustó pero él mismo se encargó de desmentirlo. Dejó pasar la posibilidad concreta de ser presidente. No cualquiera renuncia a eso pero Reutemann lo hizo. El resto es historia conocida, el elegido final fue Kirchner y la segunda vuelta ni siquiera llegó a concretare por la renuncia de Menem

Reutemann siguió con su carrera política. Fue varias veces legislador y debió enfrentar ese mismo 2003 el desborde del Río Salado que dejó 23 muertos en su Santa Fe natal. Fue un hecho que lo marcó para siempre. Lejos en el tiempo fue quedando su trayectoria deportiva, engrandecida con el paso de los años por la escasez de pilotos argentinos en la elite del mundo de los autos. Su subcampeonato de 1981, que le valió múltiples motes de ser eterno segundo, parece una mueca infeliz al lado de lo que vino después. Reutemann fue un gran piloto entre los mejores, algo reservado para unos pocos. Metódico, obsesivo de los detalles, fue capaz de trasladar todo eso a la política.

Algo que sucedió en 1.982 quizás explique la respuesta que le dio a Duhalde muchos años después. Un día de abril sonó el teléfono de su casa. Lo llamaban de Ferrari para ofrecerle el auto vacante por el accidente fatal del canadiense Gilles Villeneuve. “Era mi amigo y ya la Fórmula 1 no me ofrecía lo que yo esperaba. Tenía todo para volver pero les dije que no”, sentenció.

La vida lo puso, más de dos décadas después, en la misma encrucijada. Hoy, con la luz del tiempo, es probable que Reutemann haya creído, profundamente, que no estaba en condiciones de ser presidente. Y está bien, si era un convencimiento personal. No es común que alguien reconozca sus propios límites. Más tratándose de un político ante la posibilidad de su vida que es aspirar a lo máximo.

Es extraño viendo la hoguera de vanidades que se desató para las elecciones de este año. El olor a triunfo que perciben algunos dirigentes opositores ha generado un vendaval de ambiciones que los desbordan. Por eso, comparar aquella decisión de Reutemann que renunció a todo, con lo que pasa ahora es inquietante. Admitir que uno no es capaz de todo, que no sabe de todo y necesita ayuda es un buen comienzo. Algo así como el manual del buen político no?

Saber que nadie es imprescindible y darle a los equipos de trabajo la importancia que merecen también. “Cuando entraba a boxes sabía que dependía de mis mecánicos. Estaba en manos de ellos y yo no podía hacer nada. Si no trabajás en equipo y no sabés delegar, se hace muy difícil”, dijo hace unos años en otra entrevista. Reutemann se fue en silencio dejando un legado intangible pero valioso: se puede hacer política con honestidad, con valores y, sobre todo, con renunciamiento.

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